Por Jesús Yáñez Orozco
  • –Ante la ancestral indolencia de autoridades mexicanas
  • –Dio 190 mdd en sobornos a FIFA por derechos de TV
  • –Provocaría suicidio de empresario argentino, en Lanús
  • –Bajo sospecha, el asesinato de directivo de la televisora
  • –“No se vale”, balbucea Emilio Azcárraga sobre ésta muerte

Ciudad de México a 27 de Noviembre (JESÚS YAÑEZ /CÍRCULO DIGITAL):

El gobierno de Estados Unidos tiene bajo escrutinio al deporte mexicano, futbol en particular. Ahora el FBI mira con una lupa de mayor dimensión a la empresa Televisa, propiedad de Emilio Azcárraga Jean, acusada de dar sobornos, vía una filial en Suiza, para obtener, sin restricción, uno de sus mayores negocios: derechos de transmisión de partidos mundialistas.

Es el llamado FIFAgate.

El pasado 9 de agosto se hizo público que el Departamento del Tesoro investiga a Rafael Márquez Álvarez, ex capitán de la Selección Mexicana, por presunción de lavado de dinero de carteles de la droga.

La alcantarilla del balompié mundial cada vez más pestilente, gracias a un producto televisivo indigesto: la denuncia de que Televisa –con Fox Sports– pagó multimillonaria cifra en dólares en coimas para obtener los derechos de transmisión de juegos mundialistas –2018-2022-2026-2030– el suicidio de un empresario en Argentina, una muerte  accidental –que algunos medios de prensa ponen en tela de juicio– de un ejecutivo del Canal de las Estrellas y tres directivos del futbol sudamericano declaran en Nueva York.

Desde mayo de 2015, Estados Unidos, vía el Buró Federal de Investigación (FBI), ha acusado –y encarcelado– a más de cuarenta personas y negocios por una serie de delitos relacionados con corrupción futbolística en el corazón de la FIFA, con 113 años de fundación.

Han sido imputados por la justicia estadounidense un total de 42 jerarcas de federaciones o confederaciones –Concacaf y Conmebol, en América, las más corruptas– empresarios deportivos y banqueros.

De ellos, 24 se declararon culpables. Quince están en el extranjero, donde fueron o están siendo juzgados, o luchan contra su extradición a Estados Unidos. Pero sólo tres insisten en su inocencia y, por ende, fueron sometidos a juicio a principios desde este mes.

También ha hecho públicos los detalles de los acuerdos por los derechos de transmisión que tradicionalmente habían sido resguardados, bajo siete llaves, con muy poco escrutinio externo.

Lo más común es que esos acuerdos de derechos se anuncien de manera pública después de un proceso formal de licitación.

Pero eso no sucedió en esta ocasión.

A Televisa se investiga desde mediados de 2015. La Oficina Federal de Investigaciones (FBI) de Estados Unidos prepara, desde entonces, un grueso expediente contra ex directivos de primer nivel del balompié local:

Los expresidentes de la Federación Mexicana de Futbol (FMF), Alberto de la Torre y Justino Compeán (entonces tesorero); Gonzalo Fernández (fallecido) exsecretario general de la institución; Guillermo Cañedo White (hijo de Guillermo Cañedo de la Bárcena) ex vicepresidente de la Concacaf; y al entonces presidente de la federación, Decio de María Serrano, según versiones de prensa.

La pesquisa del FBI sobre el futbol nacional, de personajes vinculados a Televisa, es resultado de la información ofrecida por Chuck Blazer, exsecretario general de la Concacaf –fallecido en julio pasado– quien colaboró como informante con el FBI.

Incluso, confesó haber recibido sobornos relacionados con el otorgamiento a Sudáfrica de la sede de la Copa del Mundo de 2010.

Según Blazer, integrantes de la Femexfut también estuvieron involucrados en pago de sobornos para la Copa de Oro de 2003. Esa final fue celebrada en el Estadio Azteca. México ganó ese torneo, con gol de oro, a Brasil.

Ya no son aquellos años dorados para Televisa, en el seno de la FIFA. Guillermo Cañedo de La Bárcena, su principal operador político y económico, tenía cargos de ensueño: vicepresidente en ambos órganos. El mandamás, Joao Havelange, considerado uno de los mayores traficantes de armas en el mundo y vinculado a las más feroces dictaduras de América Latina, lo llamó cuando asumió el cargo al frente del máximo organismo del balompié mundial, en 1974.

