Autor: Cynthia Aguirre

El éxito, según preceptos actuales, requiere esfuerzo, preparación y, principalmente, envisionar el logro anhelado. El término, aún no aprobado por la RAE[2] , propone visualizar una meta y, además, experimentar la emoción que se vivirá al lograrla; llamémoslo un dejá vu invocado. John Kennedy Toole (1937-1969), autor del título en préstamo, quizás desconocía estas estrategias. Tras varios rechazos, asumió que su obra literaria carecía de méritos… y se suicidó. Para ser un necio, tuvo poca resistencia. Reflexionemos sobre los modos de persistir: Reflexionemos sobre los modos de persistir:             

Terco. La terquedad es más un asunto de vanidad que de conocimiento. Contrario al origen de la palabra que propone varias opciones -celta, latín o griego- un terco tiene una visión unilateral: es un déspota de lo cotidiano. Persona apasionada del soliloquio: hablar solo no tiene nada de malo; El problema es sólo hablar. Un terco se aferra a sus ideas; El necio a sus errores.

Necio. Lo reconocemos como un ser propenso a la repetición estéril: comete el mismo equívoco y espera diferente resultado. Todos conocemos uno -quizás conocemos al mismo- en su modalidad más molesta: el que reitera el error, pero se desafana de la consecuencia, colocándose como eterna víctima del entorno. Lidiar con un necio tiene una ventaja:  la predictibilidad, pues aun cuando se le presenta un nuevo camino, opta por el conocido, para tropezar con la misma piedra.

Tenaz. “Es un necio que logra el éxito”, afirmó hace años un amigo. Para lograr una meta, no basta con “atenazarse” a una visión, se requiere adecuación. La tenacidad es darwiniana; perdura el que se adapta a diferencia. Éxito no es tener la última palabra, es poder participar en las siguientes conversaciones.

Hablando de “últimas palabras”: las escritas por John Kennedy Toole fueron destruidas por su madre. Ella y su tenacidad lograron la publicación del libro… 12 años después de la muerte de John. 

Lo que nadie envisionó fue que la novela sobre un antihéroe, intelectual, virgen y con sobrepeso ganaría el Pulitzer, ventas millonarias y se convertiría en un libro de culto.

[1]  Segundo libro escrito por John Kennedy Toole, publicado de forma póstuma, en 1981.  Su primera novela La biblia de neón, se publicó hasta 1989.

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