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En mi casa todos comemos juntos porque nos queremos y somos iguales

En mi casa todos comemos juntos porque nos queremos y somos iguales

Por Gala Camberos

Con un intervalo menor a un mes, se casaron dos mujeres sumamente importantes en mi vida pues las dos me hicieron el favor de trabajar en mi casa mientras yo salía por años a perseguir la chuleta y a jugar a la «business woman».

La primera de ellas llegó a casa teniendo sólo 13 añitos y me cuidó a mis hijos desde que nacieron, hasta que el mayor tenía 8 años y el menor 3, siendo parte de la familia se superó y llegó a terminar su preparatoria y a convertirse luego orgullosamente en Pastora de su iglesia Cristiana.

La segunda me ayudó a organizar la casa estando ellos ya más grandes. Trabaja conmigo desde hace 8 años. Ella hoy se casó en Almoloya y su felicidad era inenarrable. Mientras llegué al lugar valoré todo el esfuerzo que ha hecho sólo para transportarse y poder llegar a mi casa a trabajar. Qué importante es para mí agradecer, reconocer, recompensar a estas personas que lo dan todo para que otros vivamos nuestras vidas sin tanto peso.

Les cuento una de mis anécdotas lindas, esto sucedió en el año 2005. Antes de llegar a vivir a mi actual casa, tuve que mandar a mi hijo mayor en «avanzada» por un mes a casa de una vecina que entonces era mi amiga.

Mi hijo se dio cuenta de que la chica del aseo comía sola en la cocina y preguntó que por qué, la vecina dio argumentos absurdos e hirientes que ni vale la pena mencionar. Entonces mi hijo levantó su plato y con voz firme dijo: «en mi casa todos comemos juntos porque nos queremos y somos iguales, así que comeré con ella para hacerle compañía». La pseudo amiga me platicó esto indignada, llevándose una de las grandes lecciones de humildad de su vida, lamentablemente creo que no la entendió porque fue tanta su molestia, que el fin de semana siguiente me dijo: «No puedo cuidar más a tu hijo» poco después me retiró hasta el habla.

  1. No perdí nada… nunca la extrañé, gané una fantástica experiencia que hasta la fecha me enorgullece. Lo admito, tengo dos hijos que son estupendos seres humanos.

Gracias Dios por la gente que es eslabón de oro en la cadena de nuestro bienestar y que nos acercas para bendecirnos. Vuélvenos humildes, amorosos y compartidos, llénanos de tu luz y jamás nos permitas envilecernos en el juego atroz de creer que «hay niveles» de personas cuando todos sólo somos una emanación de ti mismo. Hecho está.

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