Cañedo ocupó más de dos décadas la vicepresidencia de FIFA, hasta poco antes de su muerte, 1997. También, entre múltiples cargos, presidió del comité organizador de los dos mundiales celebrados en México, 1970 y 1986.

El diario estadounidense The New York Times, uno de los más influyentes del mundo, publicó, el pasado jueves 26 de octubre, que una empresa filial de Televisa –el monopolio del entretenimiento más importante de habla hispana–  es investigada. Se le acusa de ser la operadora de transacciones millonarias con el máximo ente balompédico mundial,  para obtener la exclusividad de las transmisiones de cuatro copas mundiales de futbol: 2018-2030.

 

Se trata de Mountrigi Management group, filial de televisa en suiza. Con ayuda del empresario argentino Alejandro Burzaco canalizó millones de dólares en sobornos a Julio Grondona, responsable del comité de finanzas de la FIFA, hasta su muerte en 20014, escribe el diario.

Según la agencia noticiosa Reuters, en un despacho difundido el pasado 24 de noviembre, las acciones del gigante mexicano de medios Grupo Televisa caían ese mismo día más de un 3.0 por ciento, apuntando a su quinta semana de pérdidas, tras la divulgación en octubre de débiles resultados del tercer trimestre. Los títulos de Televisa descendían un 3.04 por ciento a 68.31 pesos, su menor nivel desde septiembre de 2013.

En las últimas cinco semanas los papeles acumulan una pérdida de casi un 25 por ciento. Las bajas iniciaron tras la divulgación de sus resultados del tercer trimestre a finales de octubre, en el que se evidenció una debilidad en sus ventas.

La crisis de la compañía de televisión y telecomunicaciones se agudizó desde que se dio a conocer la disminución de sus estados financieros al tercer trimestre de 2017, justo en la misma fecha que Emilio Azcárraga Jean anunció por adelantado su salida como director general de la empresa fundada por su abuelo, escribió el reportero Jenaro Villamil para la Agencia Apro –filial de la revista Proceso–.

Además, analizó, las acciones de Grupo Televisa disminuyeron después de conocerse que los despachos de abogados Bronstein, Gewirtz & Grossman y Rosen Law Firm fueron contratados por la compañía, propiedad de Azcárraga, para analizar posibles irregularidades cometidas en el pago de sobornos para lograr derechos de transmisión de partidos de futbol.

Tras conocerse las declaraciones del argentino Alejandro Burzaco, testigo clave en el escándalo conocido como el FIFAgate, las acciones de la televisora bajaron 0.62 por ciento en la Bolsa de Nueva York, agregó.

A este tétrico panorama se suma el homicidio de Adolfo Lagos, vicepresidente de Telecomunicaciones de Televisa, baleado –al parecer, accidentalmente por uno de sus guardaespaldas– el 19 de noviembre pasado, tras un intento de robarle su bicicleta en el Estado de México, uno de los más violentos del país, donde es originario el presidente Enrique Peña Nieto.

La confusa información sobre la responsabilidad de los guardaespaldas de Lagos y la incertidumbre en Izzi, la firma de televisión por cable e internet que dirigía el funcionario de Televisa asesinado, conforman un duro panorama para la situación del emporio de medios, remata Villamil.

“No se vale”, balbuceó el dueño de Televisa, vestido de luto, al referirse a éste crimen. Fue entrevistado tras la recepción, el pasado 20 de noviembre, en Nueva York, del International Directorate Emmy Award 2017.  Constituyó la edición 45 de esta famosa entrega de premios.

Los fiscales relacionados al caso de corrupción en la FIFA explicaron que Mountrigi, filial de una empresa gigante de telecomunicaciones, en Latinoamérica, había pagado sobornos por derechos de transmisión.

“He seguido de cerca el sector durante dieciocho años y nunca había oído hablar de” la empresa, señaló Frank Dunne, editor de TV Sports Markets, un respetado boletín informativo de la industria, en referencia a Mountrigi Management Group.

Dicha compañía pagó cerca de 190 millones de dólares para conseguir las transmisiones de los mundiales de 2018 y 2022, precisó Dunne, alrededor de tres mil 600  millones de pesos. Que se entenderían hasta 2030.

