“He visto que las niñas no reciben iguales oportunidades que los niños. Mi padre y muchos padres decidieron luchar para mandarnos a la escuela, pero todo cambió con el extremismo (en Paquistán) que negó la libertad a las mujeres. Se destruyeron las escuelas de niñas en nombre del islam”, así habló Malala Yousafzai ante el auditorio lleno del Tec. de Monterrey, Campus Santa Fe, el pasado 31 de agosto.

La activista paquistaní, premio Nobel de la Paz, señaló la verdadera discriminación que sufren las mujeres en su país de origen, Pakistán. Al preguntarle cómo lidiaron con eso ella y su familia, Malala respondió: “Yo tenía solo 10 años y fue un shock, porque éramos de las pocas niñas con acceso a la escuela y nos fue negado. Pensé que era el final de todos mis sueños, sabía que las mujeres tienen muchos desafíos que no pueden superar sin educación. Sí, una mujer debe poder casarse y tener hijos, pero por decisión propia y no por imposición de la sociedad. Yo estoy luchando por un mínimo de doce años de educación. Voy a entrar a Oxford. Esa es la preparación que toda niña y mujer merece.”

Malala enfatizó que mujeres de muchas sociedades ni siquiera saben que lo merecen porque están acostumbradas a vivir discriminadas. Cuando se le preguntó la razón por la que se le considera una inspiración para miles de niñas en el mundo, respondió: “Mi padre no cortó mis alas y me permitió volar.” Sentado en primera fila, su padre agradeció la ovación del público cuando su hija lo reconoció públicamente.

Dirigió un mensaje contundente a cada uno de los presentes: “No importa si eres mujer, hombre, niño o adolescente; te necesitamos, el mundo te necesita para cambiar a tu comunidad. Sigue tus sueños, cree en ti mismo. No estoy preparada para los reflectores, pero es importante no ser tímida ni dudar al dar mi mensaje. Han tratado de silenciarme, pero no pudieron, fallaron.”

Tendría la talla, sin embargo, no está en sus planes la política, al menos por el momento: “He conocido a primeros ministros y presidentes y no me gustaría serlo. Para ser primer ministro debes tener al menos 35 años, hay mucho tiempo para eso.”

Destaca la importancia de la labor de las personas comunes en esta cruzada por la equidad cuando se le pregunta quién la inspira: “Muchos líderes en la Historia han logrado cambios, pero esos jóvenes que hacen algo por su comunidad me inspiran también.”

Sobre el valor de la mujer, no vaciló al afirmar: «Hay que aceptar que hombres y mujeres son iguales, pero tenemos que aceptar que las mujeres son más poderosas.» El evento concluyó con una ronda de preguntas y respuestas.