La Santa Muerte, la patrona del bajo mundo

Por Elena Goicoechea

Se ve como todo menos el típico santo. Luce como un extraño híbrido formado con las imágenes de la Virgen María y Jack el Destripador. Estatuas y otros objetos de arte popular contemporáneo la muestran adornada con flores y vestida de novia, blandiendo su guadaña.

 

Se encuentra lo mismo en la sala de una casa que en altares callejeros, grafiteada en un muro, tatuada en un brazo o en la portada de un álbum de Santana.

Sin embargo, la Santa Muerte es más que decoración macabra, es la figura central de lo que algunos estudiosos describen como el movimiento religioso con mayor auge en América del Norte.

De hecho, el Vaticano condena su creciente prominencia. En una entrevista al periódico Excélsior, el padre Hugo Valdemar, director de Comunicación de la Diócesis de la Ciudad de México, llamó al culto de la Santa Muerte blasfemo, diabólico y anticultural, y afirmó: “La cultura tiene como propósito el desarrollo de la persona, su potencial, sus cualidades y la expresión de su espíritu. El culto de la Santa Muerte es destructivo. Lo que persigue es la muerte.A pesar de esta condena, su rebaño aumenta. La adepta Enriqueta Romero, vocera informal de esta superstición de estética kitsch, atribuye su creciente popularidad a su naturaleza ‘democrática’: Ella es justa y escucha las oraciones de todos ”.

Según Andrew Chesnut, profesor de Estudios Religiosos en la Universidad Commonwealth de Virginia, las tiendas botánicas esotéricas de México venden más figuras de la Santa Muerte que de la Virgen de Guadalupe, la legítima santa patrona de México y de América. “Tiene la reputación de ser increíblemente rápida y eficaz para hacer milagros –apunta Chesnut, quien describe a la Santa Muerte como una suerte de sanadora y una especie de maga muy eficiente para resolver problemas legales–, y al contrario de los santos canonizados, ella no es católica, por lo que puedes pedirle lo que sea… hasta bendecir un cargamento de metanfetaminas, por ejemplo”.

La Santa Muerte y otros santos de los narcos o “narco-santos” son patronos informales del comercio ilícito en México: lavado de dinero, contrabando y, por supuesto, tráfico de drogas. Se trata de un producto del sincretismo religioso –mezcla del catolicismo heredado de los españoles con los ritos prehispánicos de Mesoamérica.

En realidad, la Santa Muerte no es una entidad, ya que la muerte es solo un fenómeno tan natural como el nacer y el crecer (el inicio y el desarrollo de la vida), aunque nunca se habla del Santo Nacimiento o Santo Crecimiento.

Las grandes religiones monoteístas enseñan que Dios nos dio una vida temporal en la tierra para ganarnos la vida sobrenatural. Los cristianos creen que con la muerte se experimenta una separación real de cuerpo y alma, y el cuerpo del hombre continúa un proceso de corrupción –como cualquier materia viva–, mientras que su alma va al encuentro de Dios: con la muerte termina nuestra vida en la tierra (Juan 5, 29, cf. Dn. 12,2). Desde que Cristo venció a la muerte y le dio nueva vida al hombre, el cristiano mira a la muerte con una gran esperanza.

Por el contrario, los promotores de la Santa Muerte otorgan a la muerte características humanas y divinas, y la presentan como una «entidad espiritual» que ha existido siempre, desde el principio de los tiempos hasta nuestros días, por lo que maneja una energía denominada «energía de la muerte», capaz de materializarse en una figura que concentra tanto la fuerza creadora como la destructora del universo. El seguidor de la Santa Muerte cree que puede aprender a manejar esta fuerza que emana de sus imágenes consagradas, puesto que la Santísima (otro de sus nombres) es una de las protecciones más fuertes que existen.

Los obispos católicos afirman que quien se acerca a la Santa Muerte se aleja de Dios, que simboliza la vida eterna y el triunfo sobre la muerte. Advierten a sus seguidores que “esto no es un juego, ni la muerte es una deidad. Detrás de ese culto hay algo diabólico y la gente debe tener mucho cuidado. Detrás de esto está el reino del maligno y la gente puede ser víctima de una posesión satánica”.

¿Qué hay detrás de la popularización de un fenómeno que es considerado tan negativo? Se traslucen varias causas posibles: por una parte, es natural que el materialismo y el consumismo imperantes lleven a muchas personas a vivir frustradas cuando no consiguen de forma rápida y fácil aquello a lo que aspiran, para llevar el estilo de vida que la cultura actual les presenta como ideal.

Desde luego, la veneración de anti-valores tan evidentes como aquellos en los que se basa el culto a la Santa Muerte no podría entenderse fuera del contexto de violencia y corrupción que vive nuestra sociedad en la actualidad.

En el fondo, el florecimiento de la Santa Muerte evidencia la actual crisis de fe que trae como consecuencia que, en vez de poner la propia confianza en Dios, se ponga en diversos ídolos. Al final del día, como bien expresa el dicho mexicano: “El que no conoce a Dios, dondequiera se anda hincando.”