Por Fernando Guerra Villasana

La cita es en domingo para desayunar kokotxas al pil-pil y montaditos de sobrasada mallorquín con su flauta de Txakolí en el más gourmet de los mercados, que es el de San Juan, en la calle de López del Centro Histórico de la capital.

De ahí a pie de regreso al Palacio de las Bellas Artes –donde hay que aparcar–, para escuchar el concierto de las 12:00 PM de la Orquesta Sinfónica Nacional, que inauguró la temporada 2017 el domingo 19 de febrero, haciendo homenaje al gran compositor Nino Rota, quien ganara primer lugar de las bandas sonoras en 1973 con su versión para la película de “El Padrino”, basada en aquel libro memorable de Mario Puzzo.

Saliendo del concierto, y con actitud de viandantes y trotacentros, hay que visitar el Museo Nacional de Arte (MUNAL), bastión del arte pictórico de este país, ubicado en la plaza más europea de todo México, la plaza Don Manuel Tolsá, valenciano que fuera el primer director de la academia de pintura de San Carlos, fundada en el S. XVIII, y artífice del Palacio de Minería, frente al MUNAL, así como de la magnífica fundición en bronce del Tamborín, un magnífico caballo de medio tiro proveniente de las otrora cuadras del Marqués del Jaral de Berrio; conviene mencionar que sobre el Tamborín monta, también en bronce, el rey don Carlos IV, quien yace aún en el purgatorio, en atuendo de César Romano. Aquí, no estoy seguro de que eso se decrete en los rollos que conserva en sus entrañas El Tamborín, con decretos del Virreinato (es verdad). Sobra decir que a esta estatua ecuestre se le conoce vulgarmente con el nombre de “El Caballito”.

En el MUNAL habrá que visitar, por lo menos, la exposición de uno de los mejores exponentes del paisajismo mexicano, don José María Velasco. Ahora que, si no acudiste al concierto de Bellas Artes a las 12:00, en este museo puedes escuchar música culta, no «clásica», como muchos dicen, pues a esa hora se presenta el ciclo de conciertos de piano.

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Territorio Ideal. José María Velasco.
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Café Tacuba

No hay que olvidar la taza y la foto en el Café Tacuba y unos dulces de la famosa Dulcería Celaya.

Si ya conoces un poco del Centro Histórico, la opción entonces son las librerías de viejo en la calle de Donceles, casi todas propiedad de los hijos de don Ubaldo López Casillas, eminencia del libro de ocasión y proveedor único de ejemplares raros de
bibliófilo.

 

Resultado de imagen para calle doncelesHermoso es ver tanto libro apilado y hacerte una foto en esas cuevas de papel. Pregunta por la librería de Ubaldo López Casillas y no salgas sin cualquiera de estos libros (van del más económico al más caro, pero no hay casa de capitalino, que se precie de serlo, que no cuente con alguno de estos volúmenes):

  • La Ciudad de los Palacios, dos volúmenes, de Guillermo Tovar y de Teresa.
  • Las Calles de México, de don Luis González Obregón.
  • Leyendas de la Ciudad de México, de don Artemio de Valle Arizpe.
  • Calle nueva y calle vieja, también de don Artemio.
  • Las Calles de México, tres tomos, de don José María Marroquí.
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Centro Castellano

Después, ve al Centro Castellano, en Uruguay y Bolívar, a comer piezas de horno, como el cochinillo o el cordero lechal, tal como lo comen en Cándido de Segovia (España), con su vino Paternina, desde luego.

Antes de emprender el regreso hay que ver las últimas novedades de arte y cultura, y adquirir por lo menos un libro de la excelente librería Educal, ubicada dentro del Palacio de Bellas Artes (llévate Gonzalo Guerrero, de Eugenio Aguirre, aunque no sea novedad).

Quien concluya este recorrido que inicia con San Juan, puede decir que conoce la CDMX; antes solo se es un visitante más, o un poblador flotante, creo que se dice, con perdón del respetable.


Imagen principal: © KARINA FLORES