Hay un escenario de incertidumbre internacional delicado y no se descartan guerras comerciales, ni conflictos fuertes.

Entrevista con Juan José Bremer,  exembajador de México en Estados Unidos.

Por Irma Ortiz

En octubre de 1962 —en plena Guerra Fría—, el mundo durante 13 días estuvo en un tris de una guerra nuclear entre Estados Unidos y la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, en un episodio que fuera conocido como la “guerra de los misiles” y donde la figura del embajador mexicano Alfonso García Robles emergió para evitar una catástrofe de consecuencias incalculables. Luego García Robles impulsaría con gran éxito el Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares, “el Tratado de Tlatelolco”. Este fue solo uno de los grandes momentos de nuestra política exterior.

“Por ello México tiene y ha tenido un lugar en el mundo, por haber actuado en momentos clave con una política de avanzada y de compromiso con la evolución del derecho internacional, asegura el diplomático Juan José Bremer, quien fungiera como embajador de México en Estados Unidos, así como en Reino Unido, España, Alemania y recientemente en Cuba.

Hoy, sin embargo, nuestro país enfrenta una situación de emergencia frente al gobierno de Donald Trump y sus constantes amenazas — imponer el muro, acabar con el TLCAN—, lo cierto es que el magnate busca romper paradigmas y arrasar con todo a su paso.

Siempre! conversó con el diplomático para conocer su visión ante una negociación por demás ríspida y donde nuestros negociadores están contra la pared, sin una estrategia clara ante los halcones estadounidenses.

 Negociaciones México-Estados Unidos

“Estamos frente a un desafío sin precedentes en la historia reciente de México con Estados Unidos, momentos de crisis que todos conocemos y no podemos minimizar. Sin embargo, existe un desarrollo positivo en la opinión pública mexicana, nunca había visto un interés tan mayúsculo ni tan generalizado en todos los sectores sociales por la conducción de nuestra política exterior y nuestras relaciones con Estados Unidos.

Hay un aluvión de opiniones, en pro y en contra del manejo de las relaciones. Creo que objetivamente la opinión pública ha contribuido a que las cosas evolucionen de una manera favorable.

 Negociación diplomática

Donald Trump está haciendo lo que había anunciado y sabemos un poco más a qué atenernos. Debemos confiar en nuestras propias fuerzas, no estamos desvalidos, somos la decimatercera economía del mundo, el primer exportador de América Latina, el octavo destino turístico. México es un país con una gran tradición histórica, una fortaleza y un dinamismo cultural notables, tenemos un lugar en el mundo. Hay que confiar en nuestras propias fuerzas y saber con qué contamos para emplear en la negociación.

Entro en el terreno diplomático. La diplomacia implica una combinación de fortaleza, inteligencia, astucia para medir el peligro y destreza para movilizar nuestras propias cartas. Un gran diplomático del pasado europeo hablaba de “el genio del momento presente”, la capacidad de decir aquí está el horizonte inmediato, cuáles son los peligros, cuál es nuestro capital, cuáles las oportunidades, y actuar con el mayor cuidado para no lesionar los intereses nacionales.

Buena diplomacia, buen oficio sería mi recomendación; segundo, es fundamental tener una estrategia integral, en donde haya una comunicación entre los componentes del Estado mexicano, especialmente el Congreso, el gobierno federal, los gobiernos de los estados y luego los sectores sociales organizados que tienen una relación con Estados Unidos.

Una estrategia legal que se mantenga no solo en el momento sino a lo largo de los próximos meses, donde haya la capacidad de comunicación horizontal para poder salir unidos ante la gran negociación que tenemos enfrente, luego una acción pluridimensional.

¿Qué es acción pluridimensional?, es poner en movimiento todos los factores que pueden ayudarnos a coincidir en el mismo objetivo que es lo que México no ha realizado en Estados Unidos. Otros países lo han hecho con éxito, el “lobby”, una promoción de nuestros intereses y contar con los aliados importantes que allá tenemos. No hay que hacerlo de una manera hostil ni a manera de reto.

Por otra parte, debemos de cuidar no incurrir en una posición antinorteamericana, sería por una parte un error de sustancia, no de estrategia. En Estados Unidos hay muy buenos amigos y muy buenos aliados; tenemos, por el contrario, que aislar los núcleos antimexicanos y aislar las posiciones antimexicanas en esa sociedad como se aísla un tumor enfermo en el resto del cuerpo social

Tres dimensiones en relación México-EU

Hay tres grandes dimensiones en la relación que hay que atender en las próximas semanas y meses. La primera es la dimensión social, que considero la primera línea de prioridad. Ningún país tiene una dimensión social tan extensa como México y Estados Unidos; hay 11 millones de trabajadores en Estados Unidos y cerca de 35 millones de ciudadanos de origen mexicano. Es un horizonte que tenemos que cuidar.

La campaña de Donald Trump estimuló en núcleos determinados un sentimiento antimexicano que ya existía, pero lo puso en movimiento, y celebro que el gobierno dé 50 millones de dólares más a nuestra red consular. En todas partes se ha reconocido que México tiene un capital: 50 consulados que serán nuestras defensorías activas, hay un consenso, y se les está fortaleciendo.

