Desde el inicio de los tiempos existían sanadores, curanderos o parteros; cualquiera que fuese el sujeto que se ocupara de proveer bienestar y cuidados a sus iguales enfermos ha practicado un noble oficio marcado por una vocación de servicio.

Por Dr. José Manuel Mier Odriozola

Lo que hace que el médico sea uno de los pocos profesionales que tengan la capacidad de trabajar haciendo lo que le gusta.

El conocido libro de Taylor Caldwell, Médico de cuerpos y de almas, cuenta la vida de San Lucas, más específicamente en cómo este médico se encargó, no solo de tratar enfermedades físicas sino también las almas de sus pacientes. De igual manera, la Sátira X del cómico Juvenal en las épocas romanas había revelado la importancia que tiene el balance entre nuestra parte física y el intangible ser que llevamos dentro: “mente sana en cuerpo sano”.

Se habla mucho de la deshumanización de la medicina y desde cierta perspectiva tienen razón. Los sistemas públicos de salud en casi todas las partes del mundo se han centrado en intentar ofrecer un servicio masificado y sobresaturado, y limita o incluso elimina la relación médico-paciente. Por otro lado, la medicina privada tampoco ayuda mucho, en muchos casos los propios médicos categorizan a sus pacientes de acuerdo a su póliza de seguro.

De igual manera, los médicos deben especializarse cada vez más. La medicina es tan amplia, la información tan vasta y las actualizaciones tan rápidas que es prácticamente imposible que un médico sea experto en todas las áreas. El tiempo se le va en actualizarce y muchas veces se olvida del conocimiento que pertenece a la esencia misma de ser médico.

Por ello, quiero hacer la siguiente reflexión, ¿quién es el médico más completo? A mí me gusta compararlo con una silla. Para que una buena silla sea funcional, duradera y valorada debe tener cuatro patas. El médico ideal es igual, tiene cuatro patas que lo sostendrán y darán firmeza en su trabajo:

  1. Asistencia. La premisa más importante del médico es la de poder asistir, diagnosticar y tratar las enfermedades de sus pacientes. En esto se han centrado las universidades de muchas partes del mundo, pero el médico que solo cultive esta área se acabará convirtiendo en un prestador de servicios… y así lo verán sus propios pacientes.

  1. Docencia. Es fundamental trasmitir el conocimiento a las generaciones siguientes y ofrecer respeto a aquellos que se tomaron el tiempo de enseñarnos lo que sabían. Así lo dejó escrito Hipócrates en su famoso juramento: “Venerar como a mi padre a quien me enseñó este arte, compartir con él mis bienes y asistirles en sus necesidades; considerar a sus hijos como hermanos míos, enseñarles este arte gratuitamente si quieren aprenderlo; comunicar los preceptos vulgares y las enseñanzas secretas y todo lo demás de la doctrina a mis hijos, a los hijos de mis maestros, y a todos los alumnos comprometidos”.

 

  1. Investigación. Enseñar no es suficiente, si solo enseñamos estaremos trasmitiendo conocimientos que se volverán obsoletos con el tiempo, por ello además de enseñar hay que investigar y crear nuevos conocimientos.

 

  1. Obra Social. La esencia misma de ser médico se resume en que es una vocación de servicio. Si le preguntas el por qué estudian medicina a los jóvenes estudiantes de recién ingreso, la mayoría de ellos responderán “para ayudar a los demás”, pero ¿qué pasa en los años siguientes? Algunos cambian de parecer. Creo que esto sucede porque tanto los médicos como la sociedad en general han perdido el objetivo principal de la vida: amar y alcanzar la felicidad. Para un médico con vocación debería de ser muy fácil ser feliz, en su labor diaria tiene la oportunidad de hacer el bien constantemente.

El médico que esté sentado en una silla de cuatro patas, las cuales estén bien fortalecidas, será capaz de afrontar su profesión de mejor manera, esto se traducirá en mayor satisfacción y, por tanto, en mayor felicidad.