Por Tamara Trottner

“Si no quieres que algo termine, no permitas que comience….”

Frase de una preciosa película que acabo de ver. Y… me pregunto…
Nunca permitir que algo comience implicaría no intentar siquiera dar el primer respiro.

Cuántas veces he buscado hacer más lenta la lectura de un libro, para saborear esas últimas páginas letra a letra… despacito, guardando los póstumos párrafos para el día siguiente. No quiero que el libro termine, pero el no haber comenzado a leerlo haría que hoy José Arcadio Buendía no fuera parte de mi historia, no tendría, a ratos, ese sentimiento de compasión por Raskolnikov, no conocería el sabor salado de esa lágrima derramada cuando la serpiente muerde el tobillo de mi adorado niño de cabellos del color del maíz. Si no hubiera abierto esa primera página hoy no soñaría con revolcones entre flores de Cempasúchil, con un axolotl que me observa a través de una pecera, con aquél jardín de senderos que se bifurcan.

De no haber entrado a esa primera clase de yoga hoy no conocería la devoción que me desborda cuando digo namasté.

Si no hubiera decidido ser madre ¿quién llenaría mi vida de orgullo, del más profundo amor y el más intenso placer?

Todo lo que existe tuvo un comienzo, a veces fortuito y otras como resultado de una elección hecha en plena consciencia. Nos atrevemos a empezar.

¿Qué hubiera pasado si no me decido a comprar a Tash, mi amado perro que me ha acompañado durante quince años en tantos paseos por los recovecos de la vida? Hoy no estaría sufriendo su vejez, su cercana partida. No despertaría en medio de una pesadilla pensando que ya nunca más va a lamer mis lágrimas. No, no sufriría su partida, porque jamás hubiera disfrutado su amor incondicional.

No empieces aquello que no quieres que termine… en general no queremos que terminen las cosas, excepto las que nos hacen sufrir.

Pero cada final trae un nuevo principio y, si no, al menos deja el recuerdo de lo vivido, lo que ya nunca, nadie nos puede arrebatar. Porque hay algunas luces que se acurrucan para siempre en el alma.

Si no quieres que algo termine estas perdiendo la oportunidad de empezar, quizá, la aventura más asombrosa de tu vida, el amor más intenso, el aprendizaje más enriquecedor, la amistad más bella… perder la vida por temer la muerte.

No. No hace sentido.

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