Madiba

Yo soy un pobre niño de la Guerra Fría

Por Eduardo del Buey

En la décadas de los setenta y los ochenta, compartía la creencia de muchos en Occidente: Nelson Mandela, Madiba, era un terrorista comunista empeñado en destruir al mundo libre y en transformar a la Sudáfrica del apartheid en una Sudáfrica con ataduras comunistas –unos grilletes por otros.

Si el apartheid era aborrecible, las alternativas, en el contexto de la Guerra Fría, eran preocupantes. Al caer el Muro de Berlín, mi visión binaria se transformó en una nueva forma de pensar y de ver el mundo. Se me abrió la posibilidad de que la justicia social fuera una realidad para todos y no sólo para algunos. Comencé a ver la democracia como algo que muchos podrían lograr, no sólo el Occidente; vi all liderazgo no como la fuerza del ego, sino como la fuerza de la humildad personal, del creer en el poder del perdón y en el poder del amor.

Todo esto ocurrió con Kennedy, Martin Luther King y Madiba, liberado de la prisión para dar libertad a su gente, – blancos, de color y negros– de las ataduras del pasado para llegar a un nuevo futuro: un país arcoíris, como él mismo decía, un reflejo de la diversidad que el mundo tiene para ofrecer.

Yo estaba en Sudáfrica con mi ministro, la honorable Christine Stewart, para presenciar la transformación de Sudáfrica y observar las elecciones del 27 de abril de 1994. Recuerdo al chofer negro de nuestro embajador regresando de las casillas electorales con lágrimas en los ojos diciendo que por primera vez se sentía como un ser humano en su propio país. A todos se nos salió una lágrima ese día: de tristeza por un pasado injusto y de celebración por un futuro que apenas comenzaba.

Mandela alguna vez dijo que “si quieres hacer las paces con tu enemigo, tienes que trabajar con tu enemigo. Entonces se convierte en tu compañero”. Después dijo “no existe la libertad a medias”.

Mandela fue un líder en todos los sentidos de la palabra. Supo cuándo llegar al poder, cómo ejercerlo para el beneficio de muchos y cuándo dejarlo con la cabeza en alto y su dignidad y reputación intactas. Supo cómo acercar a los enemigos por una causa en común e inspirarlos de forma duradera.

Sólo en veinticinco años hemos ido de un escenario de esperanza a uno de miedo. Uno podría argumentar que la década de los noventa en Rwanda y Srebrenica fueron el recuerdo espantoso de la inhumanidad del hombre contra otro hombre; nunca debería ser olvidado o perdonado. Incluso en tiempos de esperanza hemos visto el sufrimiento de unos sobre otros.

De cualquier forma, hoy, los sueños de unidad y solidaridad parecen ser manguados cuando los populismos y nacionalismos extremos gastan más energía definiendo a sus enemigos y no logrando la comprensión mutua. Hoy “el otro” debe ser temido y marginado. El odio y la exclusión son predicados desde los púlpitos políticos más altos e, incluso, tristemente algunos como Hungría que han vivido por décadas bajo la opresión del imperio soviético.

Los nacionalismos de hoy alzan la cabeza casi al unísono, predicando un liderazgo «fuerte» que no es ni «fuerte» ni «liderazgo»; es débil, porque predica con las fragilidades fundamentales de la condición humana y no es liderazgo, porque ofrece poca esperanza para el futuro.

Los líderes con visión y compasión se están cayendo por el borde del camino y están siendo reemplazados por almas duras que buscan controlar sus poblaciones y debilitar, si no eliminar, las estructuras de la democracia.

Madiba estaría fuera de lugar aquí, pero probablemente habría prosperado gracias a su tenacidad y compromiso con el espíritu humano, con la libertad y con unir a la gente y no con separarlos. No todo está bien en Sudáfrica, y esto es porque sus sucesores nunca han tenido su visión o su sensibilidad del líder.

Sus palabras “porque ser libre no es simplemente deshacerse de las cadenas, sino vivir de una manera en que se respete y realce la libertad de los otros”, resonarían en este mundo de tanta incertidumbre.

La nobleza y el liderazgo nacen de la humildad, la compasión, la esperanza, como nos demostró Madiba. Entenderlo, sería un ejercicio de inteligencia de los líderes de hoy.

Mérida, Yucatán
edelbuey@gmail.com