Joel Hernández Santiago

El 21 de julio de 1969, a las 2.56 de la mañana (hora internacional) al sur del Mar de la Tranquilidad, seis horas después de haber alunizado en una nave denominada Eagle, un hombre, enviado junto con otros dos desde el planeta tierra, tocó por primera vez en la historia la superficie de la Luna.

Su pie hizo realidad el sueño de siglos desde que el hombre tuvo conciencia de su vida y de su universo: Descifrar el enigma lunar.Hacer realidad el imaginario de Julio Verne. Dar muestras de la grandeza humana que puede alcanzar y construir, antes que destruir.

Ese día y a esa hora un hombre que representaba a toda la humanidad, la de siglos antes, la de entonces y después, inició la primera caminata en suelo siempre visto, pero lejano y misterioso: El de nuestro satélite: Nuestra Luna brillante y acuciosa,plateada y distante, pero cercana a nuestras vidas desde que nacemos y dejamos de ser… Siempre-siempre-siempre está ahí: tan querida-tan soñada y necesaria nuestra Luna-lunera.

Apolo 11 era la misión espacial estadounidense tripulada y cuya meta era la de conseguir que un ser humano caminara en la superficie de la Luna.

La tripulación de esa misión estaba compuesta por miles de hombres que quedaron en la tierra y por tres más que se atrevieron a penetrar en la nave de la que nadie podía garantizar ni su salida, ni su viaje ni el éxito del objetivo y mucho menos el regreso a la tierra: eran Neil A. Armstrong científico que entonces tenía 38 años; Edwin E. Aldrin Jr., de 39 años y piloto de la cápsula de alunizaje y Michael Collins, de 38 años, piloto del módulo de mando y quien se mantendría en la nave que sobrevolaba la operación y a la que luego se acoplarían para el regreso…

El lugar: Al sur del Mare Tranquilitatis, a unos noventa kilómetros al este de dos cráteres casi gemelos denominados Ritter y Sabine. Luego de realizar trece órbitas casi a ras de luna, la nave busca los ángulos necesarios para intentar posarse. Fueron cuatro horas y media de operaciones de circunferencia y acoplamiento. Al fin consiguen tocar suelo lunar: Entonces anuncian a Houston: “El águila ha alunizado”…

Seis horas después, el capitán de la operación, Neil Armstrong pide permiso para iniciar operaciones de salida y descenso de la nave. Le es concedido. Despacio. Lento. Poco a poco se abre la escotilla de Eagle y por una escalinata diseñada para esto, desciende de espaldas el hombre que pisaría la faz de la Luna.

En ese momento activa la cámara de televisión que transmitirá imágenes a todo el mundo. Le sigue Aldrin. Ambos atados a la nave por un cordón enganchado al fuselaje… Luego se liberaron una vez que se aseguraron que no habría peligro. Dejan la puerta entreabierta porque no tiene manija externa. Neil Armstrong emocionado anuncia a los hombres que por millones les ven desde la tierra: “Este es un pequeño paso para un hombre y un gran salto para la humanidad”

Así se inició una caminata. Describen la baja gravedad lunar. Realizan las tareas encomendadas. Instalan aparatos científicos de identidad, para sismos, características de entorno, atmósfera… descubren una placa para recordar la fecha y el lugar. Instalan una cámara de televisión que sigue sus trabajos. Instalan un detector de partículas nucleares emitidas por el Sol. Recogen 22 kilos de material lunar –piedras, arena…-. Y colocan una bandera de Estados Unidos de América…

En ese momento se inicia una conversación entre el presidente de Estados Unidos y Neil Armstrong:

“Hola Neil y ‘Buzz’, les estoy ha blando por teléfono desde el Despacho Oval de la Casa Blanca y seguramente ésta sea la llamada telefónica más importante jamás hecha, porque gracias a lo que han conseguido, desde ahora el cielo forma parte del mundo de los hombres y como nos hablan desde el Mar de la Tranquilidad, ello nos recuerda que tenemos que duplicar los esfuerzos para traer la paz y la tranquilidad a la Tierra. En este momento único en la historia del mundo, todos los pueblos de la Tierra forman uno sólo. Lo que han hecho los enorgullece y rezamos par que vuelvan sanos y salvos a la Tierra”…

Armstrong contesta: “Gracias señor presidente, para nosotros es un honor y un privilegio estar aquí. Representamos no sólo a los Estados Unidos, sino también a los hombres de paz de todos los países. Es una visión de futuro. Es un honor para nosotros participar en esta misión hoy”…

Eso era: era la victoria de la humanidad puesta en la Luna, pero también era el triunfo de un país, Estados Unidos de América, que se había empeñado en ganar la carrera espacial a su gran enemigo histórico: La entonces Unión Soviética…

