Un recorrido por el inconsciente colectivo más inconsciente.

Por Ricardo Pineda

Los marqueteros son una de esas estirpes extrañas, mentes a veces sumamente creativas e ingeniosas que terminan sirviendo al lado oscuro, en aras de hincharse los bolsillos y hacer más grande el imperio del capitalismo, ese del que todos renegamos y mamamos deliciosamente a partes iguales. Vender, vender, por encima de todo, parecen decir los millones de comerciales que nos hemos soplado por siglos, ya sea en forma de cupones, convencimiento verbal o, peor aún, jingles televisivos.

Quien haya crecido y hecho la tarea con la televisión al lado, seguro tiene esa enfermedad que implica ir por un antigripal y subvocalizar un «adiós a la gripa en un, dos, por tres», sin siquiera tener que ver la cajita del XL 3.

Es espantoso saber que dentro de nuestros recuerdos de infancia más sagrados, ahí donde habitan juntos el rostro de la abuela o el primer beso, se albergan cosas del calibre de «huele a pollo, sabe a pollo… es de pollo», «póngale lo sabroso», «entre el zapato y el pantalón está el detalle de distinción» y un kilométrico chorizo de jingles que han forjado, nos guste o no, la forma en la que consumimos.

A la publicidad le gusta explotar cualquier cosa que tenga el mínimo de valor dentro de la vida humana con tal de incrementar las ventas. No importa qué filiación ideológica tengas, a qué religión pertenezcas o cuáles sean las cosas más sagradas en las que creas. Desde hace miles de años, cuando los egipcios conocían el arte de embaucar para que les compraras, hasta los tiempos del marketing digital, la mercadotecnia siempre ha tenido una de sus mejores armas: el jingle. La música, carajo, la música.

Rolas de la infamia que se pegan en la psique y primero mueres antes que salgan del inconsciente colectivo. México ha consumido grandes cantidades de rolas que se insertan en la cultura. Pésimas, chafas, malas. Y sin embargo… ¡ay, qué rico!

No todos nos vimos vivos como Los Dynamite como para darle shut down al comercial de Telcel y tener un mejor recuerdo de tu pequeño one hit wonder. Pero la posteridad mexicana la recordará, como cientos, como miles… como recordará estas diez perlas marqueteras:

1. Bacardí – «Agarra la jarra»

México tardó un ratote en agarrar la onda de que la modernidad implicaba también el ser aspiracional en todo momento y renegar de lo que uno era. Por eso todo nos llegaba tarde, por eso las ganas de ser Berlín siempre se amorenan. Pero la vida antrera ya iba agarrando vuelo y logramos poner de moda el ron: que la vida nocturna y sórdida fuera cool.

A finales de los setenta y principios de los ochenta, vender vicio en la televisión era bien visto. No había nada mejor que tomarse una cubita sudada e invitar a Paty, la secre del patrón, a echarse unos quiebres al Centro, con unas rolas de los grupos de moda, prominentemente provincianos en su mayoría.

«Agarra la jarra» era una rola original de Los Audaces del Ritmo, en donde el mensaje era claro: «chupa para que estés en onda y puedas gozar». Quién mejor que Bacardí para agarrarla como bandera. Obvio hoy eso ya no se puede hacer. Agarrar la jarra es una expresión de tío briago a la mala, de exceso decadente y todo menos «de onda». Sin embargo, cada que vemos el comercial se nos antoja un tubito con hielos pa’ la caminera.

Bien jugado por el genio publicitario Isaac Chertorivsky, quien hiciera algunos de los mejores comerciales para Bacardí.

2. Herdez – «El Sinaloense»

Hubo un momento en el que Herdez era amo y señor dentro del mundo de la publicidad por fundir tres elementos clave: las canciones de moda, la identidad gastronómica mexicana y el imaginario popular.

«El sinaloense» es una canción altamente popular en el universo vernáculo mexicano. La versión más famosa proviene de la primera generación de La Banda El Recodo, décadas antes de que el narco transformara la gamuza de sus trajes en lentejuelas multicolor.

