Sentémonos en la misma mesa

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La política mundial experimenta aires distintos a los
establecidos desde el término de la Segunda Guerra Mundial, donde un orden internacional mantuvo (con sus altas y bajas) los valores democráticos y la apertura al mercado como máxima, promovidos principalmente por los Estados Unidos.

Todo indica que vivimos un punto de inflexión materializado con la elección de Donald Trump como presidente de EUA, quien ahora defiende el proteccionismo comercial con fuertes aranceles a sus aliados históricos, cancelaciones de acuerdos internacionales y el alegato del famoso “America First” que en la práctica pareciera ser un “America Alone”.

Habiendo expertos que advierten de la posibilidad de una regresión de décadas en términos de cooperación internacional y guerras comerciales, existen personajes que se encargan de abanderar los beneficios del contacto con el resto del mundo.

Estas personas emergen de los más variados campos, en este caso quisiera que nos detuviéramos en las cocinas del planeta para hablar del reciente fallecimiento del chef Anthony Bourdain, quien era famoso por su programa Parts Unknown, en el que básicamente se dedicaba a viajar, comer y conversar.

Como presentador de televisión iba a distintos establecimientos de la zona en turno y conversaba con los locales, dejando ver en cada una de sus preguntas la humildad del viajero: escuchaba mucho más de lo que hablaba y permitía que su interlocutor fuera quien clarificara la nueva realidad que tenía ante sus ojos.

La muerte de Anthony Bourdain tuvo un eco particular en México, ya que viajó en numerosas ocasiones a nuestro país para deleitar su paladar y ampliar su visión. Además, tenía una afinidad particular por los indocumentados y constantemente defendía la valía de su trabajo en el vecino del norte.

Quizá su texto “Bajo el Volcán” sea uno de los acervos que mejor describió su pensar sobre la profunda relación de México con Estados Unidos y cómo en muchas ocasiones se minimiza su importancia.

Anthony Bourdain dejó claro que muchas veces considera una actitud hipócrita el rechazo de los anglosajones hacia la inmigración, ya que se utiliza la mano de obra mexicana como agricultores de su comida, en la limpieza de sus casas y en el cuidado de sus hijos.

Como chef estaba consciente de la vital importancia de los mexicanos en la eco-
nomía de servicios norteamericana, la cual sería inviable sin ellos.

Bourdain afirmó que, a pesar de que el americano promedio ama las playas y la comida mexicana, existe un engranaje faltante para que ese sentimiento se traslade a querer a México como país.

El chef americano argumentaba que esto se puede deber a que los estadounidenses muestran, en ocasiones, su peor faceta con nosotros, pues suelen venir a buscar descontrol en vacaciones como en temporada de Spring Break, o, como fuente de drogas, haciéndose de la vista gorda ante las terribles consecuencias que generan en México.

“Apenas hemos arañado la superficie de lo que realmente es la comida mexicana. No es queso derretido sobre un trozo de tortilla. Es antigua, más incluso que las grandes cocinas de Europa, y profundamente compleja, refinada, sutil y sofisticada.”

Anthony Bourdain se mostraba agradecido de la generosidad mexicana, ya que siempre halló en cada cocina nueva un integrante mexicano que lo apoyó y le enseñó más de un truco; a veces, la relación terminaba siendo tan buena que tuvo la oportunidad de visitar los pueblos originarios de los cocineros. Ahí siempre encontró una tradición encomiable de las madres y abuelas por la preparación de alimentos deliciosos pasados de generación en generación.

Sobre la gastronomía mexicana lanzó un mensaje contundente: “apenas hemos arañado la superficie de lo que realmente es la comida mexicana. No es queso derretido sobre un trozo de tortilla. Es antigua, más incluso que las grandes cocinas de Europa, y profundamente compleja, refinada, sutil y sofisticada.”

Seguramente en estos tiempos convulsos la mejor enseñanza de Bourdain sea regresar a lo básico y escuchar al otro.

Sentados en la misma mesa para disfrutar y acompañados de una gran comida, seguro que será el inicio de una gran relación donde aprenderemos más de lo que sabemos y ampliaremos nues-tra realidad.

Arq. Alejandro Robles Arias
Director de Arquitecturar

www.arquitecturar.mx

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