¿Los docentes son jueces que dictaminan si sus alumnos aprueban o suspenden o «jardineros» que ofrecen las mejores condiciones para crecer?

Algo estamos haciendo mal al evaluar si al final del semestre solo hay estudiantes cansados, sin motivación, estresados y apunto del colapso mental por exámenes finales que miden más memoria que aprendizaje. Muchos docentes evalúan para comprobar si el alumnado está aprendiendo o no, olvidándose de que la evaluación también sirve para hacernos una idea de la calidad de la docencia.

En este sentido, es muy importante diferenciar los conceptos de evaluación y calificación. La calificación solo es un resultado de la evaluación; en muchas ocasiones, una puntuación que dice poco.

Sin embargo, la evaluación es otra forma de aprender. De poco o nada sirve la misma cuando no ofrece información sobre cómo mejorar. ¿Un 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10 nos dice algo más allá de que hemos obtenido un resultado esperado o inesperado?

Evaluar para aprender

La evaluación es -quizás, mejor decir «debería ser»- una oportunidad para poner en práctica conocimiento, expresar ideas. Un momento para que surjan dudas y cuestiones.

Tiene sentido cuando está al servicio de los que aprenden, cuando el corrector utiliza el bolígrafo verde, destacando los aciertos y dando a los errores solo la entidad de punto de partida. Cuando la evaluación se hace para calificar y no para mejorar, se transforma en un acto triste y pobre.

En la actualidad, la idea en muchos países es que los docentes se centren más en las competencias que en el contenido. No todo lo que se enseña debe convertirse automáticamente en objeto de evaluación ni todo lo que aprende es evaluable.

Enseñar no es tanto ni tan solo una cuestión de conocimientos, sino de modos de razonar. Aprender no es solo acumular conocimiento, sino interiorizarlos e integrarlos en nuestro modo de pensar.

Exámenes para calificar

Muchos exámenes consisten en la memorización y repetición de contenido. Fáciles de plantear, fáciles de corregir. Forman parte de un aprendizaje donde padres y profesores esperan que los alumnos repitan lo establecido o visto, no lo averiguado, pensado o imaginado.

Por otro lado, algo que muchos ignoran es que un examen tiene un poder enorme: captar la atención del alumno. Algo que es una especie de magia y que muchos también se empeñan en acortar, dejando tiempos muy cortos para responder.

Así, un examen bien diseñado puede ser una continuación del aprendizaje del alumno, un tiempo para pensar sobre lo leído y escuchado.

Finalmente, rara vez tienen relación con un contenido personal o social, solo escolar. No trabajan las competencias básicas y se realizan de forma automatizada sin pensar de forma crítica en lo que se está escribiendo.

Evaluar por rúbricas

En la medida que las tareas de evaluación se diversifican para favorecer el desarrollo de las competencias, también se precisa de instrumentos adecuados para evaluar.

Son diversos los instrumentos utilizados para evaluar resultados de aprendizaje, pero de entre las distintas herramientas son las rúbricas las que por su versatilidad y su potencialidad didáctica han recibido más atención.

Las rúbricas son guías de puntuación usadas en la evaluación del desempeño de los estudiantes que describen las características específicas de un producto, proyecto o tarea en varios niveles de rendimiento, con el fin de clarificar lo que se espera del trabajo del alumno, de valorar su ejecución y de facilitar la proporción de retroalimentación. (Andrade, 2005; Mertler, 2001).

Ventajas para el alumnado 

Los alumnos tienen mucha más información que con otros instrumentos (retroalimentación). Conocen de antemano los criterios con los que serán evaluados. Unos criterios que fomentan el aprendizaje y la autoevaluación, facilitan la comprensión global y el desarrollo de las diferentes capacidades.

Ventajas para el profesorado

Son fáciles de usar y de explicar a los alumnos e incrementan la objetividad del proceso evaluador. Ofrecen una retroalimentación sobre la eficacia de los métodos de enseñanza que se han empleado. Son versátiles y se ajustan a las exigencias del proceso de evaluación por competencias.

Una nueva manera de entender la evaluación

La evaluación formativa se caracteriza por ser democrática y estar al servicio de la enseñanza y el aprendizaje. Muy valiosa cuando necesitamos contar con información relevante y útil, centrando la atención tanto en los procesos como en los contextos implicados en la enseñanza y en el aprendizaje.

Es necesario hacer un esfuerzo por recuperar el sentido de los términos “evaluación” y “calificación”.

Fuente: https://lamenteesmaravillosa.com/evaluar-vs-calificar/

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