En tu infancia pudo haber varios tipos de violencia…

Podemos hablar principalmente de dos tipos: Una más visible (violencia activa) y otra completamente invisible (violencia pasiva)…
Algunos ejemplos serían: 

– VIOLENCIA ACTIVA (la más visible):golpes, bofetadas, palizas, patadas, duchas frías, gritos, abuso sexual, insultos, humillaciones…

– VIOLENCIA PASIVA (la más invisible): desprecios, silencios, dejarnos de hablar, rechazo, castigos, amenazas, hacernos el vacío, ignorarnos, chantaje emocional, quejas, victimismo, críticas, juicios, abuso emocional psicológico…

Aparentemente podemos pensar que la violencia activa es peor, que deja más huellas y heridas, que lastima más o que incluso es más difícil de sanar. No obstante, no siempre es así ya que la violencia activa es más fácil de ver y reconocer.

Nadie niega una paliza o un abuso o un grito. Está allí y se identifica. No se puede negar. Lo que nos deja más herida y secuelas a largo plazo es lo que negamos.

Cuando no somos conscientes de algo es cuando lo solemos perpetuar una generación más. Lo que más lastima y provoca futuras reacciones emocionales automáticas es todo aquello que negamos y mandamos a la sombra para no sufrir al revivirlo y recordarlo.

Negar y olvidar los hechos y las experiencias vividas en infancia ayuda al niño a sobrevivir, pero no al adulto a sanar. 

Transformar, nombrar y sanar la violencia visible es más posible, fácil y rápido ya que la identificamos. La violencia pasiva suele quedar negada, invisible y nos deja con una gran sesión de confusión.  

La violencia pasiva al ser invisible, nadie la nombra y incluso se niega. Es silenciosa y puede pasar totalmente desapercibida si nadie toma conciencia, ni le hace de testigo al niño que la padece. 

La violencia pasiva al no ser nombrada no existe para la psique infantil. El niño no la puede identificar, por tanto nos deja más vulnerables, con más huellas y heridas, más inseguras y dependientes emocionalmente sin saber, ni comprender porqué nos sentimos así.

Podemos incluso llegar a pensar que como no hubo abusos sexuales, ni palizas, ni maltrato explícito en nuestra infancia que la pasamos felices.

Esto no es verdad (en absoluto) desde la vivencia real infantil de la niña que fuimos. No tener la presencia de mamá, recibir su rechazo, que nos ignorará, que antepusiera sus necesidades a las nuestras la mayor parte del tiempo, tener que complacerla, mirarla, agradarla, obedecerla, que siempre estuviera ocupada, que nunca tuviera tiempo para nosotras, que la molestásemos cuando necesitábamos estar con ella… y un largo etc…  sí era violento para la psique infantil. 

Era doloroso para nosotras, pero NADIE nombró este hecho. Nadie nombró lo solas, desamparadas y desesperadas que estábamos, ni lo mucho que nos faltó mamá, por tanto esa vivencia fue ignorada y negada.

Parece que no existía desde lo intelectual para nosotras pero sí la vivimos y experimentamos desde lo emocional. Sí pasó, sí estuvimos solas y abandonadas. Sí hubo violencia pasiva aunque nadie la nombrara.

No obstante, todo nuestro cuerpo emocional si lo recuerda y lo demuestra, por ejemplo, a través de expresarlo con nuestras reacciones emocionales automáticas contra nuestros propios hijos o nuestra pareja. También lo veremos a través de nuestra inseguridad, nuestra rabia, ira, enfado y malestar interno. 

El primer paso para poder cambiar, mejorar, transformar y sanar todo esto es no negarlo y tomar conciencia de nuestra verdad. Sea la que sea. La verdad no es mala ni buena, simplemente es la que es. 

Son muchas centenares las madres que he ayudado a lo largo de todos estos años a sanar sus propias infancias.

Quizás tu infancia fue feliz de verdad, y tuviste una madre presente, atenta, cariñosa, jugaba contigo, te escuchaba y te respetaba.

Quizás hayas negado vivencias para sobrevivir o quizás seas totalmente consciente del grado de violencia que has sufrido.

Lo verdaderamente importante no fue todo lo que te pasó o te hicieron, sino cómo te afectó, qué hiciste con ello, cómo te sigue afectando y qué puedes hacer hoy para sanar y mejorar tu vida. 

Fuente: Yvonne Laborda

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