Autor: Bertha Inés Herrerías Franco

Con los últimos meses del año llegan las más grandes ferias de libros en nuestro país. Aunque la pandemia no ha sido domada del todo, la circunstancia actual permite que, con todos los protocolos sanitarios, las ferias comiencen a recuperar su dimensión presencial y con ello su carácter festivo. A partir de este año, el carácter híbrido de las ferias combinará lo mejor de ambos mundos, el presencial y el virtual, enriqueciendo sus programas y formatos.

Dentro de estos programas reciben una particular atención las literaturas en lenguas originarias; siempre han estado presentes, aunque de forma marginal y, en ocasiones, aislada, pero ahora, quizá por su creciente importancia y por el peligro que corren se les ha dado una particular relevancia.

En el caso de México, éstas son las lenguas indígenas. Según los registros oficiales en la República Mexicana se hablan 68 lenguas indígenas, muchas de las cuales están en riesgo de extinción por la exigua cantidad de hablantes; hay algunas que persisten gracias a la memoria y el habla de apenas un pequeño grupo de personas. y, aunque no las hablemos ni conozcamos, cada vez que se pierde una de estas lenguas, todos perdemos.

No hay lengua que sobreviva si no hay un pueblo que la hable. Sin embargo, a pesar de las difíciles condiciones en las que viven un gran número de comunidades indígenas, hay una enorme actividad literaria y oral, un intenso movimiento por rescatar la memoria y por crear obras que preserven y enriquezcan su lengua. Escritores bilingües e instituciones culturales han logrado ediciones que nos permiten el acercamiento y mejor aprecio de la belleza y profundidad del pensamiento y literatura indígena, ya sea es poesía, cuento, novela, memoria o ensayo. 

El náhuatl, zapoteco, maya, tzotzil, tojolabal, otomí, lacandón, cora, mixe, seri, yaqui, etc. guardan armonías, cadencias, giros, sonoridades que deberían ser distinguidos por quienes hablamos español en las ciudades, como hacemos con algunas peculiaridades de otros idiomas como el inglés o el francés. 

Para que ese movimiento cultural de las comunidades indígenas perviva y se fortalezca requiere de lectores. Las ferias de libros son un espacio propicio para acercarnos a esa rica, viva, enorme literatura hacia la que no hay tantos accesos como los que tenemos para los libros en español y otros idiomas globales. Si aprovechamos esa oportunidad nos asombraremos ante la fuerza, creatividad y belleza de las lenguas originarias y descubriremos los universos que encierran sus libros. 

Fuente: Revista Mira

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