Por Elena Goicoechea

Cuando Alonso Estrada contó sus planes para construir un restaurante en un inaccesible risco a la orilla del mar, los razonables le dijeron que estaba loco. Hoy hay que hacer una reservación vía Internet con días de anticipación o tener suerte para poder comer ahí.

Hay tres horarios de comida: 11 am, 1:30 pm y 2 pm. El bote te recoge en un pequeño embarcadero, situado en el extremo viejo de Puerto Vallarta, Jalisco, para llevarte hasta el rústico muelle del restaurante.

Hay que ponerse muy vivo para poner pie en tierra justo cuando la ola en turno hace que ascienda el lanchón; de lo contrario, el paso quedaría corto y podrías caer al agua. Luego hay que ascender por escalones hechos de madera que se acoplan al terreno rocoso hasta llegar a una gran terraza volada con piso de tablones y barandales de troncos. Contra el cantil está ubicada una gran barra y, frente a ésta, cómodos futones donde puedes recostarse a disfrutar la idílica vista después de comer.

Si no quieres regresar a la civilización después del postre puedes caminar por una agreste vereda hasta la pequeña playa contigua o bien, hacer un poco de hiking.

La carta contiene las opciones justas para agradar a cualquier paladar. Difícil elegir al ver pasar platones soñados de ostras, camarones gigantes y pulpos. Pero me decanté por una entrada sencilla: un ceviche exquisito; y para después, como aquí la estrella es la parrilla, lo más lógico me pareció pedir un filete de la pesca del día (nos tocó un dorado, el cual pedí que sazonaran con hierbas finas, limón y gengibre). No erré al elegir por guarnición una cama de tostones de plátano macho, y ya sin pedir permiso, el plato llegó adornado con una original ensaladilla de tomate, cebolla morada, pimiento y piña agridulce.

Abandonamos la mesa y nos acomodamos en los futones del bar para disfrutar la vista, agradecidos de que tanto el volumen como el repertorio musical se integraran a la perfección con un ambiente que de suyo invita a relajarse.

Tan a gusto estuvimos que nos quedamos dos horas más antes de emprender el regreso al mundo real.

Sin duda, Ocean Grill es un destino gastronómico obligado para cualquier amante de la buena mesa que tenga espíritu aventurero y buena condición.

 

 

 

 

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