Recorrido por la Península de Yucatán

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Mérida

La ciudad blanca, así llamada por sus habitantes, tiene tanto que ofrecer que siempre hace falta tiempo para recorrerla. Fundada en 1542 sobra la antigua ciudad maya de T’hó, desde entonces ha sido sede del gobierno en la península.

Tomamos el vuelo desde la CDMX, el viernes 22 de diciembre para pasar las fiestas navideñas recorriendo esa zona de México.

Como ya era tarde, nos fuimos a cenar a un restaurante típico, llamado la Chaya Maya. Éste se encuentra en una antigua casona del histórico parque de Santa Lucía, en el centro de la ciudad. El restaurante ofrece los tradicionales platillos emblemáticos de la cocina yucateca, panuchos, cochinilla pibil, sopa de lima, papadzules entre otros, además de sorprendentes y deliciosas variantes de la gastronomía peninsular.

Río Lagartos

Al día siguiente, partimos muy de mañana a una localidad costera de Yucatán, ubicado en el litoral norte al oeste del municipio de Tizimín. El nombre en idioma maya de esta localidad era Holkoben, mismo que se usó durante varios siglos después de la conquista por parte de los españoles. Bernal Díaz del Castillo relató en su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España que durante uno de los viajes de exploración la tripulación había tenido necesidad de proveerse de agua dulce y, creyendo que se trataba de un río, había decidido explorarlo. A medida que avanzaron hacia el interior, se dieron cuenta de la gran cantidad de cocodrilos que había, y lo nombraron como Río de los Lagartos.

Rentamos una lancha en el malecón municipal que costó $1500.00. Nuestro guía Manuel, durante el recorrido que nos llevó por la ría, nos acercaba a los manglares a señalarnos cocodrilos. Solamente el y sus ojos acostumbrados al lugar, los podía divisar en la lejanía. Llegamos a donde estaban los flamencos, que no era época de grandes cantidades pero nos quedamos satisfechos de lo que vimos. Nos acercó a lo que le llaman las coloradas,  albercas color de rosa donde se evapora el agua para extraer la sal.

Cerca de la 1 pm, nos dirigimos en coche a la ciudad de Valladolid.

Valladolid

Es una ciudad de gran atractivo turístico, por virtud de su porte colonial, de su renombrada gastronomía y debido a la cercanía y a la infraestructura carretera que la vincula con sitios importantes para el flujo de turistas.

La ciudad está llena de cultura, ya que además de tener majestuosos edificios históricos y hermosas casonas con fachadas coloridas, está llena de tradiciones, así como de riqueza artesanal y gastronómica.

Nos recomendaron ampliamente un restaurante junto a la Iglesia de San Servacio llamado el Atrio del Mayab. Cuenta con un jardín interior, muy agradable. Excelente servicio, comida muy buena, y de buenos precios. Lo mejor son las tortillas hechas a mano. Una delicia.

Dzibilchaltun

Dzibilchaltún es un sitio arqueológico maya, localizado  aproximadamente a  17 kilómetros al norte de Mérida.

La estructura más famosa es el templo de las Siete Muñecas, nombrado así, debido a siete pequeñas figurillas de barro encontradas en el sitio, cuando el templo fue excavado por arqueólogos, en la década de los años 50. En el equinoccio tanto de primavera como de otoño, pocos minutos después del amanecer, la orientación del edificio hace que el sol pueda verse a través de las puertas este y oeste, «atravesando» la construcción. El templo está conectado con el resto del sitio, por un sacbé largo. Dzibilchaltún también contiene las ruinas de una capilla abierta, española, del siglo XVI, construida en el sitio después de la conquista.

El sitio arqueológico tiene un museo, con muchos artefactos mayas hallados en el sitio y sus alrededores. Entre estos se cuentan estelas, así como inscripciones de Chichén Itzá y Uxmal. También hay una armadura de los conquistadores, vestidos mayas representativos de Chiapas, Yucatán y Guatemala y fragmentos originales de una iglesia colonial. El museo alberga una mayor cantidad de artefactos que los de Chichén Itzá o Uxmal.

Progreso

Al acabar, fuimos a la playa Progreso, lugar donde los de Mérida van a vacacionar. Es el puerto de arribo de cruceros más importante de Yucatán. Caminamos por el malecón muy limpio, y con poca gente, acercándonos  al restaurante Crabsters, preferido por los yucatecos. Con una vista espectacular al mar, su servicio es impecable y cuenta con una gran carta de mariscos. Probamos sus ceviches, las patas de cangrejo, tacos de camarón empanizados, hasta una hamburguesa de mariscos realmente exquisita.

