Por Fabiana Santos

No he leído todos los libros de psicología infantil, ni he tomado ningún curso de cómo evitar/interrumpir/acabar con el berrinche de un niño.

Pero quisiera compartir contigo una “fórmula” que aprendí de una experiencia personal relacionada con mi hija de cinco años para que logres cambiar el rumbo de las cosas cuando tu hijo insiste en hacer un drama por cualquier cosa.

Antes que nada, necesito contarte una historia. Cuando mi hija entró a la guardería estaba algo ansiosa y su comportamiento terminó saliéndose de control en casa: hacía drama por cualquier cosa.

Por indicación de la escuela buscamos una psicóloga infantil para que Alice pudiera hablar sobre lo que estaba sintiendo y así las cosas pudieran calmarse.

Entre los varios consejos que la psicóloga Sally Neuberger dio, hubo uno que me pareció fantástico a pesar de ser simple, y es exactamente lo que me gustaría contar aquí.

La psicóloga me explicó que necesitamos lograr que el niño se sienta respetado, en el sentido de dar valor a lo que él está sintiendo. Y así, a la hora de una crisis, sea por el motivo que sea, un niño a partir de los 5 años necesita ser atendido, es decir, pensar y encontrar la respuesta a lo que le está sucediendo.

La valoración que hacemos de lo que le está pasando al niños, así como el hecho de incluirlo en la solución del problema, desarma la creación del berrinche.

Cuando el niño empieza un berrinche – sea porque el brazo de la muñeca se salió de su lugar, porque tiene sueño, porque algo no salió como quería, porque no quiere hacer la tarea o por el motivo que sea, podemos hacerle la siguiente pregunta, mirándolo a los ojos y con bastante calma: “¿Este es un problema grande, un problema mediano o un problema pequeño?”.

Esos momentos que mi hija dedica a pensar en lo que sucede a su alrededor, por lo menos aquí en casa, se volvieron mágicos. Y cada vez que le hago esa pregunta ella responde y encuentra la manera de resolver el problema a partir de su percepción de la posible solución.

Un problema pequeño suele ser rápido y fácil de resolver para el niño; el que considere mediano, muy probablemente será resuelto, pero no de forma instantánea, y entenderá que hay problemas que necesitan un mayor esfuerzo para ser resueltos. Si un problema fuera grave –grave para el niño, aunque a los demás le parezca tonto– tal vez requiera más conversación y atención para comprender que hay cosas que no simplemente no salen como uno quiere.

Podría citar los casos en los que he hecho esta pregunta últimamente. Uno de ellos fue a la hora de escoger la ropa para ir a la escuela. Aquí no llevan uniforme y muchas veces mi hija monta una escena para escoger cómo vestirse, especialmente ahora en que es necesario llevar ropa de frío.

 

Fuente: Aleteia