Siempre he tratado de vivir con la convicción de que ayudar a los demás no es un mérito sino una responsabilidad. Hemos nacido en un país maravilloso: con grandes bellezas y oportunidades, pero también con una gran desigualdad social, ante la cual no podemos cerrar los ojos y menos dejar de hacer algo.

¿Qué tanto nos ayudamos los mexicanos unos a otros?, ¿qué tanta conciencia social tenemos hacia aquellos que tienen menos que nosotros? No hay duda que cuando se han presentado enormes desastres naturales: temblores, inundaciones, huracanes, la ayuda incondicional de los mexicanos surge de inmediato.

Sin embargo, en el día a día, ¿qué tan solidarios somos?, ¿qué tanto de nuestro tiempo, dinero y esfuerzo se destina a los más necesitados?

Para muestra haré referencia a una investigación realizada en nuestro país y
publicada en el libro México Solidario, la cual cuantificó el número de voluntarios y las horas que trabajan.

El tiempo dedicado al trabajo voluntario varía de persona a persona. Existen los llamados voluntarios intensos que se calcula es el 8% de los mexicanos, trabajan todos los días en este tipo de actividades dedicando aproximadamente la mitad de su tiempo a ayudar a otros.

Los voluntarios típicos que tienen una dedicación constante a las actividades solidarias, que va de dos o tres veces por semana a una vez cada quince días, que representa un 9% de su tiempo.

Por último, el tercer perfil de los actores solidarios llamados infrecuentes o esporádicos, y dedican a estas labores desde una vez por mes a varias veces al año. Aproximadamente 1.7 días laborales anuales.

En resumen, el promedio de días por mexicano que se dedica a realizar alguna
actividad filantrópica es de 27 al año, y si extendemos esa cantidad al 40% de toda la población mexicana mayor de 18 años, tendríamos que aproximadamente 23 millones de personas estarían aportando cada una un promedio de 2.2 días laborales por mes.

¿Es suficiente? En lo personal me parece que el tiempo por mexicano en apoyo de otros es muy poco, partiendo de la base de los 112 millones de mexicanos que somos.

La actividad y el trabajo voluntario tienen implicaciones profundas: favorece la construcción de lazos de amistad, conocimiento de otras personas y situaciones; la experiencia de la generosidad y la reciprocidad, la adquisición de nuevas habilidades, experiencias de trabajo, además de la
satisfacción personal.

¿Cómo ayudar entonces? Con las cualidades, tiempo y circunstancias que tengas en este momento. Los campos son muchos:  niños, ancianos, personas con discapacidad, enfermos, personas solas, adicciones y otras, que necesitan de un poco de tu tiempo, tu cariño, tu compañía. La ayuda no solo es asunto de dinero.

Te invito a reflexionar: si en vez de ser 23 millones de mexicanos los que ayudan a los demás, logramos ser el doble o hasta el triple, definitivamente México sería mejor.

Lucía Legorreta de Cervantes
Presidente Nacional del CEFIM, Centro de Estudios y Formación Integral de la Mujer
cervantes.lucia@gmail.com
www.lucialegorreta.com