1. ABC 17.2.2017

    El causante es el experimento social llamado «socialismo del siglo XXI» auspiciado por los Castro y liderado por Chávez. Gracias al inmenso caudal de dinero del crudo venezolano, triunfante a principios del milenio como nueva versión del proyecto comunista quebrado en Europa y Rusia en 1989. Hoy sus puntales son La Habana, Caracas y las FARC colombianas. Una Colombia de las FARC es necesaria. Venezuela colapsa y el petróleo ya no es la materia prima que nutre el proyecto. Ahora es la cocaína. El proyecto criminal se enfrenta también a Donald Trump que parece dispuesto a combatirlo como no hizo su antecesor. Hace aguas, pero su daño ha sido infinito. El experimento chavista ha sido tan criminal como el más cruel experimento médico con seres humanos. Y nos atañe especialmente porque tiene además culpables españoles. Son el grupo de comunistas que fue a ayudar a Chávez a convertir su administración en un aparato de poder comunista y a cambio recibió dinero para una franquicia del experimento en España. Con un aliado de Chávez muy hostil a Occidente que es Irán. El proyecto común de Irán y Venezuela en España ha tenido éxito: 67 diputados a la primera. Pero no el éxito total con que soñaba su jefe para después de las elecciones de junio del 2016. Creía que iba a gobernar. No lo harán de momento. Al menos mientras no colapse la ficción de estabilidad que genera la parálisis política bajo Mariano Rajoy. Pero lo cierto es que, protegida y mimada por el gobierno del PP que la usa para dividir a la oposición y amedrentar a los españoles, la franquicia comunista tienen cinco millones de votos de españoles a los que no molesta su vínculo con la tortura, la detención de opositores y el experimento social que llevó a la catástrofe de hambre y muerte. Aznar y González llamaron ayer a la liberación de los presos y de toda Venezuela de las garras de aquel proyecto ideológico criminal y fallido. Pero implícitamente también denunciaban la miseria moral que supone el apoyo político a quienes, si pudieran, condenarían a sus enemigos a la suerte de Leopoldo López o a la de los cadáveres anónimos en la morgue de Caracas.