Los niños que sufren maltrato tienen más riesgo de desarrollar trastornos graves de salud mental

De hecho, tienen más del doble de probabilidades de desarrollar trastornos graves de salud mental y también el doble de riesgo de intentos de suicidio.

“Los efectos negativos de los malos tratos contribuyen a un incremento de la mortalidad y morbilidad en la etapa adulta, pues también se relacionan con otros problemas de salud como cardiopatías, obesidad, tabaquismo, comportamientos sexuales de alto riesgo o consumo de sustancias nocivas”, apunta en un comunicado la ANPIR (Asociación Nacional de Psicólogos Clínicos y Residentes).

Está demostrado que los traumas durante la infancia están relacionados con una mayor probabilidad de sufrir trastornos de salud mental. Un estudio de la Universidad de Birmingham publicado en 2019 ya demostró que los niños que han vivido una situación de maltrato tienen más del doble de probabilidades de desarrollar trastornos mentales graves como psicosis, esquizofrenia y trastorno bipolar.

Además, otros estudios señalan que estos niños podrían tener el doble de riesgo de intentos de suicidio.

“Los efectos negativos de los malos tratos contribuyen a un incremento de la mortalidad y morbilidad en la etapa adulta, pues también se relacionan con otros problemas de salud como cardiopatías, obesidad, tabaquismo, comportamientos sexuales de alto riesgo o consumo de sustancias nocivas”, apunta en un comunicado esta asociación de psicólogos.

Así, se estima que el 35% de los trastornos mentales que se diagnostican en la edad adulta están relacionados con experiencias de maltrato en la infancia.

Acciones contra el maltrato infantil

Las principales acciones pasan por la prevención y la detección temprana, aunque no se trata de una tarea fácil.

“Muchas veces los niños no son conscientes de que están viviendo una situación de maltrato. Y si lo son, no saben a quién dirigirse o dónde pedir ayuda; piensan que no les van a creer o no quieren poner en aprietos a sus padres”, explica Gloria Bellido, coordinadora de la sección de psicología clínica de la infancia y adolescencia de ANPIR. Por eso deben ser los adultos en contactos con los niños los que detecten este maltrato que puede.

“Familiares, profesores o personal médico deben ser los que detecten señales de que se está produciendo maltrato, que a veces son inespecíficas: cambios de comportamiento, problemas de conducta, alteraciones emocionales…”, apunta Bellido.

Cuando el propio niño confirme o cuente lo que le está ocurriendo, las premisas son claras: creerle siempre, no restar importancia a lo que está diciendo y no mirar para otro lado.

Todos los ciudadanos tienen la obligación moral de comunicar a las autoridades cualquier sospecha de maltrato.

En 2020, el mayor número de notificaciones (39,2%) procedió del ámbito de los servicios sociales; el 12% del ámbito educativo; el 9,3% de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado; y el 9% del ámbito sanitario.

Precisan que “aunque no todas las víctimas de maltrato requieren de tratamiento psicológico”, desde ANPIR recuerdan que el maltrato psicológico es una forma de trauma. Para tratarlo y paliar sus consecuencias, como puede ser el estrés postraumático, existen terapias especializadas.

Entre las causas que llevan a que se produzcan situaciones de maltrato infantil, la coordinadora de ANPIR señala las dificultades a la hora de ejercer una parentalidad positiva o la reproducción de experiencias que los padres han sufrido durante su propia crianza.

La pandemia ha aumentado las situaciones de violencia intrafamiliar. De hecho, el 33,1% de los adolescentes de entre 14 y 17 años declaró haber sido víctima de algún tipo de violencia desde el inicio del confinamiento, según una encuesta realizada por Save the Children.

“Hay que visibilizarlo porque es un tema del que se habla muy poco. Se tiene la creencia de que es algo residual o que solo ocurre entre las clases sociales más desfavorecidas, pero no es así”, apunta Gloria Bellido, que es partidaria de los programas de prevención basados en la psicología perinatal para ayudar a los padres a establecer un vínculo saludable con sus bebés.

“Muchas veces se considera que los problemas de los menores tienen que ver con cuestiones genéticas o biológicas, sin considerar los acontecimientos estresantes que pueden estar viviendo”, lamenta.

Por ello, desde ANPIR revindican una salud mental que tenga más en cuenta los condicionantes sociales que requieren de tratamiento psicológico, así como mejoras para acceder a dicho tratamiento, además de considerar necesario incrementar con urgencia el número de plazas de psicólogo interno residente (PIR) hasta un mínimo de 422 anuales.