Esta apoteosis musical de machismo local data de 1943 y se transformó para servir de jingle en uno de los comerciales más vistos de los noventa en nuestro país, multipremiado y súper antojable. La palabra chilito, con imágenes de salsas y tacos, nos hacían olvidar el maldito sabor del envasado al vacío y de los chiles pasteurizados. Pero ni modo: «que me pongan una torta, ay mamá por Dios». Los odio.

3. Carta Blanca – «Chiquitibum»

Más machismo. Cero vedado y en este caso recién revalorado, ya que la Chiquitibum es toda una efigie de la calentura masculina mexicana: futbol, chelas y chichis. Hay quienes hoy en día le siguen diciendo Chiquitibum a cada chica con pechos prominentes que se encuentran en la calle. México ochentero, ese recién debastado por el terremoto, ese de futbol todavía aguerrido, en donde nació la ola, tan lleno de borrachos y de chiqui-ti-bum-a-la-bim-bom-ba. Éramos otros.

Mar Castro, la guapa mujer malageña que encarna el grito porril de la afición mexa en aquel entrañable e infame comercial de chela, obtuvo un jugoso contrato después de este comercial, para después aparecer en El Camino Secreto, al lado de la cabellera más larga del ejido, Daniela Romo, o cantando una versión en español de «Fool of me» para la película Love and Basketball de Spike Lee.

4. Brandy Viejo Vergel- «Una cubanderas»

Todo mal. Los Lobos se prestan, una vez más, para levantar sonoramente una película gringa que le juega al «mexicanou», con un actor eterno de media tabla, Antonio Banderas. Desperado (1995), o La Balada del Pistolero, es una suerte de secuela de El Mariachi (1992) de Robert Rodriguez, que sorpresivamente pegó macizo, tanto que levantó el poder sexual del español y catapultó a Salma Hayek a las ligas internacionales del cine.

En ese entonces, las compañías alcohólicas mexicanas aún podían darse el lujo de agarrarse a la figura del momento y colgarse de su fama sin sugerir directamente el contexto ni pagar muchos derechos. Benditos sound-alikes. Uno que otro mamarracho pedía en la barra una cubanderas, con tono español. El horror.

5. Herdez- «Ahora te puedes marchar»

Otro hitazo de los genios de Herdez, que para entonces ya estaban encumbrados con el recurso de cambiarle la letra a los clásicos. Capitalizaron duro con «El sinaloense» y pensaron que a la chaviza le vendría bien identificarse con la rola del momento.

Qué rico es el champiñón. Seguro los manejadores de la carrera discográfica de Luismi se habrán forrado de una buena luz con esta tontorronada.

6. Sopa Knorr y C&A- «Californa dreamin»

The Mamas & The Papas son una banda de hippies que recordamos principalmente por dos rolas, esta y «Monday, Monday», pop sesentero de bajo calado. Muchos supimos de ellos con este comercial, que se volvió en todo un revival de la canción gracias al poder nostálgico que posee, en donde la guitarrita empata con el arraigo mexicano de una sopita caliente con el amor de mamá.

Debe ser duro que años después, esa rola que los nenes asociaron con el grito de «¡Mamá» y la dulce canción, se convirtiera en un himno de sofisticación barata postcoital, en el comercial de la marca de ropa económica C&A. Chale. Acá abajo la versión de C&A para que se den el correspondiente y legítimo quemón.

7. Canada- «Perestroika»

Uno de los puntos más álgidos de la publicidad mexicana. El productor Pedro Torres y un presupuesto de miedo generaron conmoción con este comercial de 1991, en donde toda la gran producción se fue al casting, idea y hasta el diseño exclusivo de la canción para la línea de calzados 100% mexicanos Canadá, línea de zapatos con diseño industrial pero con su toque chic.

Todo estaba en su mero punto cuando salió este comercial: el techno industrial se ponía de moda en plan callejero, el movimiento de regeneración de Gorbachov que llevaba el nombre de la línea de zapatos, era en el fondo la apertura de la Unión Soviética al bloque occidental y al capitalismo.

