Por El Ratón

No importa si se trata de un respetable hombre de negocios, un circunspecto abogado o un reservado científico; cuando se trata de un partido de fútbol en el que juegan un hijo suyo, algunos papás se transforman, adoptando una posición Fuera de Lugar.

Al asistir al partido de su retoño, basta cambiar la corbata, la bata blanca o la lap-top por un conjunto deportivo para que la metamorfosis de su personalidad sea completa. Estos son los  PAPÁS TRANSFORMERS, que pueden agruparse en las siguientes categorías:

Papá Despiadado

Fuera de las canchas, generalmente es afectuoso, se vale de la motivación para educar y procura tener mucho tacto al corregir a su hijo para no menoscabar su autoestima. Si el niño saca un 3 en matemáticas, le dice con voz tranquila que confía en que va a mejorar y lograr la excelencia si se lo propone. Pero tratándose de fútbol todo cambia: si su hijo, a pesar de hacer su mayor esfuerzo, no logra ser la estrella del equipo, le grita desde “¡Inútil!” hasta los peores insultos que su furia le dicte, mientras que el niño, deseando que se lo trague la tierra, se va sintiendo pequeñito.

Papá Coach

Suele respetar las decisiones de su retoño y sentirse orgulloso de sus logros. La transformación comienza camino al partido, cuando no puede evitar repetirle a su hijo todo tipo de instrucciones y le recuerda los errores del partido pasado que debe evitar. Ya en el terreno de juego, este papá, incapaz de mantenerse sentado en las gradas debido al nerviosismo, se dedica a recorrer como un basilisco el perímetro de la cancha ignorando las indicaciones del verdadero entrenador y gritando instrucciones a su hijo y al resto del equipo: “¡Abre los ojos!”, “¡Muévete!”, “¡Háblense!”, “¡Pásala al portero!”, “¡No te duermas!”, “¡Cubre el otro lado!”, “¡Así van a perder!”…

Papá Zen

Antes de salir de casa, tanto él como su hijo toman un saludable desayuno diseñado para lograr el mejor desempeño en la cancha. Durante el trayecto escuchan música de relajación y practican ejercicios de respiración. No obstante, durante el partido uno puede observar cómo su rígido semblante pasa gradualmente del púrpura al blanco, y para el final del partido sufre colitis nerviosa, falta de aire, taquicardia y, en casos extremos, un síncope.

Papá Silbante

Su cabalidad, objetividad y capacidad de análisis lo habrán convertido en un experto analista o en un reconocido asesor empresarial, pero basta que se ponga la camiseta del equipo de su hijo para que comience la mutación. Durante todo el partido sostendrá una discusión unilateral con el árbitro, sin importar si está siendo o no justo. Haciendo gala de parcialidad, rebatirá sin dudarlo cualquiera de sus decisiones, excepto, claro, las que favorezcan el equipo de su campeón.

Papá Hooligan

Diplomático por naturaleza y experto en relaciones públicas, podría protagonizar la novela de Doctor Jekyll y Mr. Hyde. Este es el papá que se sitúa lo suficientemente cerca de los padres del equipo contrario para poder insultarlos a ellos y a sus hijos, ya que su mayor emoción deportiva consiste en liarse con algún contrincante. Para alivio de los demás espectadores, jugadores y su propio hijo, sólo logrará disfrutar el primer partido de la temporada, porque quedará vetada su entrada a los restantes encuentros.

Papá Gallo

Este individuo se caracteriza por ser ecuánime y aterrizado. El cambio ocurre cuando la camiseta del equipo se convierte en una venda para ojos y, sin importar que su niño resulte un bulto en la cancha, este orgulloso papá podrá jurar que jamás se ha visto jugador semejante sobre la Tierra. ¡Ah! y pobre del que ose contradecirlo, porque los GALLOS pueden ser de pelea.

Papá GQ

Cada mañana despierta siendo un espécimen común y corriente y se va transformando en modelo de GQ frente al espejo, ya sea para ir al trabajo o al partido de Junior. Llega a la cancha pulcramente peinado y rasurado, vistiendo ropa sport de marca reconocida y visible, y mientras su hijo deja la piel en la cancha, su papá se dedica a responder mails, chatear o hacer llamadas importantes. Cuando termina, aprovecha para socializar con otros de su especie. Al final del juego es común que no sepa cómo quedó el marcador, ni si su hijo metió gol o no salió de la banca, pero no duda en felicitarlo por si acaso lo hizo bien, al tiempo que le amarra las agujetas, le endereza la camiseta, le sacude la tierra de los tacos y lo apresura para llegar a tiempo a una comida importante, no sin antes organizar un fin en Valle con los otros papás GQ.

Papá Pelé

A este señor es más probable encontrarlo consumiendo palomitas y cerveza frente al televisor que practicando deporte, pero cuando su hijo está jugando, de la boca de Papá Pelé surgen las jugadas más brillantes que con toda certeza él podría realizar si estuviera en la cancha.

Papá Fan

Cuando llega al estadio podría pensarse que los medios de comunicación van a cubrir el evento, ya que a este papá le salen lentes y cámaras hasta de las orejas. No pierde ocasión para inmortalizar cada movimiento de su vástago, tomando a la vez fotos y video con envidiable pericia.

Papá Invisible

Rara vez se deja ver en un partido a pesar de sus promesas, por lo que, desde la cancha, su hijo barre con la mirada las gradas de papás sin lograr ubicar al suyo. Al final del encuentro, el chofer llega por él y le explica de manera poco convincente que su padre vino un ratito, pero se tuvo que ir porque tenía asuntos importantes que atender.

Superpapá

Este papá sólo es Transformer por el cambio de atuendo, ya que por lo demás, es bastante coherente. Muestra orgullo y respeto por su hijo, por el equipo contrario, por el árbitro y el entrenador, sin perder de vista que todos, absolutamente todos, están haciendo su mejor esfuerzo. Sabe que se trata de una sana actividad para su hijo y no de un asunto de vida o muerte, donde el balón, no su propio ego, está en juego. Gane o pierda, ese afortunado niño saldrá del partido sabiendo que su papá lo valora y lo ama, y que siempre está presente para apoyarlo. Aunque este tipo de ejemplar no abunda, sí existe, para fortuna de algunos pequeños futbolistas y consuelo de los entrenadores, árbitros y espectadores.

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