Nos regresamos temprano, para descansar y arreglarnos para la cena de Navidad.

La cena de Navidad fue en un restaurante dentro del hotel Hyatt, el Amuza. Cena buffet, bien servida, con mucha variedad en los platillos. Celebrar la Navidad fuera de casa, rodeado de tu familia, es una experiencia extraordinaria.

Hacienda Santa Cruz

Al día siguiente 25 de diciembre, nos despertamos tarde, por lo que decidimos visitar una hacienda cercana a Mérida. La que escogimos fue la Hacienda Santa Cruz, a escasos 15 minutos del hotel. Inicialmente fue un monasterio franciscano del siglo XVII, y posteriormente a finales el siglo XIX, plantación de henequén, comúnmente llamado “el oro verde de Yucatán”. Desde finales del siglo XIX hasta mediados del siglo XX, Yucatán se caracterizó en la producción del henequén, que tuvo una gran demanda en todo el mundo. De ahí que se formarán las grandes haciendas, que todavía se pueden ver por toda esta región. Además del henequén, eran productoras de cacao en menor medida, y en ganado vacuno. Actualmente ésta  hacienda es un pequeño hotel, con grandes jardines, un espectacular spa, y salón de eventos.

Por la tarde partimos rumbo a Calakmul, Campeche.

Ruinas de Calakmul

Llegamos como a las 9 pm al pueblo de Xpujil, creo que no tiene más allá de 3,000 habitantes, en el  hotel Maya Balam, bastante limpio y sencillo. La gente muy amable con un restaurante pequeño. Al día siguiente partimos rumbo a Calakmul, que está a 1 hora de camino la entrada desde la carretera, pero para llegar hasta las ruinas son 2 horas, ya que el camino es angosto lleno de matorrales a ambos lados, y es de doble circulación por lo que hay que manejar despacio.

Calakmul significa «Ciudad de las dos Pirámides Adyacentes». Todo parece indicar que – en su época de mayor esplendor – Calakmul era la sede de la más poderosa confederación de ciudades estado mayas conocida, denominada El Reino de Kaan. Fue ocupada ininterrumpidamente cerca de 1,500 años.

Es una de las mejores zonas arqueológicas que no son muy conocidas, probablemente debido a su aislamiento, y la dificultad para llegar al sitio para llevar a cabo exploraciones, fue muchas décadas abandonada. Desde principios de 1930; ya se sabía del lugar, pero hasta 1982, casi cincuenta años después de su descubrimiento, es que se iniciaron los trabajos arqueológicos. en especial, las magníficas máscaras funerarias de jade que fueron encontradas, así como  120 estelas, que convierten a Calakmul en el sitio con mayor número de estelas de toda el área maya. Muchas corresponden a etapas muy tempranas, alrededor del año 400 a. C. Las estelas de Calakmul son notables ejemplos de arte maya, que han arrojado mucha información sobre el desarrollo político y espiritual de la ciudad.

Por la importancia del sitio, el 4 de julio de 2002, la Unesco le otorgó el nombramiento de Patrimonio Cultural de la Humanidad, extendiendo la distinción a Patrimonio de la Humanidad Mixto, el 21 de junio de 2014, reconociendo los valores naturales dentro de la Reserva de la Biosfera.

Champotón

Al término de nuestra visita, nos dirigimos rumbo a Campeche, parando en la ciudad costera de Champotón. Tengo recuerdos muy padres de ese lugar, yendo de pequeña con mis hermanos y mis papás, cuando todavía no era un lugar muy concurrido. Comiendo en el malecón, tacos de langosta con frijoles, patas de cangrejo, camarones rebozados.

Llegamos al restaurante El Timón cerca de las 5 de la tarde, rugiendo de hambre. Es un sitio agradable, con terraza junto al mar. El servicio fue rápido y atento, pero lo que más me sorprendió fue que todo lo que pedimos, se nos hizo delicioso. El pan de cazón, que es un platillo especialidad de la Península de Yucatán, que lleva tortillas de maíz, carne de cazón, salsa de frijol y salsa de jitomate con chile, es uno de los mejores que he comido en la región. Comimos ceviche mixto, patas de cangrejo, y camarones, y arroz con plátanos macho.

Al terminar nos enfilamos rumbo a Campeche.