Lo único que recomendaría es que tuviéramos una verdadera línea de defensoría jurídica con despachos, con abogados preparados, expertos en derecho estadounidense combinados con derecho internacional para no dejar pasar una. Debemos estar pendientes de una manera proactiva no solo defensiva.

Como embajador en Estados Unidos recorrí buena parte de los consulados, y los más importantes son en donde hay una comunidad mayor de mexicanos. Los cónsules que hacen bien su trabajo están bien vinculados con las comunidades, existen vasos comunicantes construidos, pero hay que fortalecerlos, atenderlos. Estamos en una situación de emergencia.

Y seguir la estrategia pluridimensional con Iglesias, organizaciones de derechos civiles, ONG, las alcaldías amigas muy sensibilizadas en Los Ángeles, Nueva York, Chicago; tenemos con qué respaldarnos.

Paradigma económico

La dimensión económica sería la segunda, hay un buen equipo de negociadores, los que acordaron el TLCAN. México es experto en tratados; el reto es que tenemos un gobierno que tiene otro paradigma de los que han tenido nuestros negociadores a lo largo del tiempo. Hay que adaptarnos a estas condiciones y saber emplear en nuestro capital, que no es deleznable.

Hay 53 mil empresas en México con capital norteamericano que están preocupadas por el futuro de sus operaciones, 6 mil empresas mexicanas con capital mexicano en Estados Unidos en sectores muy importantes, 31 estados de la Unión Americana dependen en mayor o en menor grado de sus ventas a México. Somos un destino en sus ventas, somos el segundo comprador de productos americanos, están las cámaras de comercio nacional y locales que son amigas del libre comercio.

En el Congreso hay un activo. Muchos de los amigos republicanos no van a actuar mañana, están cautelosos, esperan ver cómo se desenvuelven las cosas, conscientes de que tienen una mayoría por la oleada de votantes que les aportó el candidato Trump, pero también sé que entre los partidos Demócrata y Republicano tenemos buenos aliados para la defensa de nuestros puntos de vista.

Ya veremos qué tan efectiva será nuestra línea de defensa y qué tanto Estados Unidos respetará los tratados internacionales y la Organización Mundial de Comercio. En todos los casos México tiene también que confiar en sus propias fuerzas, estar claros de que no hay en el horizonte un escenario que no podamos manejar y trasmitirlo así a nuestra población.

México tiene una muy diversificada oferta comercial, somos competitivos incluso con el debilitamiento de nuestra moneda que nos hace competitivos hacia afuera. Vamos a recibir turismo, lo estamos recibiendo, y creo que se definirá en los próximos dos meses el escenario. No voy a entrar en la parte técnica de la negociación comercial porque todavía no está clara la Litis, es decir el tema de conflicto y no se pueden adelantar vísperas.

En seguridad, firmeza

Paso al tema de seguridad: tenemos que ser muy firmes en que no se ha detenido el tráfico de armas en la frontera, que les preocupa mucho porque es muy porosa por el tráfico de armas, porque hay lavado de dinero. Hay que definir el tema, que no está claro, ni ha trascendido más. Ahí México tiene que estar consciente de que nuestra soberanía y los derechos humanos son fundamentales.

En seguridad, preocupa el tema de las remesas porque hay especulaciones. Sugeriría anticiparnos y prepararnos jurídicamente para discutirlo, no puede imponerse un impuesto solo a las remesas de una nacionalidad, eso violaría las misiones internacionales. Tendría que imponerse un impuesto a la remesas de todas las naciones, y hay países, como India, que estarían tan o más afectados que nosotros. Tendríamos una coalición de afectados para presentar una defensa contundente en materia internacional.

Unidad nacional, una oportunidad

Estas últimas semanas, desde el principio de este año a partir del 20 de enero, han generado un efecto positivo en términos de unidad, ahí está el desplegado de mi universidad, soy un orgulloso egresado de la UNAM.

Hablar de una unidad nacional basada en una decisión plural, en una participación social activa con el objetivo de fortalecer nuestras instituciones y atender nuestros pasivos y pendientes sociales, en ese sentido sí vale, y tendrá un enorme provecho la unidad nacional y sirve como un acelerador para atender pendientes y, sobre todo, como un espacio de reflexión plural, y aspiro y espero que continúe siendo así.

Creo que esta situación es una oportunidad para aplicar corrección de rumbo de manera razonable, no puede ser radical en el sentido de que con la firma del TLC, por la inercia de la relaciones económicas y por la fuerza de la vecindad, se acentuó la relación México-Estados Unidos de una manera que preocupa. Es una relación muy importante, tuve el privilegio de atenderla y estoy convencido de que es una relación que hay que cuidar y atender. Sin embargo, de ser una relación importante estaba pasando a una relación dominante, y eso no es positivo para quienes pensamos que lo primero debe ser México.

