Por Elena Goicoechea C.

Después de declarar que de llegar al poder considera otorgar una amnistía a los criminales, Andrés Manuel López Obrador intenta matizar la gravedad de su demencial propuesta, ¿cómo?, pues haciendo lo que le encanta a sus fanáticos: utilizar lenguaje pseudobíblico para expresar sus ideas.

En un afán de disfrazar de ‘buenismo’ su visible intención de dejar actuar libremente a los carteles, ha dicho con tono entre mesiánico y dicharachero, muy a modo para sus fanáticos del “pueblo”, que la violencia no se resolverá impartiendo justicia. Intenta racionalizar sus ideas confundiendo conceptos, y acaba concluyendo que hacer que un criminal pague por sus delitos es una suerte de venganza inútil: “El ojo por ojo, diente por diente, nos dejaría ciegos o tuertos o chimuelos y no resuelve el problema…”

De acuerdo con sus declaraciones, para López Obrador el que un delincuente pague por sus crímenes se trata de una venganza, no de justicia. ¿Será por ignorancia, por demagogia o por interés de corresponder a los favores del crimen organizado el que López Obrador ligue el concepto de justicia al de venganza en su discurso? Omite mencionar los dos objetivos principales de un castigo justo: 1. el ser ejemplar, con el propósito de disuadir a otros y al mismo delincuente de delinquir; 2. el salvaguardar a la sociedad del peligro potencial que representa una persona que estando libre puede volver a cometer más crímenes. La ley sirve para sancionar conductas que dañan a la sociedad y no puede ser selectiva, no puede haber distinciones.

Estas declaraciones prenden un foco rojo, pues es un rasgo propio de los dictadores el creerse con la superioridad moral para imponer castigos y otorgar perdones sin que haya un marco penal de por medio.

El mensaje entre líneas es que, de llegar a ser presidente de México, López se sentirá  por encima del poder Legislativo -que hace las leyes que él podrá decidir que no valen- y del Poder Judicial -ya que sus decretos anularían la impartición de Justicia según lo establece el Código Penal.

No contento con las mencionadas implicaciones de su discurso, no añade ninguna propuesta realista para combatir la delincuencia. Dice: “Vamos a explorar todas las opciones, vamos a tener las causas”, pero no aclara cómo lo hará ni cuáles son las causas según él… El líder de Morena afirmó que de llegar a a la Presidencia, todos los días a las 6 de la mañana se va a reunir con los encargados de la seguridad pública del País para recibir los resultados y tomar decisiones para resolver la inseguridad y violencia. ¿Qué significa esto?, que no tiene planes ni propuestas específicas, que piensa que la seguridad es una materia que se puede ir resolviendo al día…

López Obrador dice que una vez que gane va a cambiar la estrategia para enfrentar la violencia: “No vamos a seguir con la política coercitiva, se van a terminar las masacres…”. El virtual candidato de Morena sentenció que “el próximo comandante de las fuerzas armadas del País nunca va a dar la orden de reprimir al pueblo de México”. Con estas palabras, de un plumazo acusó implícitamente a este Gobierno y a los anteriores de haber asesinado a todas las personas que han muerto como resultado de la lucha contra el crimen organizado, o sea, de un “genocidio”.

López hizo una acusación muy grave: que el Gobierno Federal, (no los locales, algunos ligados a su propio partido y a su persona) ha sido el culpable directo de dichos asesinatos, lo cual promete que se terminará de forma automática cuando el Gobierno Federal sea encabezado por él mismo.

Al oír esto, me imagino riendo a carcajadas a los sicarios y a los jefes de los grupos criminales que han ordenado las miles de ejecuciones de miembros de los carteles rivales, de la policía y las Fuerzas Armadas en cumplimiento de su deber, y lo peor, de civiles inocentes…

Imagino también la cara de los familiares de las víctimas, no solo las del narcotráfico, sino de las otras actividades de los grupos criminales, porque no hay que olvidar que estos grupos se han diversificado a ramos como el secuestro, la trata de personas, el tráfico de órganos, la piratería, la venta ilegal de combustibles…

López Obrador desligitimiza así la función que le es dada al Estado por la ciudadanía de usar la fuerza pública cuando es necesario para salvaguardar la integridad de la misma. Muy grave.

También ha mostrado una visión infantil y simplista sobre las motivaciones que llevan a una persona a dedicarse al crimen. Pensar que el perdón per sé va a disuadir a un criminal de continuar delinquiendo es no tener idea de los verdaderos incentivos que le llevan a hacerlo. De acuerdo con el tamaño de la ganancia está el tamaño del riesgo que está dispuesto un delincuente a tomar. El perdón no les generará utilidades inmediatas tan altas como el crimen. De hecho, la impunidad vigente se puede considerar una especie de ‘perdón que puede comprarse’; hoy por hoy, los criminales no necesitan dádivas de un mesías. Eso nos lleva a las verdaderas causas de la inseguridad y la violencia que vivimos: la corrupción y la impunidad. Eso es lo que hay que combatir, ¡no las leyes!

El resultado de la amnistía que propone López -que dicho sea de paso, es un perdón que se otorga a presos políticos, no a criminales- significaría “convertir obviamente al Estado en parte de la delincuencia organizada”, advirtió el titular de la Secretaría de Marina (Semar) al preguntarle sobre la propuesta del líder de Morena.

El gobierno por supuesto que no puede pactar con la delincuencia organizada, subrayaron los titulares de las secretarías de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, y de Marina-Armada de México, Vidal Francisco Soberón Sanz.

A su vez el secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, dijo que “no sería lo más conveniente para México”, y cuestionó: “¿Cómo es posible pensar en que se les dé una amnistía? Estoy en contra”. “Creo que es algo que tendrán que analizar muy bien. Me parece que están dejando de lado todo el mal que le han hecho al país, a cuánta gente han envenenado, cuánta gente ha muerto por su culpa”, recalcó.

Incapaz de aceptar la crítica, el tabasqueño ha denostado a una institución con la que más le valdría contar si llega a la Silla: las Fuerzas Armadas. Acusó a los titulares de la SEMAR y la SEDENA de servilismo y de recibir órdenes para atacarlo: “Sé que les ordenaron lanzarse en contra nuestra”, con lo que además, miente, incapaz de sustentar sus acusaciones. Mentir es algo que se le ha hecho costumbre al tabasqueño.

Ante la condena general, López Obrador recurre a otra de las estrategias que le han servido a lo largo de su sempiterna campaña por la Presidencia: el victimismo.

Visto lo visto, este es un episodio más del auto-boicot que suele llevar a López a perder cada vez que sueña con lucir la banda en el pecho.

Es verdad que las estrategias para combatir la lacra del crimen organizado no han dado resultados contundentes y que el uso de la fuerza no es suficiente, pero de ahí a entregarse, rendirse, aliarse con los criminales, no es el camino.

 

 

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