San Francisco de Campeche

Una de las capitales más hermosas del país, mencionada por la UNESCO como un modelo de planificación de una ciudad barroca colonial, además de haberla declarado patrimonio cultural de la humanidad. Se encuentra en la península de Yucatán, junto al mar. Es la única ciudad amurallada de la República Mexicana, Cuenta con 17 sitios arqueológicos, entre ellos Calakmul, la ciudad maya más grande que se ha descubierto jamás. La palabra Campeche, es de origen maya, Can que significa serpiente y Pech que significa garrapata., que juntas quieren decir lugar de serpientes y garrapatas. Y el nombre de San Francisco, fue porque en la fiesta de San Francisco, se fundó la ciudad, un 3 de octubre.

Por la noche, después de caminar por la plaza principal, realmente hermosa y en el malecón, fuimos a cenar a los Marganzos, que se encuentra frente a una de las paredes amuralladas muy cerca de la puerta llamada de Mar, atrás del jardín principal y junto a uno de los baluartes. Por supuesto que comimos comida yucateca, realmente deliciosa, panuchos, sopa de lima, etc. Las meseras están vestidas con su vestido típico.

El 27 por la mañana fuimos a visitar El Fuerte de San Miguel; tiene un pequeño museo, y la vista Del Mar es espectacular. La ciudad de Campeche tenía que protegerse de los barcos piratas, holandeses e ingleses principalmente.

Hacienda Uayamón

De regreso, nos encontramos con amigos que también estaban de visita y nos invitaron a unirnos con ellos, para ir a visitar a la gran Hacienda Uayamón, (su nombre de origen maya, significa “donde desciende el espíritu”) a 30 minutos en coche. Fue construida a finales del siglo XVI, como hacienda ganadera, pero es en el siglo XIX en donde logró su esplendor productivo: ganadería, maíz, caña de azúcar y henequén. Llegó a ser la segunda hacienda más importante del estado.

Funcionó como una pequeña ciudad, con atención hospitalaria y educativa para los trabajadores, con adelantos tecnológicos como la luz eléctrica, y las vías del tren llegaban hasta sus puertas para distribuir la producción por todo México, Europa y Norteamérica.

Hoy gracias a la restauración realizada en 1997 por el arquitecto Luis Bosoms Creixell, Uayamón ha sido convertido en un exclusivo hotel de 25 habitaciones.

El patio central es un escenario rodeado de edificios administrativos. Del antiguo casco se conserva la casa principal, construida en la última década del XIX y está dispuesta en diferentes niveles, pues al parecer está construida sobre un montículo prehispánico. Prevalecen los muros de la capilla, la escuela, la casa de oficios, la casa de máquinas, el cementerio y el sistema de riego. En los alrededores, las antiguas casas de los trabajadores son ahora habitaciones. Completan el conjunto el Hospital de Caridad y la estación de ferrocarril.

Regresamos a Campeche, para subirnos al autobús turístico que nos llevó por todo el Centro Histórico, por el malecón y sus alrededores.

Al día siguiente por la mañana antes de regresarnos a Mérida, fuimos a comprar las famosas banderillas rellenas de queso crema, de dulce de guayaba, recién hechecitas. Y pasamos a comer al restaurante Chac Pel, que según mi marido, es el mejor restaurante de mariscos en esa zona. Nos atracamos de ceviche, camarones para pelar, un mero que estaba suculento, y ya no comimos más porque estábamos a reventar de tantas delicias.

Gran Museo del Mundo Maya

El 29 por la mañana, decidimos ir a visitar el Gran Museo del Mundo Maya. Dos familias residentes de Mérida nos lo recomendaron ampliamente, pero también otras personas nos decían que no valía la pena. Que no tenía nada que hacer con el Museo de Antropología. Nosotros quisimos de todos modos ir, ya que somos amantes de los museos.

Es un espacio cultural moderno que cuenta con cuatro salas permanentes que exhiben más de 1000 importantes piezas arqueológicas de la cultura Maya. Fue inaugurado en diciembre de 2012.

La conceptualización arquitectónica del edificio está basada en uno de los elementos claves para entender la mística del pueblo maya: el árbol de la ceiba. A partir de este elemento se desarrolla un desplazamiento arquitectónico que abarca estacionamiento, bodegas de tránsito, sala principal de recepción, salas de exhibición permanentes, sala de exhibición temporal, terrazas, jardines, etc.

El museo exhibe una magnífica colección de más de 1,160 piezas que permite disfrutar, entre otros ejemplos, textiles, objetos religiosos y diversos enseres que reflejan la vida cotidiana actual de los mayas; grabados, libros y documentos históricos, obras artísticas y religiosas de la época virreinal; acervos de la época prehispánica que incluyen estelas, bajorrelieves y esculturas en piedra; vasijas, ajuares y ofrendas de cerámica, además de adornos y objetos suntuarios de oro, jade y concha.

