El regalo preferido de Cupido

¿Te has fijado cómo tiendes a relacionar los sentimientos con los sabores? Dime qué te provoca y te diré a qué te sabe: la maestra de mal carácter te parece “agria”, los problemas son “tragos amargos”, una racha de mala suerte equivale a estar “salado”, la tía que se excede en sus demostraciones de cariño te “empalaga”, alguien negativo transmite “amargura”. En cambio, tu semblante se “dulcifica” cuando estás frente a esa persona que te acelera corazón.

Es que el amor… ¡el amor es dulce! Será por eso que no hay nada que represente mejor nuestras intenciones románticas que algo delicioso capaz de seducir al paladar.

El amor y el dulce hacen buena pareja porque ambos causan un efecto parecido en el cerebro: elevan el nivel de serotonina, lo cual nos hace sentir ¡muy bien!

La dulzura seduce. No por nada se le ocurrió a Eva ofrecerle una manzana a Adán y no una lechuga. Y no dudes que de haber existido el fuego en el Paraíso le hubiera horneado unas galletas.

Por eso, cuando se trata de derretir a esa persona especial, las mujeres horneamos galletas y los hombres regalan chocolates. Cada dulce bocado tendrá el efecto de un beso en el cerebro y en el corazón.

-Elena Goicoechea