por Arq. Alejandro Robles Arias 
Director de Arquitecturar
www.arquitecturar.mx

Estamos por cumplir un año de la pandemia que llegó a nuestras vidas como un balde de agua fría, algo que comenzó como una pausa momentánea a nuestro ritmo de vida se convirtió en una nueva normalidad.

La designación de premios en cualquier ámbito causa polémica y suele dividir a la opinión, sin embargo, no creo que haya persona que se muestre en contra de la otorgación a todas las personas integrantes del Sistema Nacional de Salud la medalla Belisario Dominguez, condecoración que el Senado otorga a los ciudadanos más eminentes.

La verdad es que no hay reconocimiento suficiente para estos héroes de blanco que han ayudado a la población en un momento de suma dificultad y en la todos tenemos una historia que contar.

Millones de familias recibimos este virus de forma abrupta y provocó síntomas, complicaciones y, desgraciadamente, la muerte de seres queridos.

Los premios no deben servir sólo para enaltecer sino para reflexionar la figura a quien se otorga y debemos ser claros en señalar la precaria situación del personal de salud en nuestra nación.

México tiene el promedio de personal médico más bajo por cada mil habitantes de la OCDE, situándonos en 2.7 contra 3.4. El coronavirus nos encontró en la transición al INSABI lo cual creó desabasto de medicinas y equipo médico en un punto neurálgico de la pandemia.

Aun así, el conjunto de personas que conforman el sistema médico mexicano ha resistido a pesar de ser el personal de salud que más ha fallecido en el mundo de acuerdo a un reporte de Amnistía Internacional. 

Muchos de ellos han perdido la vida y arriesgado la de su familia por protegernos. 

Sin duda deberá haber una revisión a la precaria situación de salud que tiene nuestra población con las comorbilidades que más afectan el virus del SARS-COV-2 ya que está pronosticado que vengan más pandemias en el futuro. 

Sin duda la llegada de la vacuna supone un aliento a los médicos del país, urge que su distribución se agilice lo antes posible, para que al menos, nuestro cuerpo de salud mexicano pueda hacer frente al largo trecho que aún resta de pandemia con una mayor confianza.

Como lo dije en un inicio cada uno tiene una historia personal sobre estos tiempos. En mi caso el coronavirus alcanzó a nuestra familia, particularmente a mi padre, y tuvo que ser llevado a un hospital.

Afortunadamente todo resultó bien y ahora se encuentra sano. No puedo pasar por alto en un texto de honor y agradecimiento a los doctores, la ayuda pronta y permanente del Dr. Rodolfo Reyes Tejeda, amigo personal desde que éramos compañeros en el Colegio Miraflores. De corazón, gracias.   

Gracias a todos los médicos, doctoras, enfermeras, personal de laboratorio, choferes de ambulancia, paramédicos, camilleros y todos aquellos que han ayudado a que estos tiempos aciagos sean menores.

Gracias a todos los que los apoyamos quedándonos en nuestras casas y siendo responsables que aún queda camino por recorrer.

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