Las cuatro salas de exposiciones permanentes con que cuenta el Gran Museo del Mundo Maya tienen un alto contenido temático para dar a conocer la arqueología, antropología, etnología e historia y costumbres del mundo maya en la región.

Las salas inician con el panorama actual de la cultura maya para irse adentrando en el pasado de este pueblo milenario.

Su museografía es impecable, las salas son amplias para dar espacio a la circulación de los visitantes, tiene espacios interactivos interesantes.

Al acabar de ver esa sala, pasamos a ver la exhibición temporal de la artista mexicana Cordelia Urueta Sierra, quien fue una artista mexicana conocida por el uso de color y la abstracción sin abandonar la figura humana.

Hacienda Teya

Para comer, nos recomendaron mucho ir a la Hacienda Teya, en las afueras de Mérida. Para los yucatecos es un camino largo de 30 minutos, pero para nosotros los citadinos se nos hace muy cerca. La Hacienda San Ildefonso Teya, mejor conocida como Hacienda Teya, a diferencia de las otras visitadas no es tan espectacular.  Fue fundada en 1683 como una hacienda agrícola y ganadera. A principios del siglo XX, cambió de giro para dedicarse al cultivo de henequén y fue una de las haciendas henequeneras más importantes de Yucatán, y como a las demás haciendas que producían únicamente el oro verde, hasta los años setenta dejó de trabajar por completo. En 1974 Don Jorge C. Cárdenas Gutiérrez, adquiere esta propiedad en completo estado de abandono e inicia un proyecto que le tomaría más de 20 años, convirtiéndolo en el pionero en rescate de haciendas de Yucatán. Hoy en día, Hacienda Teya es reconocida por su restaurante de exquisita comida yucateca y por sus áreas verdes y salones para eventos sociales dentro de un marco de edificios del Siglo XVII y exuberante vegetación. Vale la pena ir por su comida, y recorrer sus jardines. Por la tarde nos quedamos en el hotel a descansar. El Hotel Fiesta Americana ubicado en Paseo Montejo, está muy cómodo y su atención excelente.

Izamal

Al día siguiente, 30 de diciembre, partimos rumbo a Izamal, que se encuentra a una hora de Mérida.        Su nombre, que en idioma maya se dice Itzmal, significa Rocío del cielo. Es una hermosa población colonial fundada a mediados del siglo XVI sobre los vestigios de una antigua ciudad maya; su construcción más importante, el Conjunto Conventual de Nuestra Señora de Izamal, fue construido sobre las ruinas de un adoratorio maya llamado Pap-hol-chac. Completado en 1561, el atrio cerrado del conjunto conventual con sus 75 arcos que forman un corredor impresionante que encierra una explanada de 7,806 metros cuadrados, es el segundo más grande del mundo, sólo por detrás de la Plaza de San Pedro.

Como en casi todas las ciudades fundadas por los conquistadores en el siglo XVI, la mayor parte de la piedra de corte de la ciudad precolombina con que habían sido construidos los templos mayas, fue reutilizada para construir el convento franciscano y las viviendas coloniales.

El obispo de Yucatán, fraile franciscano Diego de Landa, vivió en esta ciudad hacia 1575, dirigió la construcción del convento y trajo la imagen de la Virgen de la Inmaculada Concepción, Nuestra Señora de Yucatán, desde Guatemala.

En 1992, Izamal recibió la visita de S.S. Juan Pablo II, quien ofició una memorable misa en el gran atrio que antecede al templo de la Purísima Concepción y el ex Convento de San Antonio de Padua. Desde ese entonces, la mayoría de las casas y edificios que decoran su centro histórico están pintados de blanco y amarillo: los colores vaticanos.

Al acabar de recorrer caminando el pintoresco pueblo, fuimos a conocer a Don Feliciano Patrón Canul, hierbero maya, muy reconocido en toda la región. Cuando llegamos, estaban unos clientes con el que venían desde Chiapas a comprarle medicinas. Ahí mismo, lava las hierbas, las pone a secar, las tritura y hace las cápsulas, o el té. Fue toda una experiencia platicar con el. También conocimos a un chamán que iba a comprarle hierbas, y estuvo platicándonos muchas anécdotas. Pero lo más interesante fue, el ver como entre ellos hablaban maya, y el respeto que se tenían entre sí. Don Félix está convencido que con sus hierbas y medicinas, puede curar cualquier enfermedad.

