Autor: Sergio Negrete

Para algunos, se cumple medio siglo de una gran mentira, la era del dinero fiduciario que no tiene valor alguno.

Por milenios aquello que se usaba como dinero tenía un valor intrínseco (un valor por sí mismo), no eran pedazos de papel, plásticos o rueditas de metal con un valor nominal muy superior al del material correspondiente.

Para algunas personas, hoy se cumple medio siglo de una gran mentira, la era del dinero fiduciario que no tiene valor alguno, que no pasa de ser un papel sin valor real o un registro contable en una computadora.

Son personas que añoran un retorno al patrón oro o, en el caso de México, la monda basada en plata. Todavía hay mexicanos que recuerdan el tintineo argentífero de las monedas mexicanas, que por su importancia llegaron a circular hasta en China.

Nixon cierra la ventana del oro

El 15 de agosto de 1971 el presidente Richard Nixon anunció en un discurso a la nación que había ordenado al Secretario del Tesoro, John Connally, suspender la conversión del dólar en oro a 35 dólares la onza, efectivamente terminando con el pilar central del llamado Sistema Bretton Woods. Nixon, con una antena política formidable, culpó de su acción a especuladores internacionales.

El Hotel Mount Washington se encuentra en el área de Bretton Woods, en el estado de New Hampshire en Estados Unidos. Fue ahí que en 1944 las potencias aliadas y otras naciones acordaron las reglas para un nuevo sistema financiero internacional, y que había sido destruido por la Gran Depresión cuando muchas monedas dejaron de usar al oro como patrón. Estados Unidos se comprometió a un tipo de cambio fijo con el oro (a 35 dólares) mientras que el resto de países tendrían paridades contra el dólar, que se suponía se moverían solo en caso extremo.

Mucha gente cree que esto implicaba que un ciudadano estadounidense podía presentarse en la Reserva Federal (banco central) o el Tesoro (Hacienda) con 35 dólares y pedir a cambio una onza de oro. Eso sí sería realmente un patrón oro.

Pero Bretton Woods era mucho más limitado, pues los ciudadanos estadounidenses tenían prohibido poseer o comerciar con oro, fuera de joyería y ciertas monedas de colección. Los únicos que podían exigir al gobierno de Estados Unidos oro al precio oficial eran otros gobiernos, pero incluso con esa y varias restricciones la situación se hizo insostenible. Para evitar más salidas masivas de oro, Nixon cerró la ventanilla.

Los mitos del oro y la inflación

Lo de ciudadanos estadounidenses teniendo un patrón oro no es el único mito. Otro es que la acción de Nixon llevó a un periodo de inflación mundial conocido como la “Gran Inflación”.

Lo cierto es que este problema había iniciado desde 1965, y se recrudeció en 1973 a partir del fortísimo aumento en los precios internacionales del petróleo. Pero en la mente de muchas personas quedó la idea que abandonar el oro había sido y es inflacionario, bajo la noción de que el dinero sin soporte trae inflación. Hay cierta lógica tras esa postura, pues evidentemente una impresión excesiva de dinero trae un aumento de los precios.

Esto es, hay una sospecha por parte de muchos con respecto al dinero fiduciario (fiducia en latín significa confianza) o fiat en inglés de que es inherentemente inflacionario. No es de sorprender que en México durante la década de 1980, en que la inflación incluso llegó a niveles cercanos al 180% anual, algunos propusieran adoptar el dólar… o un patrón monetario basado en la plata. Había algo también de nostalgia en ello: el regreso a esas monedas que entonces todavía muchos recordaban (y que ciertamente eran hermosas).

Hay un patrón: pero es trabajo, no oro

Pero la inflación en el mundo ha sido extremadamente baja desde la década de 1990, y sobre todo en el siglo XXI. Difícilmente puede argumentarse que el dinero fiduciario provoca aumentos constante en los precios.

Esto es porque sí se limita la oferta de este, gracias a gobiernos prudentes y sobre todo a la banca central que no obedece órdenes de gobernantes, como sería imprimir dinero a raudales. La autonomía de la banca central era algo raro antes de la década de 1980, pero desde entonces es casi obligada (Banco de México desde 1994).

La cadena es simple: el banco central solo imprime (aumenta la oferta) si aumenta la demanda de dinero. Esto es, solo surte bajo pedido. ¿Cuándo hay mayor demanda de dinero? Generalmente cuando la gente encuentra trabajo o gana más. Esto es, cuando la gente puede y quiere permitirse más dinero. Entonces, y solo entonces, hay más oferta de dinero. Y por ello su creación no es inflacionaria.

Milton Friedman ya lo había dicho desde 1968:

«La inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario en el sentido de que es y puede ser producida sólo por un aumento en la cantidad de dinero mayor al de la producción. «

Aumento de la producción que aumenta la demanda de dinero. Hay un valor detrás del actual dinero fiduciario. No es sencillo de ver, pero ahí está. El dinero actual tiene valor gracias a que la oferta se limita a la demanda, y entonces tenemos no un patrón oro, sino un patrón trabajo.

Se puede festejar el medio siglo de que terminó Bretton Woods sin añoranza alguna, y en todo caso agradeciendo al surgimiento de la banca central autónoma.

Fuente: Arena Pública

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