Los detalles del arreglo inusual aparecieron por primera vez en un acuerdo declaratorio, que involucraba a una empresa acusada en la pesquisa encabezada por Estados Unidos, y surgieron de nuevo cuando las autoridades suizas acusaron este octubre al exsecretario general de la FIFA, Jérôme Valcke, de haber aceptado sobornos a cambio de contratos lucrativos de televisión.

Tras el escándalo de corrupción en el que se vio envuelta la FIFA, no sólo ha cambiado el formato de los mundiales desde el año 2026, sino que también fueron remplazados todos sus dirigentes.

Hasta el momento no se han dado detalles de su relación con Mountrigi, empresa que junto a Televisa se negaron a dar información sobre dichas implicaciones.

Pocos días después de la nota del NYT, en una nota difundida por el diario El Financiero, Grupo Televisa se deslindó de responsabilidad alguna en torno al caso FIFAgate.

Esta información coincide  con el anuncio que Emilio III, de 49 años, dejará el cargo de director general de grupo televisa, puesto que ha ostentado durante 20 años, aunque se mantendrá al frente de la empresa. En su lugar llega una dupla: Alfonso de Angoitia, vicepresidente y jefe de finanzas de la empresa; y Bernardo Gómez, que supervisa la división de noticias y las relaciones gubernamentales de televisa, dirigirán la compañía como co-presidentes ejecutivos.

En gran parte de América, el futbol se sigue con una devoción casi religiosa –“única que no tiene ateos”, decía en vida Eduardo Galeano, escritor Uruguayo– lo cual vuelve extremadamente lucrativo el contrato de Mountrigi, ya que involucra los derechos de transmisión para dieciséis naciones.

No obstante, hasta que se dieron a conocer las investigaciones sobre corrupción en el seno del futbol a nivel mundial, en mayo de 2015, muchas personas dentro de la industria desconocían de la diminuta empresa, integrada por tres personas, que parece haber encontrado una mina de oro en su acuerdo con la FIFA.

Para llegar a este acuerdo con la FIFA, Mountrigi recibió el apoyo de Alejandro Burzaco, un empresario argentino. Según varios testigos, que tienen conocimiento de las negociaciones, pidieron mantener el anonimato al no estar autorizadas a dar declaraciones.

El año pasado, Burzaco se declaró culpable de haber sobornado a dirigentes del futbol a cambio de que la empresa que presidía obtuviera los derechos de transmisión de los torneos más importantes de la región. La empresa, Torneos y Competencias, accedió a pagar 112,8 millones de dólares para llegar a un acuerdo con el Departamento de Justicia estadounidense.

En los documentos de los tribunales relacionados con la admisión de culpa de Torneos y Competencias, los fiscales señalaron que una de las filiales de una de las mayores televisoras de Latinoamérica –con Fox Sports– había ayudado a pagar millones de dólares en sobornos para obtener los derechos para transmitir en Argentina, Paraguay y Uruguay los próximos cuatro mundiales.

Mountrigi, la filial de Televisa, fue la que recibió esos derechos y de inmediato se los vendió a Burzaco.

Televisa negó el año pasado algunos sus empleados o los de Mountrigi, hayan “hecho ningún pago indebido a funcionarios de la FIFA relacionados con la adquisición de derechos de transmisión de partidos de futbol”.

Los derechos en cuestión también están siendo investigados en Suiza, donde las autoridades señalaron que un empresario anónimo había sobornado al exsecretario general de la FIFA Jérôme Valcke a cambio de “otorgar los derechos de transmisión a ciertos países para los mundiales de la FIFA de 2018, 2022, 2026 y 2030”.

Los derechos de Mountrigi, y los que fueron cedidos a Torneos y Competencias, son los únicos que corresponden a los descritos en la denuncia suiza.

Niclas Ericson, ejecutivo de la FIFA responsable de la división de televisión en esa época, no respondió a una solicitud para obtener mayor información.

El abogado de Burzaco, Sean Casey, se rehusó a comentar al respecto cuando se le preguntó si su cliente era el empresario anónimo acusado en Suiza. La oficina del procurador general de Suiza señaló que no podía hacer comentarios.

Los suizos también acusaron al empresario catarí Nasser al-Khelaifi, presidente del club francés de futbol Paris Saint-Germain –quien saltó a la fama tras lograr el traspaso de Neymar del Barcelona al club galo, en 222 millones de euros– de haber sobornado a Valcke a cambio de un paquete por separado, que incluía los derechos de transmisión de los Mundiales de 2026 y 2030.

