Por Arq. Alejandro Robles Arias

En los antiguos teatros griegos los actores se colocaban una máscara que servía para acentuar la emoción que deseaban expresar, así como amplificar su voz. Proposon era el nombre de dicha máscara, palabra que evolucionó a persona. Podemos decir que al utilizar la máscara, la persona adquiría un personaje a representar en la obra.

Por ende se puede razonar que hoy en día nosotros, las personas, desempeñamos un papel en la máxima obra que es la vida misma. La pregunta evidente sería: ¿Cuál es tú papel?

El teatro ha logrado transmitir al público sentimientos a lo largo de los siglos, de modo que aún podemos asistir a la representación de una realidad cotidiana o alguna comedia que nos hará pasar un buen rato. 

Sin embargo, existen aquellos que han visto en la encarnación de un personaje la ocasión de sacudir conciencias e ir un paso más allá: darle al público la posibilidad de sentir las difíciles circunstancias a las que muchos se ven forzados a enfrentar.

Tal es el caso del periodista alemán Günter Wallraff que se disfrazó literalmente, de la parte más vulnerable de su sociedad: los inmigrantes. 

La situación que vivían los inmigrantes ilegales en la Alemania de los años ochentas era terrible. Wallraff dio fe de ello a través de múltiples investigaciones y entrevistas, no obstante, se percató que nunca había vivido esas condiciones, así que creo que un personaje ficticio de nombre Alí para poder hacerlo. 

Cabeza de Turco, es el libro que resultó de las experiencias que vivió bajo ese personaje alterno. El relato comienza con la confección del personaje de Alí y los elementos que lo conformarían: una peluca, cambios de ropa, dejarse el bigote, lentes de contacto obscuros y hablar un alemán trabado. 

Con este cambio llegó su primera sorpresa: la invisibilidad a la que los inmigrantes se ven sometidos, ya que jamás lo descubrió un alemán. Revelando una sociedad que no se tomaba verdaderamente el tiempo de atender a un inmigrante. Su libro consiguió darle voz a los que nunca eran tomados en cuenta.

No tardó en experimentar los constantes insultos en las calles, exclusión y deplorables condiciones de trabajo a las que cualquier inmigrante ilegal se veía forzado a vivir. 

Humano de prueba para farmacéuticas o el reclutamiento de ilegales para la limpieza de una avería nuclear fueron algunos de los trabajos de los que pudo dar testimonio. Cambiaban los jefes, pero las condiciones siempre eran las mismas y cuando ocurría algo malo no les costaba remplazar a la gente: una esclavitud moderna. 

El impacto del libro fue inmediato con más de 2 millones de copias vendidas en pocos meses. Sensibilizó con sus historias a gran parte de la población, logrando llevar el tema al Parlamento con la consiguiente modificación de leyes e instrumentos para mejorar las condiciones de los inmigrantes.

La narrativa de Günter Wallraff logra ponernos en los zapatos de todos aquellos personajes que nadie veía y otórgales la humanidad que les es desposeída a diario. 

Presentar las historias de los vulnerables, aquellas victimas de la violencia o la discriminación, cobra una importancia inusitada en tiempos donde todo aquel con pinta diferente es rechazado. Ahora, más que nunca, importan esas historias que nos permitan reflejarnos en el otro. 

Desgraciadamente de este lado del mundo la situación de cruzar una línea divisoria sin papeles sigue siendo motivo de discriminación e invisibilidad de seres humanos.

Al igual que nos indigna el trato que se le da a muchos de nuestros connacionales en Estados Unidos debemos mirarnos al espejo y pensar el calvario que muchos sufren al cruzar nuestro país.

Nunca debemos olvidar que las identidades nacionales son construcciones abstractas, que nunca deben estar por encima del estatus de seres humanos que todos tenemos y por ello jamás habrá una “superior” a otra. 

Juan Villoro dice que el mayor enigma es la persona que tenemos a nuestro lado, así que démonos la oportunidad de conocer y entender las posturas y circunstancias de aquellos a los que terriblemente se ven como los “extras” de las sociedades modernas.

A ningún mexicano le es ajeno la existencia de los constantes insultos y burlas que se les dan a muchas personas por su color de piel, origen étnico, clase social e incluso con ciertos trabajos.  

Abordar el problema de la discriminación es tarea de todos. Entendamos que al igual que una puesta en escena, todos los roles importan y si uno flaquea la obra entera se viene abajo. Asumamos el papel que estos tiempos demandan. Seamos las personas que nuestra sociedad necesita.

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