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Cara a cara con el cardenal Carlos Aguiar Retes Mons. Efraín Mendoza Cruz y Mons. Jorge Coapio

A partir del Concilio Vaticano Segundo (1964) la Iglesia comenzó a mirarse a sí misma y notó que existía un abismo entre ella y los problemas del mundo. Y aunque la fe es intocable, porque la Iglesia es administradora y no dueña de la fe, debe dialogar con el mundo.

Sin embargo, para dialogar, explicó Mons. Efraín Mendoza, hay que estar dispuesto a confrontar las ideas: “Solo existe tolerancia si podemos caminar juntos. La tolerancia es un principio fundamental de sana convivencia y respeto a la persona, lo cual significa aceptarla con su forma de ser, pensar y actuar, porque es un reflejo de la imagen de Dios. Pero también del otro lado merecemos respeto, debe ser mutuo. El concepto de diversidad, como se pretende imponer hoy en día, suele tener un trasfondo de manipulación.”

Sobre este y otros temas que interesan a los cristianos de hoy hablaron el cardenal Carlos Aguiar Retes y sus obispos auxiliares, Mons. Efraín Mendoza Cruz y Mons. Jorge Coapio, durante su visita pastoral al Colegio Miraflores, al que llegaron acompañados por un grupo de sacerdotes de la Arquidiócesis de Tlalnepantla, a la que pertenece la institución. Su propósito fue establecer una relación más cercana y un diálogo directo con la comunidad de alumnos y padres de familia.

De manera simultánea, el cardenal Aguiar conversó con los alumnos de bachillerato, Mons. Coapio con los niños de primaria y Mons. Mendoza con los padres de familia. Los tres foros sirvieron para que los presentes hicieran todas las preguntas que quisieran a los sacerdotes.

Con ello, afirmó Mons. Mendoza, buscamos “romper el paradigma del sacerdote lejano e intocable”, y parafraseando al papa Francisco, habló de «la cultura del encuentro», contraria a la cultura imperante que nos ha llevado al individualismo, a encerrarnos en nosotros mismos. «Lo importante hoy no es construir muros, sino construir puentes.”

Puntualizó que los pastores deben ir al encuentro de las ovejas: “Queremos hacer lo que hace el Papa, encontrarnos con los laicos, generar espacios en los que se generen amistad y confianza para compartir un proyecto de vida y de fe. Con nuestra presencia queremos decirles que la Iglesia está cercana a ustedes. Quiere ser un apoyo, una aliada, en la gran responsabilidad que tienen como padres de familia, con fe y esperanza.”

Aprovechó para recordar que la escuela no solo debe ocuparse de instruir y desarrollar la inteligencia. El Papa dice que la instrucción solo acrecienta los conocimientos científicos, históricos y filosóficos, pero la verdadera educación debe tomar en cuenta al ser humano en su integridad. La inteligencia fue creada por Dios para conocer la verdad, por lo que debe educarse para discernir entre la verdad y la falsedad: “Tenemos la responsabilidad de confrontar y discutir para llegar a la verdad. Hoy vivimos un gran conflicto de principios y de ideas.”

Agregó que muchos viven hoy solo de afectividad: “Los gestos afectivos nos ayudan a descubrir que somos seres sensibles, pero también es importante que esas emociones se sepan canalizar en una vertiente adecuada. Al no educar la afectividad, esta se desborda con facilidad. Hay que educar el amor y la voluntad para elegir lo mejor; y de lo mejor, el Sumo Bien.”

Hay que educar también las manos. Con las manos se construye o se destruye, se levantan muros o se tienden puentes: “Las manos son el signo de las actitudes; debe existir una conexión entre inteligencia, corazón y manos, ya que las manos van a hacer lo que hay en tu mente y en tu corazón. Quien conoce la verdad y quiere el bien, no hace el mal con sus manos.

Mons. Efraín recordó las palabras de Francisco: “Si no le apostamos a la educación estamos perdiendo la oportunidad de nuestra vida de construir una nueva cultura.” Explicó que el modelo educativo del Papa es ir educando en la línea de la vida: “Tenemos que educar en la fe en las diferentes etapas de la vida. Desde el seno materno, el niño percibe el amor de Dios a través del amor que le dan sus padres.” Por esa razón, desde la primera infancia hasta la tercera edad, cada etapa necesita su propia metodología catequística y didáctica.

Después de responder a todas las preguntas de los padres de familia, Mons. Mendoza concluyó que nunca hay que perder de vista que un cristiano no puede ser realmente cristiano si no tiene una relación personal con Jesucristo.

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