Volviendo a la conseja tradicional de los momentos culminantes de nuestra política exterior, que es la diversificación, he escuchado voces que dicen que eso no funciona. No estoy de acuerdo, no podemos condenarnos a un determinismo económico de esa naturaleza; es tiempo realmente de dedicarnos —no retóricamente— a fortalecer nuestra diversificación e implica un gran esfuerzo, no solo firmar tratados de libre comercio.

Estos acuerdos abren puertas, pero tiene que haber una gran promoción económica, y en eso nuestro empresariado jugará un papel fundamental; como era natural, las reglas de la facilidad y la vecindad, las corrientes de exportación se iban hacia el camino más cercano y fácil. También el empresariado mexicano ante estas condiciones deberá hacer un esfuerzo adicional para buscar mercados, tenemos con qué, hay gran capacidad, tenemos un empresariado exportador ejemplar. Estoy optimista en que la diversificación opere, y acompañada de un gran esfuerzo por fortalecer nuestras relaciones con los nuevos actores de este mundo nuevo multipolar.

Si en el mundo del bipolarismo México construyó una posición enhiesta, e independiente, cuando eran nada más dos polos de poder, cómo no vamos a encontrar espacios para activarlos todavía más. Hay que hacerlo más profundamente y encontraremos aliados e interlocutores para todas las causas internacionales y nacionales.

 TLC, ¿hasta dónde?

Después de esta gran discusión nacional, luego de la enorme y sin precedente participación de muchos sectores de la sociedad, se han alcanzado cosas. La sociedad mexicana está absolutamente convencida de que la mejor estrategia debe de ser la fuerza aliada a la inteligencia. El equipo negociador debe pasar a la siguiente ronda con ese respaldo, porque es un momento de unidad y hay que darlo contundentemente. Una buena decisión es mantener informada a la sociedad del desarrollo, hay un interés enorme y el gobierno ha manifestado su deseo de mantener informada a la sociedad a lo largo de la negociación.

Habrá que medir la renegociación, puede haber un momento en que se prefiera dejar el TLCAN si es que están dispuestos y, por ello, desde hoy, trabajar en la diversificación de nuestras relaciones. Con o sin tratado, la relación México-Estados Unidos seguirá siendo económicamente dominante, el tratado es un marco de seguridad pero los flujos de comercio seguirán.

Creo que vamos a pasar un periodo de incertidumbre pero se debe mandar una señal clara a los negociadores estadounidenses de que México está dispuesto, como lo ha dicho ya el equipo negociador, a revisar el tratado para lograr fórmulas en donde todos ganen, no donde solo ellos ganen y nosotros perdamos. Estos mensajes son claros y la unidad social generada va a ayudar a la negociación.

Nosotros tenemos que tener confianza en nuestras propias fuerzas.

Nubarrones en el horizonte

Hay nubarrones en el horizonte internacional, hay focos peligrosos de conflicto. El año 2016 fue comparado por muchos académicos y expertos internacionalistas con años de incertidumbre y de peligro como fueron 1914 y 1939. No hay en este momento una alineación de Estados beligerantes como lo había en 1914, lo que sí es cierto es que, en esos momentos difíciles como 1914 y el pasillo entre las dos guerras, se acumularon problemas, conflictos, y las dirigencias que estaban en los Estados más importantes no los atendieron.

No vinieron venir —como diría Winston Churchill— la tormenta. No me sumaría a esa visión catastrofista, pero sí creo que hay un escenario de incertidumbre internacional delicado y no se descartan guerras comerciales, ni conflictos fuertes. Preocupa la relación China-Estados Unidos, me preocupa el agravamiento de la situación en Oriente Medio y la Unión Europea.

Lamentablemente esta revuelta —y la llamo así deliberadamente— en contra de la globalización que generó el brexit y que le dio votos, además de otros ingredientes, a la candidatura de Trump ha generado y estimulado movimientos nacionalistas que son peligrosos.

Ha reemergido el nacionalismo, en la Unión Europea tendremos la elección en Francia donde sería muy preocupante que llegara al poder Marie Le Pen, porque la Unión Europea se ha convertido en un balance de seguridad, de madurez, de civilización en este mundo difícil en que estamos.

Soy un convencido de que muchos no valoran en Europa lo que representa la Unión Europea, en términos de cambiar como cambió una tradición de conflicto, como lo tuvo Europa a lo largo de los siglos, en una tradición de cooperación. Ninguna institución es perfecta y todas son mejorables, pero la aportación de la Unión Europea a la paz del mundo es considerable. Hay nubarrones en el horizonte y hay que estar muy pendientes.

México, situaciones difíciles hacia fuera y hacia adentro

Hay un consenso en la sociedad de avanzar en términos de Estado de derecho, de combate a la corrupción, de lucha contra la impunidad. Existe el consenso nacional de hacia dónde avanzar, y significa una gran oportunidad para el gobierno, para en el próximo año —políticamente muy intenso— avanzar en la cercanía gobierno-sociedad, lo que representa un gran reto, y México tiene que entrar en esta fase con una mayor cohesión social.


Fuente: siempre

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