President Donald Trump addresses a joint session of Congress on Capitol Hill in Washington, Tuesday, Feb. 28, 2017, as Vice President Mike Pence and House Speaker Paul Ryan of Wis., applaud. (Jim Lo Scalzo/Pool Image via AP)

Republicanos en entredicho

Por Eduardo del Buey

Los republicanos se encuentran en entredicho. Si se deshacen de Trump lo más pronto posible o permiten que arrastre al partido hacia abajo, camino a las elecciones intermedias en el 2018 y las presidenciales en 2020. ¿Por qué? Por tres razones que salieron a la luz la semana pasada.

El 15 de mayo, Trump twitteó que creía que estaba bien compartir secretos de inteligencia con el ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergei Lavrov, en la Casa Blanca; es decir, los planes de ISIS para usar laptops con el fin de explotar aviones. Esto, aparentemente, vino desde Israel y fue compartido por ellos mismos, con las agencias de inteligencia estadounidenses, en el entendido de completa confidencialidad y una distribución muy limitada. Los rusos ahora podrían identificar las fuentes de información, poniendo en riesgo vidas humanas.

El 17 de mayo, el presidente Ruso, Vladimir Putin, ofreció al Congreso estadounidense las transcripciones de la reunión de la Oficina Oval donde ocurrió el intercambio (a pesar de que los medios estadounidenses no tuvieron permiso de entrar a la sala). Mal juego, ya que Trump parece –aún más- ser el títere de Putin y sus aliados clave dudarán en compartir información confidencial con él, pues ha demostrado claramente un juicio pobre y sus lealtades resultan sospechosas.

Esto deja a los Estados Unidos muy vulnerable en una parte del mundo en la que tienen pocos activos de inteligencia humana y donde dependen de otros para obtener información sobre grupos y actividades terroristas.

La segunda revelación vino el 16 de mayo, cuando supimos que el exdirector del FBI, James Comey, escribió varios memorándums para archivar sus reuniones con Trump, en las que éste le pidió terminara las investigaciones sobre él y su campaña con Rusia, incluyendo al ya despedido Asesor Nacional de Seguridad, Mike Flynn.

Si esto es cierto, podría ser clasificado como obstrucción a la justicia, un delito impugnable. Todavía queda por ver si los memorándums serán mostrados y qué impactos tendrán. Ya que Trump también pareció amenazar a Comey con un tweet en el que esperaba por el bien de Comey que las cintas sobre esas reuniones no existieran, ahora depende del Congreso, el Departamento de Justicia o el Asesor Especial citar este material como evidencia.

El tercer desarrollo fue el nombramiento por el Procurador Adjunto Rod Rosenstein del ex director del FBI Robert Mueller como Asesor Especial independiente para investigar todos los vínculos, entre la campaña de Trump y Rusia y cualquier otro asunto relacionado. Mueller es, probablemente, la figura de ley más respetada en Estados Unidos, y esto debería tener a Trump y sus seguidores nerviosos.

El 18 de mayo, Trump twiteó que esto era “la cacería de brujas más grande contra un político” y criticó al Procurador Adjunto a quien había alabado unos días antes. Una vez más, Trump demostró su falta de juicio y de autocontrol. Todo esto deja al partido republicano en vulnerabilidad.

El Partido y sus representantes electos deben decidir pronto si respaldan a su país o a un presidente en declive.

No hay una lealtad profunda o permanente entre Trump y los legisladores en ninguna cámara del Congreso. De hecho, muchos se han consternado por la inmadurez de Trump, su falta de juicio y de credibilidad.

Algunos legisladores, incluyendo ciertos republicanos, han comparado esta situación con la de Nixon, durante la crisis de Watergate de los años setenta. De hecho, una comparación con el presidente asediado, víctima de sí mismo, encarando una situación política muy difícil, con su partido en desacuerdo y bajo el escrutinio de la figura de ley más reconocida en el país, no es una imagen confortante.

Los movimientos auto-infligidos están dejando a los líderes del Congreso entre la espada y la pared. El líder de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, y el líder de la mayoría en el Senado, Mitch McConnell, perderán credibilidad y deberían considerar su propio futuro político en el trato con Trump.

Además, gracias a sus muchas contradicciones y sus ágiles dedos en Twitter, su equipo de comunicación y sustitutos ya fueron atrapados propagando sus mentiras, ya que continúan apareciendo en varios shows de televisión, cada vez siendo menos creíbles.

¿El partido republicano o la República?

Ésta es la decisión a la que se enfrentan varios republicanos, y su respuesta no sólo determinará el destino de Trump y la viabilidad del partido en las siguientes elecciones, sino también la de Estados Unidos, como una democracia completa. La decisión es justamente para determinar cómo avanzar en la agenda sin incurrir en pérdidas políticas en el largo plazo. Necesitan determinar si es mejor (y cuándo) desentenderse de Trump. Si esta espiral descendiente continua, parece que los votantes no olvidarán quién apoyó a Trump y quién colocó al país frente al partido.

Así, si se mantienen callados, Trump se ha envalentonado para continuar su ataque contra, no sólo de las instituciones democráticas, sino también de los intereses de seguridad del país. Ésta es la definición de encontrarse entre la espada y la pared. No es una posición envidiable.

edelbuey@gmail.com