En verdad os digo… no tengo la respuesta

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Sé quién quiero que gane, sé quién quiero que pierda, pero no sé por quién voy a votar para Presidente todavía. Pondré mi voto al servicio del país. Será un voto útil.

¡Cómo me gustaría tener una respuesta a esa pregunta! Pero empecemos por aceptar que ‘perfecto’, no lo es nadie. Vamos quitándonos esa idea del paternalismo presidencialista que cargamos desde la Colonia. Seguimos con mentalidad de conquistados, menores de edad, poniendo todos nuestros problemas, necesidades y destino en manos de un tata, papá, cacique, salvador, mesías, presidente…

Es hora de enterarnos de que el presidente es un funcionario contratado por el pueblo a la hora de votar, pues las elecciones son un contrato mediante el cual los ciudadanos permitimos que un mortal desempeñe el puesto de representante del Poder Ejecutivo durante seis años. Sí, un mortal.

Para no quemar neuronas en analizar ilusiones pasajeras, haré a un lado a los improbables, por ahora. No dudo que haya candidatos independientes muy bien intencionados y preparados, pero si no cuentan con un aparato electoral y recursos suficientes, difícilmente van a ganar, por lo que darles el voto es desperdiciarlo. Aunque confieso que me encantaría que diera la sorpresa alguno.

De los probables, tal vez ninguno sea el ideal, pero más allá de si es simpático, carismático, elocuente o pesado -total, no estamos en el teatro Blanquita, no es un showman lo que necesitamos- Hay que analizar

“Lo principal que necesitamos es mantener un rumbo que sostenga las condiciones macroeconómcas a largo plazo. ”

los proyectos y propuestas de cada uno, así como la manera como piensan hacerlas realidad, cuándo y con qué. No me refiero a que nos gusten o suenen bonitas, sino a que sean realizables y sostenibles. El bla bla bla no dura.

Lo principal que se necesita es mantener un rumbo que sostenga las condiciones macroeconómicas en el largo plazo. El panorama mundial no se vislumbra fácil y si nosotros mismos elegimos una opción que no dé certeza a los mercados internacionales, nos va a llevar el tren.

No puede haber justicia y equidad sin estabilidad. El proceso para conseguir una sociedad equitativa no se da de un plumazo, pero sí en cambio puede arruinarse de un plumazo, al imponer políticas populistas que nos retrocedan a los años 70 y 80, época de las peores crisis económicas del país.

Entre los que tienen más posibilidades de ganar, y dado lo cerrado de los momios en este momento, eso se verá casi la víspera, habrá que elegir al que mejor garantice la viabilidad macroeconómica del país. No importan los colores de su partido.

Para eso hay que abrir la mente y estar dispuesto a que un análisis objetivo, honesto y desapasionado nos tumbe la ilusión. Más vale documentarse bien y escuchar con humildad las distintas voces, pero no las voces de personajes de la política con intereses en la contienda, sino la de expertos en economía y finanzas, no solo mexicanos, sino de todo el mundo.

Por otra parte, no hay que perder de vista el verdadero lastre que no nos deja crecer: la impunidad. La sociedad no sale de los políticos, son los políticos los que salen de la sociedad. Y la nuestra es una sociedad corrompida hasta la médula que se saca el diablo culpando a la mafia del poder. La mafia somos todos: los que corrompemos y los que nos dejamos corromper.

Si no hay Estado de Derecho, los intereses bastardos nos seguirán boicoteando. ¿Cuál de los candidatos intentará de verdad acabar con la impunidad? A saber…. como dirían en mi pueblo. Prometer es fácil, cumplir ya en la Silla es otra cosa. Lo que sí se sabe, porque lo ha dicho, es quién no tiene intención de hacerlo. Ya sabemos quién anunció que pretende perdonar corruptos y dar amnistía a criminales… ¿Y eso qué significa, rendirse antes de comenzar o hacer oficial la impunidad cómplice?

En fin, faltan pocos meses, un lapso suficiente para verles los dientes a todos los candidatos.

Elena Goicoechea

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