Por Javier Mares

“No tenemos miedo”, fue el mensaje que lanzó Theresa May, primera ministra de Gran Bretaña, tras el atentado perpetrado en Londres el pasado 22 de marzo que dejó tres víctimas mortales y varios heridos.

“Mientras hablo, millones de personas estarán subiendo a trenes y aviones para viajar a Londres y ver por sí mismas la ciudad más grande sobre la Tierra”, dijo en la cámara. “Es en estas acciones, en millones de actos cotidianos, donde encontramos la mejor respuesta al terrorismo, una respuesta que niega su victoria a nuestros enemigos, que les impide ganar, que les demuestra que nunca nos rendiremos”.

Esa es la actitud que debe mostrar un verdadero líder del mundo libre ante las amenazas de los grupos extremistas que pretenden aterrorizar a la población y poner en jaque a los gobiernos. Muy distinta a la actitud de otros jefes de Estado, que pretenden exacerbar el miedo para capitalizarlo a favor de sus políticas proteccionistas.

Por otra parte, el hecho de que el hombre que arrolló a varios peatones en un puente de Londres y mató a un policía a puñaladas en los terrenos del Parlamento, mismo que el estado Islámico reconoció públicamente como uno de sus “soldados”, sea Khalid Masood, un británico de 52 años nacido en el sureste del país y cuya residencia estaba en el centro de Inglaterra, hace ver lo ridículamente inútiles que son las iniciativas de Trump para prohibir a ciudadanos de determinados países con mayoría musulmana entrar a los Estados Unidos.

El terrorista ni siquiera era objeto de una investigación en curso y no se poseía “información previa sobre su intención de realizar un ataque terrorista”, pues a pesar de que se le había investigado por posibles lazos con el extremismo, se le consideró una figura periférica.

Eso indica que no hay medidas que puedan contener de manera absoluta las acciones terroristas, pues la imaginación no tiene límites. Es más fácil, a pesar de las molestias y gastos que ocasiona, ser meticulosos en el control de los pasajeros que suben a un avión, que controlar lo que hagan con sus vehículos en tierra los millones de conductores.

Es preciso asumir que siempre existirá un punto de vulnerabilidad y que es prácticamente imposible garantizar la completa protección de la población.

No hay manera de detectar con anterioridad la posible intención de un conductor para utilizar su automóvil como un arma para dañar aleatoriamente a un grupo de personas que se encuentra en un lugar por casualidad, como quizá se podría haber detectado a tiempo la instalación de un artefacto explosivo.

Al ofrecer un desafiante discurso en la Cámara de los Comunes, en el que afirmó con sencillez: “No tenemos miedo”, May ha dado en el clavo con lo que verdaderamente puede contrarrestar el terrorismo: hacer que los grupos extremistas sepan que su estrategia de sembrar terror no funciona. Y que pese al daño que logren infligir en momentos puntuales, la gente seguirá con su vida como siempre, la sociedad no prestará oídos a sus demandas para modificar su estilo de vida y forma de pensamiento, y los gobiernos no modificarán sus objetivos y políticas para prevenir acciones violentas. Esa es la forma de desactivar la bomba mental que han logrado instalar en la psique occidental.

Utilizando un tono de firmeza, May prometió respuestas sobre por qué un hombre nacido en Gran Bretaña atropelló a peatones inocentes con una camioneta deportiva por el Puente de Westminster, antes de arremeter contra una cerca del Parlamento y apuñalar a un policía. Pero lo que principalmente quiso transmitir es la actitud con la que el pueblo británico habrá de afrontar este y cualquier otro atentado, mostrando con ello una imagen de seguridad que no desincentive el turismo y mine la confianza en su país en ningún sentido.

El Parlamento comenzó su minuto de silencio a las 9:33 de la mañana (5:33 EDT) en homenaje al policía fallecido, Keith Palmer, de 48 años, exsoldado y con 15 años de experiencia en la Policía Metropolitana. Y reanudó después sus sesiones de rutina, un acto de desafío ante los agresores de la democracia británica.

“Aquellos que cometen actos de semejante maldad y depravación como el que vimos ayer no pueden triunfar nunca en nuestro país; y debemos asegurarnos de que no es la violencia, el odio o la división, sino la decencia y la tolerancia, lo que prevalece en nuestro país”, dijo el secretario de Comercio, Liam Fox. Los legisladores de todos los partidos respondieron al unísono con palabras de aprobación.

La actitud británica es una lección para Trump y su equipo, que probablemente no escucharán, pero con suerte sí lo harán los republicanos que hasta ahora no han decidido si deben seguir mostrando lealtad a un presidente por el mero hecho de ser de su partido o trabajar pensando en el bien de su país y del mundo libre que los Estados Unidos se habían jactado de liderar hasta ahora.

Les dejo una reflexión sobre el miedo que vale la pena analizar:

«La diferencia entre un valiente y un cobarde no está en que el primero sea intrépido y el segundo miedoso. No, esa no es la diferencia. Los dos sienten miedo en la misma proporción. Entonces, ¿dónde está la diferencia? Está en que el valiente avanza a pesar del miedo, mientras que el cobarde se paraliza ante él. ¡Ambos temen!

¿Cómo poder decir que una persona valiente no tiene miedo? Sería una máquina, no un ser humano… Ser valiente significa sencillamente poder actuar a pesar del miedo. Aunque la persona tiemble y trepide, no por ello se detiene, sino que utiliza el miedo como puente. Aunque temblorosa y amedrentada, no detiene en su marcha hacia lo desconocido.

En todos los seres humanos conviven las dos posibilidades: la valentía y el miedo. Todo depende de cuál de las dos escojan. Nunca elijan el miedo porque mutila y paraliza; destruye sin permitir la más mínima posibilidad de resurrección. Aunque la valentía también puede destruir –destruir la forma que tienen ahora– es una forma creadora de destrucción puesto que abre la posibilidad de renacer.

El miedo simplemente destruye. La semilla se pudre. Cuando se siembra en el suelo la semilla de la valentía, aunque también muere, no se pudre. Muere para convertirse en un nuevo fenómeno: el retoño.

La valentía mata tanto como el miedo; pero el miedo mata sin proporcionar una nueva vida.
La valentía brinda una vida nueva. Elijan ser valientes siempre.

Si bien es duro, también es toda una aventura. Si bien es difícil, incómodo e inconveniente, trae consigo un gran éxtasis.

Y ese éxtasis tiene su precio.”

– Osho