Los blogs de bienestar y productividad lo promueven, pero, ¿levantarse temprano realmente da alegría? Esto opina la ciencia.

Por más que ames la paz de las mañanas, una cosa es cierta, tan cierta que si la niegas nadie te va a creer: levantarse temprano es difícil. Vivimos en una sociedad con un culto a la productividad que glamoriza el levantarse temprano como un método para alcanzar a hacer más cosas durante el día, no necesariamente de trabajo, sino hasta en pro de nuestro bienestar. Levantarse temprano se ha vuelto una especie de disciplina milagrosa –accesible sólo para la gente con gran fuerza de voluntad– que promete claridad, paz mental, mejor aprovechamiento del tiempo, entre otras cosas. Pero, ¿realmente nos hace más felices? La respuesta es: depende.

Cuestión de cronotipos

Todos tenemos cronotipos distintos. Por cronotipos nos referimos a los ritmos circadianos que afectan nuestros relojes internos e influyen en la respuesta que tenemos ante la luz del día y la oscuridad. Entender nuestros ritmos nos ayuda a identificar nuestros patrones de sueño, pero también nuestros momentos de mayor productividad. Y esto, como es de esperarse, afecta nuestra felicidad y nuestro bienestar.

También hay que tomar en cuenta que nuestros cronotipos cambian con el paso del tiempo, conforme envejecemos, de acuerdo a nuestra fisiología, nuestras familias, nuestras responsabilidades y nuestro estilo de vida. Conforme nuestras vidas cambian, nuestros patrones de sueño también.

La belleza de levantarse temprano

A lo largo de varios experimentos se ha encontrado que levantarse temprano puede mejorar el humor, hacernos sentir más satisfechos con nuestras vidas y minimizar problemas de salud mental. Sin embargo, si eres una persona nocturna e intentas modificar tus horarios para levantarte tempranos y obtener esos beneficios (que, ojo: no significa que ser una persona nocturna te haga automáticamente una persona amargada, insatisfecha y con problemas de salud mental), la solución no es tan sencilla.

Levantarte antes de lo que estás acostumbrado no es suficiente, pues los efectos positivos dependen de lo bien que duermas, tus sentimientos generales ante la vida y lo emocionado que estés por llevar a cabo tus planes del día.

Así, todo se convierte en una cuestión de implementar hábitos.

Mejora tu higiene del sueño

Deja de usar tecnología un par de horas antes de dormir, acondiciona tu espacio para optimizar tu sueño, busca crear momentos de relajación antes de meterte a la cama.

Planea tu día

Antes de dormir, planea tu día siguiente y emociónate al respecto. Piensa en una cosa que te emocione. A veces puede parecer difícil, pero hasta desayunar tu smoothie favorito puede ser razón suficiente.

Crea un ritual matutino

Haz de tus mañanas algo especial. Prepárate un té y tómalo con calma mientras lees tu libro favorito, escribes, pintas (o lo que sea) y escuchas música relajante. Suena a fantasía, pero es completamente viable con un poco de organización y una vez que lo logras, prometemos que se convierte en tu momento favorito del día.

Fuente: Life and Style

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