Por Sergio Sarmiento

«Ser rico es malo, es inhumano. Así lo digo y condeno a los ricos«, Hugo Chávez.

Venezuela llegó a ser el país más próspero de América Latina. En 1960, según el Banco Mundial, tenía un PIB per cápita de 1,072 dólares. México alcanzaba entonces 342 dólares y Brasil 209 dólares (data.worldbank.org). Según las últimas cifras del Fondo Monetario Internacional, publicadas en 2016, el PIB per cápita de Venezuela en términos de paridad de poder de compra era de 13,761 dólares contra 18,938 de México (Wikipedia, «List of Countries by GDP, PPP, per Capita»).

La realidad, sin embargo, es bastante peor. Estas cifras se basan en datos oficiales que Venezuela reporta al mundo, pero que no son ya creíbles. Como otros países autoritarios, Venezuela ha manipulado su información estadística. Por otra parte, el país tiene distintos tipos de cambio que varían de manera muy importante. Según el nuevo sistema cambiario que el gobierno anunció en marzo pasado, el tipo de cambio protegido se cotiza en 10 bolívares por dólar, mientras que el Simadi o flotante alcanzaba el 18 de mayo 727.71. El tipo de cambio realmente libre, el del mercado negro, estaba por arriba de los 4 mil bolívares el pasado mes de febrero (economiahoy.mx). Como podrá usted imaginarse, no es lo mismo calcular el PIB con un tipo de cambio de 10 que con uno de 727 o uno de 4 mil.

Aun así, la información disponible sugiere que Venezuela atraviesa una verdadera crisis humanitaria. El país sufre un desabasto brutal de una amplia serie de productos, especialmente los de primera necesidad, que han sido sometidos a controles de precios desde hace años lo cual ha desmotivado la producción.

Según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida que se dio a conocer en febrero y que se levantó entre 6,500 familias del país, la pobreza general en Venezuela alcanzó el 82 por ciento de la población en 2016 mientras que la pobreza extrema se ubicó en 52 por ciento. Ángel Oropeza, integrante del equipo de la Universidad Católica Andrés Bello, la Universidad Central de Venezuela y la Universidad Simón Bolívar que levantó el estudio, ha dicho: «Ya pasamos a ser el país más pobre de América Latina, incluyendo a Haití. En términos de ingresos, somos más pobres que Haití» (unidadvenezuela.org).

Esta transformación aparente -y digo aparente porque las cifras estadísticas no dan certeza- del país más rico al más pobre de Latinoamérica ha ocurrido a pesar de la riqueza petrolera del país. «En el subsuelo venezolano reposa la mayor reserva probada de petróleo del planeta. Son 298,350 millones de barriles de crudo, que podrían cubrir la demanda actual de Estados Unidos para los próximos 70 años, según datos del Ministerio del Petróleo de ese país sudamericano» (El Español, 26.05.16).

Hugo Chávez declaró en 2005 que ser rico es inhumano. Durante sus años de gobierno dedicó sus fuerzas a combatir a los empresarios a quienes identificaba como los ricos. Nicolás Maduro, el actual Presidente, ha mantenido los esfuerzos para acabar con la riqueza del país. Lo curioso del caso es que mientras el socialismo del siglo XXI ha destruido muchas de las viejas fortunas, las de quienes invertían en Venezuela y generaban empleos, ha hecho surgir también una nueva clase de multimillonarios que tienen ligas con el régimen y aprovechan los contratos oficiales o participan del narcotráfico.

El ejemplo de Venezuela confirma que sí es posible pasar de ser un país rico a uno pobre en unos cuantos años. Es importante que lo tomemos en cuenta. Lo mismo podría ocurrir en nuestro país.


Fuente: reforma.com
REUTERS/Jorge Silva