Lo de la llegada del hombre –estadounidense- a la Luna no es gratuito. Tiene que ver con la confrontación entre las dos potencias luego de la Segunda Guerra Mundial; tiene que ver con la Guerra Fría y con la demostración de fuerza de uno a otro…

En todo caso, todo comenzó cuando en 1957 la Unión Soviética puso en órbita a su primer satélite, el Sputniklo que propició temor entre la población de Estados Unidos por lo que creían sería un peligro para su seguridad. A esto se sumó que ese mismo año, la URSS envió al primer ser vivo al espacio: la perra Laika, el primer aparato con mando a distancia en la Luna en 1959 y luego para demostrar aún más esta supremacía envió en 1961 al primer cosmonauta: Yuri Gagarin…

En adelante, el gobierno de Estados Unidos impulsaría como nunca los trabajos de investigación, científicos y técnicos para alcanzar estos avances y aun superarlos: el objetivo sería poner a un hombre en la Luna…

Así que cuatro meses después de que la URSS lanzó el Sputnik 1, Estados Unidos lanzó su primer satélite: el Explorer I desde Cabo Cañaveral. Una cosa estaba a la vista: la confrontación era científica, no territorial o militar hasta entonces. Así que los lanzamientos eran de tipo científico. El Sputnik contribuyó a determinar la densidad de la atmósfera superior. El Explorer I consiguió datos que llevaron al descubrimiento del cinturón de radiación de Van Allen… De ahí en adelante en 1962 se envió el Telstar, primer satélite de comunicación; en 1974 el Westar, también de comunicaciones… y así más.

Fueron enviados animales al espacio: Ya se dijo de Laika; en 1960 las perras rusas Belka y Strelka orbitaron la tierra y regresaron. Estados Unidos envió dos chimpancés africanos… Pero el objetivo final para ambos países era la Luna.

John F. Kennedy por entonces presidente de los Estados Unidos se lo dijo a James E. Webb, director de la NASA:

“Todo lo que hagamos debería estar realmente vinculado a llegar a la Luna antes que los rusos… de otra manera no deberíamos gastar todo ese dinero, porque no estoy interesado en el espacio… La única justificación (para el coste) es porque esperamos ganar a la URSS para demostrar que en lugar de estar por detrás de ellos por un par de años, gracias a Dios les hemos adelantado…”

Eso era el objetivo. Y los Estados Unidos lo consiguieron aquel 21 de julio.

La URSS seguía en su lucha, pero persistía en enviar robots (palabra rusa que significa ‘trabajo’). Y así envío casi al mismo tiempo que los Estados Unidos con el Apolo 11 su propia nave no tripulada a la Luna, la que en algún momento se pensó que podría colisionar con la nave estadounidense. Pero nada: la confrontación la había ganado EUA. Había llegado a la Luna.

En todo caso, a la luna se puede llegar de distintas maneras. Se puede ir a la luna en un sueño. En una mirada profunda desde la soledad y el silencio de la ventana. A través del brazo extendido que casi la toca en ese ímpetu por tenerla en la palma de mano…

Se puede llegar a ella en una carroza tirada por cisnes blancos, según se pensó en la antigüedad… Opor mitología, como en la antigua Grecia: la Luna era un terceto sagrado compuesto por Selene (Luna llena), Artemisa (Luna creciente) y Hécate (Luna menguante) y su mensajero era el búho. Para los romanos quedó en una sola imagen: Diana la cazadora, hermana gemela de Apolo, dios del Sol…

O entre los aztecas: “El conejito se acercó a Quetzalcóatl y le dijo;–Mira, yo no soy más que un conejito, pero si tienes hambre, cómeme, estoy aquí. Entonces el dios acarició al conejito y le dijo:–Tú no serás más que un conejito, pero todo el mundo, para siempre, se ha de acordar de ti.

“Y lo levantó alto, muy alto, hasta la luna, donde quedó estampada la figura del conejo. Después el dios lo bajó a la tierra y le dijo: “Ahí tienes tu retrato en luz, para todos los hombres y para todos los tiempos.”

… O se puede llegar a la luna mientras se lee a los grandes autores que han hecho de la luna su motivo para descubrir el misterio de la vida, de la soledad inmensa, de la luz plateada que es luz propia, de su compañía interminable… La luna está ahí. Siempre resplandeciente y buena. Siempre nos mira. Siempre nos acompaña. Ella no está sola. Nosotros no estamos solos.

Fuente: https://www.elsoldemexico.com.mx/cultura/hojas-de-papel-volando-cincuenta-anos-de-un-paso-3928161.html