Autor: David Miranda

Levantaba poco más de 3 metros del suelo, pero la soledad hizo del árbol de Teneré un faro viviente en mitad del Sáhara, como se ve en esta imagen tomada en el año 1961. La acacia solitaria se situaba en el «desierto dentro del desierto», una zona inhóspita de 400 kilómetros a la redonda donde hacía las veces de sombra y punto de referencia para todo aquel que se sumergía en la aventura de cruzar el desierto de camino a Agadez, en Níger. En mitad de una inmensa llanura de 400.000 kilómetros cuadrados, uno de los lugares más expuestos al Sol del planeta, esta acacia solitaria resistió estoicamente ante las condiciones extremas y se convirtió en el gran punto de orientación de las caravanas tuaregs y azahari. Fue tan esencial para las rutas del desierto que fue el único árbol en mostrarse en un mapa a una escala de 1:4.000.000, y aunque estaba ubicado en un punto tan alejado en el que la desesperación humana podría haber acabado con él, nadie tocó sus ramas. El árbol tabú reunía a su alrededor a los viajantes antes de proseguir con su camino y sus raíces se sumergían hasta los 40 metros de profundidad. En 1973, la suerte dejó de sonreír cuando un chófer libio que conducía bajo los efectos del alcohol perdió el control de su vehículo y se estrelló contra el árbol de Teneré. Derribado y herido de muerte, el árbol fue llevado hasta Niamey, capital de Níger, para ser conservado en un museo. Hoy en día, una estructura metálica se sitúa en el lugar exacto en el que se alzaba esta acacia solitaria, reconociendo su labor durante tantas décadas y sirviendo de punto de referencia para los caminantes del desierto.

Fuente: National Geographic

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