Resiliencia familiar: En vez de resignarnos, podemos recibirlas de forma positiva

Por Sofía Gonzalo

¿Qué capacidad tiene tu familia para superar adversidades?

 

Una llamada de teléfono y una frase corta, disparada certeramente y sin preámbulos, puede cambiar el rumbo vital de una persona y de la familia entera. Escuchar “tu hermana acaba de fallecer” o “sí, mamá tiene cáncer” provoca un tsunami emocional difícil de contener en los primeros momentos para todos.

En el devenir personal y familiar es inevitable que surjan circunstancias de gran adversidad que conllevan un profundo dolor.  Puede ser una enfermedad, una muerte o un largo período de desempleo de alguno de sus miembros. La manera en la que se afrontan y se sale de ellas es la que describe la fortaleza de una familia y su capacidad para encontrar en este proceso un fortalecimiento personal y espiritual.

Jacques Philippe, en su brillante obra La libertad interior, explicaba que ante las contrariedades “lo más importante es no contentarse con aceptarlas a regañadientes, sino aceptarlas verdaderamente. No limitarse a “sufrirlas”, sino –en cierto modo- “elegirlas” (incluso cuando no tenemos otra elección, cosa que nos contraría aún más)”.

En su planteamiento, exponía que en esa circunstancia “elegir significa realizar un acto de libertad que nos lleve, además de resignarnos, a recibirlas de forma positiva”, con una actitud de fe y esperanza.

La clave estaría entonces, como él mismo detecta, en que “si tenemos la fe suficiente en Dios para creer que Él es capaz de extraer un bien de todo lo que nos ocurre, así lo hará: que te suceda como has creído, dice en varias ocasiones Jesús en el Evangelio”.

La familia resiliente

Hace unas semanas asistí a la conferencia de una psicopedagoga que explicaba la importancia de educar en resiliencia, que es la capacidad que tiene el ser humano de afrontar la adversidad y salir fortalecido de ella. Su exposición reflejaba un profundo y personal convencimiento de lo que explicaba. Cuando contó su experiencia personal, todo encajaba. En ese momento entendimos frente a quién nos encontrábamos.

Uno de sus hermanos tuvo un accidente de tráfico cuando era adolescente y, casi treinta años después, la familia entera sigue cuidando con total naturalidad a quien de un segundo para otro había quedado inmóvil para el resto de su vida. Desde el primer momento se convirtieron en un verdadero modelo de familia resiliente.

Desde el Instituto para la Resiliencia y Desarrollo Emocional IRYDE, su presidenta, Reyes Rite, explica que la adversidad y el cambio son inherentes a la condición humana y afrontar los distintos retos de la vida “con actitud positiva y de aprendizaje enriquece a la persona, inspira a los suyos y contribuye aportando a la sociedad”.

Cuando en una familia aparece un problema importante e intentamos salir adelante utilizando la resiliencia, según Rite “la circunstancia “nos forja como “equipo” uniéndonos en el reto a conseguir, en el proceso de aprendizaje, en la búsqueda conjunta de soluciones y sellando nuestros valores y aportación”.

“La familia resiliente es una familia creativa, que decide ser feliz a pesar de los pesares, que tiene un proyecto común y se une para alcanzarlo, disfrutando en la medida de sus posibilidades del camino, sin depender de otros. La familia resiliente cambia la queja por el compromiso y tiene un propósito de vida. Sueñan juntos, también para contribuir con un legado a la sociedad”, argumenta.

Y, obviamente, como ejemplo a seguir para todos los miembros de una familia que quiera superar cualquier adversidad se encuentra Jesucristo. Tal y como determina Reyes Rite, Él es “el modelo de persona plena y el modelo de persona resiliente. Cada uno de nosotros puede ver su comportamiento e inspirarse en él”.

Explica que la resiliencia tiene mucho que ver con la fe católica porque esta, como virtud sobrenatural, se apoya en las virtudes humanas y en hombres plenos y capaces.

“La resiliencia es una actitud que hace al hombre más humano y facilita la armonía de las distintas áreas del ser humano. Por una parte físicamente, porque con  la resiliencia modulamos nuestro cerebro que tiene la plasticidad como capacidad; y por otra parte psíquicamente, porque desarrollamos actitudes positivas y espirituales, ya que nos inclina al crecimiento interior, al duelo y al perdón”, argumenta.

Si quieres entrenarte en esta capacidad, Reyes Rite aconseja:

  • En primer lugar, acepta la realidad como es, no como tú crees que debería ser, y empieza así a trabajar la adaptación y la flexibilidad.
  • Intenta pasar del “¿por qué a mí?” al “¿para qué a mí?”, entrando así de lleno en el primer nivel de sentido de lo que estás pasando.
  • Desarrolla el pensamiento positivo, planteándote: ¿Qué voy a hacer para salir de esto bien parado y con integridad, respetando los propios valores?
  • Reflexiona sobre cuál va a ser tu legado, “el porqué”.

Y si tienes hijos, ten claro que “de padres resilientes, hijos con modelos asequibles a seguir”, según Reyes Rite. Ella enumera las herramientas emocionales y espirituales que le podemos dar a un hijo si le habituamos a ser resiliente desde pequeño: adaptabilidad, flexibilidad, pensamiento lateral, valores, sentido del humor, trascendencia, integridad, sociabilidad y sana autoestima.

Invertir tiempo y esfuerzo en hacer de nuestra familia un “equipo” que trabaje unido para superar adversidades mirando siempre hacia Dios es sin duda un éxito asegurado.

 

Fuente: Aleteia

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