Por Alvaro Gordoa

Por favor responde con sinceridad: ¿en qué piensas al escuchar la palabra México?… y te pido que respondas con sinceridad, pues normalmente se nos viene a la cabeza lo que nos han enseñado que debemos responder al pensar en nuestro país: alegría, tradición, cultura, folklore, unión, etcétera.

Más que pensarlo, te pido ahora que sientas. ¿Qué sientes al día de hoy por tu país? ¿Orgullo, felicidad, pertenencia o más bien sentimientos como tristeza, miedo y decepción?

Dentro de los terrenos de la imagen pública se estudia el Branding, que no son más que todas las estrategias que provienen de la Mercadotecnia para hacer o desarrollar una marca y generar lealtad e inclusive amor hacia la misma. Dentro de estas estrategias están el naming (nombre con el que se bautiza el producto), la identidad corporativa (colores, logotipos y sus aplicaciones), el posicionamiento (la delimitación y conocimiento de la audiencia consumidora) y el desarrollo de valor (publicidad, propaganda, promoción y estrategias para generar lealtad). Todas enfocadas a la mente emocional y a despertar en ella sentimientos positivos.

En un estudio realizado a nivel doctoral por el Colegio de Imagen Pública, resultó que, en el 2017, al pensar en México, el 93% de las personas sienten miedo, inseguridad y decepción; aunado al tan sobado “amor por México” que desde pequeños nos han obligado a sentir. ¿Pero qué pasa cuando alguien a quien amas te decepciona? El sentimiento resultante es la tristeza y su consecuente dolor. Por lo tanto, podemos concluir que actualmente México es una marca devaluada. Una marca que no genera sentimientos de pertenencia, lealtad y mucho menos de orgullo.

¿Qué se puede hacer?

 No pretendo hablar de civismo, sino de respeto de las leyes, verdadera solidaridad y de no ser conformistas; exigirle a nuestros gobernantes estas mismas cualidades, que es lo que verdaderamente nos sacará adelante como nación. Sencillamente haré una propuesta tan básica de branding que si esto fuera el caso de un producto rayaría en lo obvia: adueñémonos de nuestros símbolos y usémoslos de manera repetida.

¿Acaso no sentiste orgullo y pertenencia en enero que ganó Trump, cuando muchísimos pusimos la bandera en nuestro Whatsapp y redes sociales? O qué tal cuando estás de vacaciones o inter­cambio y te topas un mariachi o alguien con la playera de la selección… ¡El orgullo aflora!

Pero date cuenta de cómo tristemente solamente en el mes de septiembre es cuando a los mexicanos nos germina esta semillita de orgullo nacional, pero rápidamente se nos extingue, pues nuestros símbolos pasan rápidamente a ser reemplazados por adornos de Halloween y la cada vez más adelantada Navidad.

Resultado de imagen para lollapalooza styleLos símbolos son la forma de materializar los sentimientos para poder generar valor de marca. Es la manzana de Apple pegada en la cajuela o la “fina” LV que se repite en bolsas o se convierte en hebilla. Nuestra bandera debería repetirse como las barras y las estrellas se repiten en el porche de prácticamente cada casa del midwest estadounidense, o en los tanques de las motocicletas del sur o los diminutos trajes de baño de California. Acabo de estar en Chicago en el festival de Lollapalooza y era impresionante cómo, en plena crisis de imagen y orgullo nacional por culpa de su presidente, los gringos seguían ondeando bandera en forma de shorts, paliacates y tank tops.

El problema es que por una ley que lleva más de 25 años promulgada, se nos prohíbe utilizar los símbolos patrios. ¡En México se castiga al orgullo nacional! A Ana Guevara y Julio César Chávez se les ha multado por portarla en sus triunfos, así como a Luis Miguel por usarla en sus conciertos o a Paulina Rubio por posar sexy con ella. ¡Vaya!, inclusive a Taboo de los Black Eyed Peas, quien ni mexicano es, pero se siente orgulloso de sus orígenes, cuando ganó su primer Grammy y subió a recibirlo con una chamarra que tenía en la espalda la bandera mexicana ¡Y la Secretaría de Gobernación lo quería multar!

¿Si usted dirigiera Coca Cola o Nike prohibiría a sus consumidores que lucieran sus emblemáticos logotipos? Por lo tanto, podríamos empezar a levantar el valor de la marca a través del uso repetitivo de nuestros símbolos patrios como esa materialización del cada vez más ausente orgullo nacional.

¡VIVA MÉXICO!