Tener unos Canadá fue la onda, sobre todo para las clases bajas, esas que vieron con expectativa la premiere del comercial (tres minutotes en su versión larga), en el programa Siempre en Domingo de Raúl Velasco. Irónicamente, Canadá era una marca mexicana que hizo un comercial a la rusa con ese afán internacionalizador, en donde la posterior entrada del capital ruso acabó comiéndosela. Chin. Pero la rola aún la balbuceamos algunos.

8. Calippo- «Alright»

A mediados de los noventa, tantito antes de que la Internet acabara de explotar bien, las novedades musicales nos seguían llegando a cuentagotas, pero ya sabíamos que el britpop se estaba cocinando.

En Oxford, Radiohead la llevaba bien alta con The Bends, pero para la chaviza ligerona, Supergrass se había aventado uno de los debuts más macanudos del 95 con su disco I should coco. Pero al gual que Radiohead con su debut años atrás, Supergrass sufrió las duras consecuencias de que su mayor hit fuera un poco también su calvario comercial. Claro, con sabor a paleta de hielo con pintura y miles de dólares en el camino. México era joven y bello: «¡Ah sí, es la rola del comercial de Calippo!»

9. Alka Seltzer- «Funiculi, Funicula»

Uno de los emblemas italianos del siglo pasado. La canción original de Luigi Denza, con letra del periodista Peppino Turco, suena a ópera cotorra, porque lo es. Su origen celebra la apertura del primer funicular del Monte Vesubio (piense usted que le componen una sonata al teleférico Mexicable del Estado de México), y trae un ritmo y un humor bárbaros.

Para darnos un quemón, la letra dice algo más o menos como:

«Ayer en la tarde, Carolinita, yo escalaba.
¿Sabes adónde?
¡Adonde ningún corazón ingrato me puede fastidiar!
En donde un fuego arde, pero si huyes,
¡te deja en paz!
¡No te persigue, no te derrite, sólo por mirar!
¡Vamos, vamos, vamos a la cima!
¡Funiculir, funicular, funiculir, funicular!»

Por eso es de genios y no menos, que alguien, quien sea don músico jingle maker o marquetero sin respeto, se haya echado el tiro de hacer un cover a semejante canción napolitana, sirviendo a los casi inocuos alka seltzer (remedio chambón cuando uno ingiere de más), pero que en su camino se encontró con la posibilidad de hacer una hermosa y edificadora oda al buen comer del mexicano.

El comercial hace la dupla perfecta con la canción, ya que es un recap muy guapo de mexicanos haciendo algo que se nos da: empacarle con ganas y estilo. Pocos comerciales han resumido con tal tino la gastronomía mexicana con tan poco. De magos.

10. Del fuerte- «Los tomatitos»

Una canción que da pena cantar si uno tiene dos dedos de frente o si ya salió del kinder, pero que entraña el espíritu total de esta lista. El jingle setentero ‘Los Tomates Del Fuerte’ logró que los comerciales comenzaran a dejar de ser hablados y así empezó una avalancha de canciones y recursos más variados de seducción. Antes de esto todo era «señora, las pilas rayovac…», y en la incipiente experimentación, palabras como verdugo o muerte se valían. La original decía:

«Estaban los tomatitos
muy contentitos
cuando llegó el verdugo
a hacerlos jugo…
‘¡que me importa la muerte!’, dicen a coro, si muero con decoro en los productos Del Fuerte.»

Una muerte digna en una fantasía verdulera. Pero los noventa ya prometían corrección política. También aquí debió nacer el Súper portero de Derbez y las ganas inminentes de autocensura. Hoy ya casi nadie dice decoro, siquiera:

«Estaban los tomatitos
muy contentitos
cuando para su suerte llegó Del Fuerte».

La rola sigue, aunque el puré de tomate Del Fuerte sea un asunto casi de abuelitas que compran en tiendas del ISSSTE.

Fuente: noise vice