Al-Khelaifi, quien niega las acusaciones, se reunió con los fiscales suizos el 25 de octubre.

Desde que se expuso a un poderoso grupo de empresarios brasileños y argentinos, algunas de las empresas más grandes del mundo dedicadas a los derechos de transmisión deportiva, entre ellas WME-IMG y Lagardère Sports and Entertainment, han logrado incursionar a un mercado que había estado cerrado para ellas durante décadas.

Además de los derechos que vendió a Torneos y Competencias como parte del acuerdo con Burzaco, Mountrigi no ha firmado acuerdos en ninguno de los otros territorios que tiene en su poder para los eventos de 2026 y 2030.

Quiere decir que la empresa puede generar más ganancias de las que planeó a partir de la expansión del mundial y de un posible torneo con Estados Unidos, México y Canadá como anfitriones en 2026. Conformaron una especie de TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte) del balón. Al que, en principio, no se opone que el presidente Donald Trump.

En caso de que los tres países organicen el mundial, de nuevo en el caso de México, televisa será la más beneficiada, aunque sólo se disputen 10 encuentros en nuestro país, como sucedió con los mundiales de 1970 y 1986.

El presupuesto nacional al servicio de la dinastía Azcárraga.

Para la FIFA, cuyos ingresos superiores a cinco mil millones de dólares dependen en un 90 por ciento de las copas celebradas cada cuatro años, el acuerdo de transmisión podría salirle caro.

“Han expandido el mundial y no tienen la oportunidad de acceder a un valor incremental en todas las áreas en las que ese valor es probable que genere un gran ingreso”, mencionó Dunne.

El pasado 14 de noviembre, el FIFAgate, tomó un giro inesperado. Se suicidó, en Argentina, Jorge Alejandro Delhon, ex directivo del programa gubernamental Futbol para Todos de canales deportivos locales. Habría sido  vinculado en la trama de sobornos entre la FIFA y diversas cadenas de televisión de Sudamérica.

Fútbol para Todos. 

De acuerdo con el diario Clarín, Delhon se arrojó a las vías del tren en Lanús. Fuentes policiales confirmaron al medio argentino que se trató de suicidio, pues también se tiene la declaración del conductor, quien vio al también abogado correr hacia las vías.
La policía de la provincia halló entre sus pertenencias una nota que decía: “los amo, no puedo creer”. Delhon tenía 52 años, era padre de cuatro hijos y había sido contratado por la Jefatura de Gabinete del gobierno de Cristina Kirchner en 2012.

Burzaco también declaró en contra Grondona, y Pablo Paladino, coordinador del programa de gobierno Futbol para Todos.

Junto con Delhon, los funcionarios habrían recibido cuatro millones de dólares.

De acuerdo con un cable de la agencia noticiosa española EFE, fechado el 13 de noviembre, tres exdirigentes de la FIFA se enfrentaron hoy en Nueva York a su primer día de juicio por haber aceptado presuntos sobornos en el esquema de corrupción conocido como FIFAgatey por el que fueron imputados en Estados Unidos 42 miembros de ese organismo internacional.

El brasileño José María Marín, expresidente de la Confederación de Futbol de Brasil; el paraguayo Juan Ángel Napout, expresidente de la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol) y el peruano Manuel Burga, su homólogo en Perú, ocuparon hoy el banquillo de los acusados en la corte federal para el distrito este, en Brooklyn.

Marín, de 85 años, Napout, de 59, y Burga, de 60, libres bajo millonarias fianzas desde su arresto, son los únicos que han decidido ir a juicio de entre los 42 acusados, entre personas y entidades, de corrupción y de beneficiarse de la venta de los derechos televisivos de competiciones como la Copa América.

Los exdirigentes, que han insistido en su inocencia, optaron por ir al juicio presidido por la jueza Pamela Chen, que está a cargo de todos los procesos contra los exlíderes del futbol internacional.

“Los tres acusados engañaron al deporte para llenar sus bolsillos con un dinero que debería haberse usado para beneficiar al juego”, algo que hicieron “año tras año y torneo tras torneo”, según afirmó la fiscal Keith.

Pestilencia del balón a los pies de Emilio Azcárraga Jean.

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