Por M. Salud Conde Nieto

“Fray Ejemplo es el mejor maestro”.
Madre Trinidad.

En cada salón de clases, día con día los maestros vivimos la apasionante misión del aprendizaje, quizá la más noble de todas y sumamente exigente, tanto para los alumnos como para el maestro.

Para cumplir con nuestra vocación, los maestros renovamos cotidianamente la ilusión de ser significantes en la vida de los alumnos, porque la razón fundamental del trabajo en el aula es precisamente esa: significar un cambio, marcar una diferencia en la vida de cada uno de ellos. Tener impacto para mejorar sus vidas.

No se trata únicamente de la impartición de conocimientos, de compartir información, de enseñar materias; se trata de lograr un aprendizaje significativo, algo que verdaderamente cambie su perspectiva vital, que le permita ver, entender, enfrentar la vida de mejor manera y con las mejores herramientas. Eso es lo que nos alienta cada mañana a los maestros.

Ese aprendizaje se esconde, con frecuencia, en lo que el alumno ve del maestro, en su ejemplo, más allá de su materia. Por eso es tan importante ser conscientes de la importancia de nuestro testimonio, de cada actitud, cada comentario, cada crítica, por insignificante que parezca. En la relación maestro-alumno todo comunica.

En el colegio sabemos que la educación es un proceso en el que la relación entre maestro y alumno es clave, pero no la única; por eso nos preocupamos por crear una comunidad estrecha escuela-hogar, lo que conocemos como la Familia Miraflores, y acercarnos a nuestra compleja realidad social, la que nuestros alumnos transformarán según sus conocimientos y, desde luego, según sus valores y principios, humanos y cristianos.

Para hacerlo en las mejores condiciones nos hemos dado a la tarea de conseguir que personalidades de la vida pública, ya sea política, empresarial, religiosa, etcétera, vengan al Colegio a sostener diálogos abiertos con los alumnos y compartirles sus experiencias. Esta es otra forma de preparar mejor a nuestras nuevas generaciones y de enriquecer el proceso educativo.

Sin embargo, el eje es, y seguirá siendo, el trabajo maestro-alumno en el aula. Esa relación significante que transforma la vida de los alumnos y que al mejorarla, cambia también la del maestro.