Por Raúl Clavijero

Existe un viejo proverbio que dice: “la naturaleza nos ha dado una boca y dos orejas para escuchar el doble de lo que hablamos”, sin embargo, ¿realmente lo hacemos?

En la cultura maya, específicamente el pueblo tojolabal, el verbo que es equivalente a “escuchar” se interpreta como “tú hablas y yo escucho”. Sin embargo, podríamos decir que en todo ese escucha existe un elemento que eludimos, damos por sentado y no le damos la relevancia que merece, hablo del silencio.

Así es, el silencio es una fuente inagotable de sabiduría, aprendizaje y belleza. Gracias al silencio se genera la melodía y el ritmo de la música; existe la calma, la prudencia, el pensamiento y la razón.

Uno de los ejemplos más relevantes sobre cómo es que podemos utilizar el silencio en las aulas y formación de niños y jóvenes, es el Colegio de La Llacuna del Poblenou, en Barcelona, la cual ha integrado a su calendario escolar una semana que está totalmente dedicada al silencio.

Con esta iniciativa, Jordi Canalles, director del Colegio de La Llacuna del Poblenou, quiere enaltecer al silencio, y dijo:  “Es muy importante para escuchar y para saber lo que hacemos y por qué lo hacemos. Los alumnos de la escuela están sumamente dispuestos, les parece muy interesante”. Durante toda la semana se llevan a cabo actividades con esculturas sonoras talleres de apreciación a la imagen (al color, la luz y los paisajes), al movimiento (danza y yoga) y excursiones al exterior para encontrar el silencio en las calles.

El silencio, ¿es bueno siempre?

Pareciera que de una manera poética el silencio es lo mejor de la vida y sobre esto Jordi Canalles también explicó: “Existen silencios malos: los que coartan, los que están alrededor del miedo o los que guardan silencio a la injusticia; esos no nos interesan. Nos interesan aquellos que nos permitan encontrarnos con nosotros mismos, no los malos”.

La reflexión de la ausencia del sonido es un nuevo paradigma que se comienza a integrar a la educación de nuestros pequeños. Ha llegado el momento de aprender a escuchar a la naturaleza, a las personas, al mundo y a la nada; de darnos un tiempo cada día para reflexionar y aprender que existen instantes de silencio más hermosos que cualquier sonido.