Nos recomendaron muchísimo el restaurante Kinich. Llegamos supuestamente temprano a las 2 pm, y nos topamos con la sorpresa que había una lista de espera de 30 minutos. Decidimos quedarnos y valió muchísimo la pena. Durante la comida, hubo espectáculo de bailables típicos yucatecos, realmente preciosos, el servicio y la comida excelentes.

Hacienda Yaxcopoil

El 31 de diciembre por la mañana quisimos aprovechar nuestro último día en Mérida, por lo que fuimos temprano a conocer la Hacienda Yaxcopoil. Construida en el siglo XVII, con más de 11 mil hectáreas en su época de mayor esplendor, Yaxcopoil (su nombre significa “lugar de los álamos verdes”), fue considerada una de las fincas rústicas más importantes por su tamaño y magnificencia, especializada en ganado y cultivo de henequén. Actualmente tiene menos del 3% de tierras, convertida en un museo extraordinario, ya que está reconstruida con la mayor veracidad posible, como sus antiguos  dueños la ocuparon, con mobiliario europeo original, los pisos con sus diseños únicos de la zona, y las paredes pintadas según sus diseños originales.

Conocimos al dueño actual, Miguel Faller, quien es descendiente directo de Don Donaciano García Rejón Mazó y su esposa Mónica Galera Encalada, quienes en 1864 adquirieron la hacienda. Cuenta con una pequeña capilla, planta desfibradora del henequén, una huerta con alberca y vestidores, talles y bodegas con columnas y esculturas de mujeres que representan las cuatro estaciones del año. Afuera de la propiedad, Roberto un muchacho de 18 años que trabaja en la tienda, y nuestro guía, nos enseñó otros edificios que en su momento formaron parte de la hacienda y que funcionaron y siguen funcionando como la escuela, hospital y tienda.

La edificación que más la caracteriza, es su monumental arco doble morisco del periodo colonial. Cuenta con una “casa de visitas”, muy bonita con un cuarto doble, comedor y cocina.

Nos recomendaron ir a comer en una hacienda a 10 minutos de donde estábamos, por lo que nos dirigimos allá.

Hacienda Ochil

La hacienda San Pedro Ochil, situada a 36 kilómetros de Mérida, es una de las siete haciendas del municipio de Abalá o Lugar de las ciruelas, que a finales del siglo XIX dieron prosperidad a la región con la producción de fibra de henequén, conocida también como soskil (castellanización del término maya usado para denominar la fibra del henequén: tsots ki).

Esta hacienda fue construida a finales del siglo XVII, como una hacienda ganadera maicera. Alrededor de 1880, siendo propiedad de la familia Ponce,  la hacienda se concentró en la agroindustria henequenera y gozó durante cuatro décadas de los extraordinarios beneficios del auge del comercio de su fibra, entonces llamada “oro verde”, que permitieron a los propietarios de las haciendas vivir con un lujo único en país; gracias a dicha industria, Mérida tuvo alumbrado eléctrico incluso antes que la propia Ciudad de México.

Con la reforma agraria promulgada en 1937 por el presidente Lázaro Cárdenas, San Pedro Ochil fue de las primeras haciendas en ser expropiadas y entregadas a los ejidatarios. Para 1956. el presidente Manuel Ávila Camacho revocó esta expropiación y la propiedad fue restituida a los hacendados. El derrumbe del mercado del henequén al término de la segunda década del siglo XX, aceleró su declive. La hacienda fue abandonada, saqueada y destruida. Una empresa la adquirió en 1997, prácticamente en ruinas, y emprendió su restauración. La hacienda no contaba entonces con ninguna de sus techumbres, columnas de piedra o piezas de carpintería, ni conservaba restos de su maquinaria. Los muros de piedra conservan su patina, gracias a la aplicación de un recubrimiento de kancab, antigua técnica maya a base de tierra roja y la resina de pixoi, árbol nativo de la región. El casco fue habilitado como parador turístico; cuenta con dos museos y diversos talleres artesanales, con lo que la propia hacienda y sus alrededores han adquirido nueva vida.

Por la noche, festejamos el Año Nuevo, en el barrio de Santa Lucía en la terraza del restaurante La Recoba, en un ambiente muy agradable. Como estábamos al aire libre, gente que estaba en las cercanías, se unió a la fiesta, por lo que se puso muy buena la fiesta.

El 1 de enero, finalizamos nuestro recorrido por la Península de Yucatán recorriendo 2,400 km.  En 11 días.

 

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