Por Dr. José Manuel Mier Odriozola

Ningún ruso nacido después de 2014, ni aun alcanzada la mayoría de edad, podrá consumir tabaco de manera legal si se aprueba una nueva ley que entraría en vigor en 2033.

Actualmente, el 40% de la población adulta de la Federación de Rusia es fumadora. Este mismo era el porcentaje de personas estadounidenses que escuchaban conmocionadas y por primera vez, en 1964, que el tabaco es un provocador de cáncer y distintas enfermedades cardiovasculares. El informe presentado por Luther Terry, de la Dirección General de Salud Pública, recopilaba siete mil artículos científicos que instigaron el descenso de la población fumadora.

Cambios en materia legislativa, publicitaria y educativa se suscitaron en todo el mundo desde aquel anuncio, así como un tira y afloja entre la poderosa industria del tabaco y los servicios de sanidad.

Hasta el día de hoy, el tabaco mata anualmente a seis millones de personas en el mundo a través de enfermedades cardiovasculares, cerebrovasculares y cáncer. El tabaquismo se ha convertido en la primera causa de muerte prevenible en el planeta.

Durante décadas se ha mantenido extraoficialmente la tesis de que la industria tabacalera proporciona grandes cantidades a las arcas del Estado. En México, la población fumadora consume en promedio siete cigarrillos al día, gastando anualmente alrededor de cinco mil pesos. Esa cifra multiplicada por los 10.9 millones de fumadores activos que tiene México, según el CONADIC, arroja un gasto por consumo de más o menos 55 mil millones de pesos. En impuestos, el Estado recibe el 75%, redondeado, son unos 41 mil millones de pesos en ingresos para las arcas públicas mexicanas.

A este ingreso hay que añadir el que produce la propia industria del tabaco y sus 5,000 empleos directos y 30,000 indirectos que se traducen en otros tantos millones.

Sin embargo, dicha recaudación de impuestos no cubre más que el 69% del gasto sanitario de 80 mil 655 millones de pesos que, según cifras del Instituto Mexicano del Seguro Social, se gastan en repercusiones directas del tabaquismo, como:

  • Muertes por las enfermedades directamente relacionadas con el tabaquismo: cardio y cerebrovasculares, así como cáncer.
  • Incapacidades laborales temporales y permanentes.
  • Bajas laborales.

Lo que nos hace pensar si, mantener la producción de una generación de consumo sigue siendo algo redituable para el Estado, las instituciones de salud y, por supuesto, para nuestra calidad de vida.


Dr. José Manuel Mier Odriozola
Cirujano Torácico

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