Por Dolores Carbonell

Lo que desincentiva la lectura no es la pereza, sino toparnos con aburridísimas notas de prensa, caóticos sitios Web o contenidos sin emoción ni sentimiento.

El decir popular asegura que “la gente no lee”, y que por esa razón hay que usar pocas palabras y muchas fotos y dibujitos.

No obstante, yo voy a salir en defensa de la lectura, porque me consta que las personas sí leemos cuando algo nos interesa, como en los siguientes casos:

  • Cuando deseamos informarnos sobre un tema candente o relevante.
  • Cuando debemos decidir qué carrera nos conviene estudiar.
  • Cuando se trata de investigar un tema que nos apasiona; entonces devoramos lo que encontramos en libros, Internet u otros medios.

Aunque quizá las cifras hayan sido ya superadas en este 2017, basta observar los resultados de dos encuestas realizadas en 2015 para descubrir que la gente lee más de lo que pensamos. Los datos que arrojan ambas investigaciones son significativos e indican que, basura o no, las personas leemos libros, revistas y periódicos quizá más que nunca.

Otro hallazgo es que el 59% de las personas compra libros, a pesar de que las descargas gratuitas en medios electrónicos crecieron un 11.6%.

De acuerdo con la Primera Encuesta Nacional sobre Consumo de Medios Digitales y Lectura, aplicada a jóvenes de entre 12 y 29 años y universitarios, 8 de cada 10 jóvenes gustan de la lectura y leen principalmente a través de sus teléfonos celulares.

Se está registrando un mayor acercamiento a la lectura por elección propia. Esta ya no es concebida únicamente como el consumo de libros de contenido literario.

Es un hecho que hoy tenemos una capacidad de elección sin precedentes con respecto a los contenidos que podemos leer. Lo cual significa que se modifican los accesos a la información y los hábitos de consumo de noticias, literatura y cualquier clase de mensajes, pero no se confirma la creencia popular de que la gente no lee.

Lo que sucede es que muchas personas abandonan la lectura cuando se topan con páginas Web mal hechas y caóticas; con notas de prensa que no supieron captar la atención desde su encabezado o sus primeras líneas; con contenidos poco claros y mal escritos; con documentos que no son lo que prometen; con mensajes que buscan vender a la primera de cambio, sin responder a las necesidades del lector; y un largo etcétera.

En conclusión, las personas sí leen si logras interesarlas, si tocas sus fibras sensibles y estableces una narrativa que responda a sus inquietudes.

Al final, somos palabras

Los seres humanos somos esencialmente palabras, lenguaje y comunicación (aun en la era digital). Como ha señalado César Antonio Molina, columnista del diario español El País: “Nuestra inteligencia es lingüística, pensamos con palabras. Con palabras nos comunicamos y son ellas las que organizan nuestras propias acciones. Solo pienso en la medida en que soy capaz de expresar mi pensamiento en palabras: interiormente o hacia los demás. Pretender sustituir la palabra por aparentes equivalencias no es sino una forma falaz y taimada de empobrecer nuestra inteligencia”.

Existen pruebas científicas de los beneficios de la lectura:

  • Resultados de resonancias magnéticas revelan la alta conectividad que se produce en el cerebro y en el área asociada al lenguaje mientras leemos un libro.
  • Neurólogos recomiendan a sus pacientes mayores la lectura diaria en voz alta como un camino probado para mejorar su memoria y estado de alerta.
  • Estudios, como el de un equipo de neurocientíficos de la Universidad de Emory, en Atlanta, señalan que la lectura reduce el estrés y aumenta la inteligencia emocional, al igual que el desarrollo psicosocial, el autoconocimiento y la empatía.
  • Entidades como School of Life, centro londinense de biblioterapia, prescriben libros para ayudar a superar conflictos como la ruptura o el duelo.

Que leemos mucha basura y que quizá hoy lo hacemos más que nunca, también es cierto. Pero dadas las evidencias, prefiero mil veces a un fan del Libro Vaquero (siempre habrá la posibilidad de que su entrenamiento en la lectura lo lleve eventualmente por mejores caminos de calidad literaria) a alguien que no puede sentarse cinco minutos a leer una historia y que anda por la vida sin entender bien a bien a su prójimo porque lleva a cuestas un vocabulario de apenas 300 palabras.

Compartimos la frase de la actriz y cantante Leonor Watling: “Leer siempre me ha parecido un superpoder”, porque tiene toda la razón.

 

 

Fuente: medium.com