El mundo del deporte es fantástico; la realidad de la vida, espléndida; el encanto del futbol, simplemente, es indescriptible. Personas apasionadas y talentosas; personas con una determinación admirable; personas con un espíritu de lucha incansable; personas con un deseo de triunfar incomparable. Jugadores competitivos, auténticos, entregados. Con un arrojo inigualable y una voluntad insuperable. Valientes por fuera y sensibles por dentro. Defienden su pasión, y respetan su profesión.

Por María Fernanda Riveroll
Nacen como todos, pero se transforman como pocos. Tan extraordinarios que no tienen igual. Se reconocen con el alma, y se distinguen con el corazón.
Existen muchos. Son diferentes. Sin embargo, sólo uno es el indicado; sólo uno es el que representa todo aquello por lo que estamos dispuestos a pelear; sólo uno es el que ejemplifica todo aquello en lo que creemos; sólo uno materializa con acciones los principios y valores que defendemos.

Son referentes. Sus enseñanzas no se olvidan, se implementan. Cuando hace falta encontrar aliento, sentir consuelo, hallar valor, renovar energía, o recordar motivos, hay que recurrir a ellos.

Hablar de ídolos renueva las ilusiones, y engrandece las aspiraciones. La magia sucede en un instante. No se trata de una elección forzada, sino de un reconocimiento perceptivo; de una identificación sensible.

Para mí, con sus guantes y en su portería, una figura irremplazable, valiente, justa. No sólo admirada; también, respetada. Insustituible, incansable, invencible. Dentro y fuera de la cancha, una verdadera fuente de inspiración.
Con sus guantes y en su portería, enfrenta la vida con la misma valentía con la que salía de frente a un mano a mano.

Con sus guantes y en su portería, encara las dificultades con la misma determinación con la que se paraba debajo de los tres postes para detener un penal.

Con sus guantes y en su portería, defiende a su familia y amigos con el mismo ímpetu con el que defendía su arco.

Con sus guantes y en su portería, sabe pedir ayuda con la misma humildad con la que pedía a sus compañeros formar una barrera ante el peligro de un tiro libre.

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Con sus guantes y en su portería, como dice la canción, es de los que nunca se paran, de los que persiguen sueños imposibles, de los que siempre se aferran, de los diferentes, de los que nunca se quedan, de los inagotables, de esos inquebrantables.
Con sus guantes y en su portería, mi ídolo: Rafael Puente Suárez.
Fuente: taratara.com
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