Los profesionales del libro muestran su preocupación en la Feria de Fráncfort, la cita más importante de la industria editorial, por los efectos de una posible independencia de Cataluña

No hay conversación en la que esté presente un editor, agente literario o autores españoles en la 69ª edición de la Feria del Libro de Fráncfort en la que la primera frase con su homólogo internacional no sea una pregunta sobre cómo va el enfrentamiento entre Cataluña y España por el proceso independentista. E, inmediatamente, por lo general la estupefacción de interlocutor foráneo porque, opiniones políticas al margen, el sector internacional teme que Barcelona deje de ser la capital mundial de la edición en lengua castellana.

En un guiño tragicómico, la elegante caseta que por tercer año presentan conjuntamente la Generalitat y el Ayuntamiento de la capital catalana reza en letras negras y azules: “Cataluña, tierra de libros; Barcelona, ciudad de literatura”, a escasos metros del Grupo Planeta, séptimo de la lista mundial, que el pasado lunes ratificó su trasladado de sede social y fiscal de Barcelona a Madrid.

A apenas un par de metros, frente a frente a este, se halla Penguin Random House Grupo Editorial, de Bertelsmann (cuarto del mundo), que hace 48 horas vino a decir que haría lo propio de hacerse efectiva la independencia de Cataluña. Los dos grandes grupos que pugnan por la hegemonía del mercado en español… desde la capital catalana.