Una iniciativa privada en Madagascar ayuda a educar a niños de la calle. Credit Heidi Yanulis

Hay un amplio consenso acerca de que el mundo está terrible y todos los encabezados nos recuerdan que la vida se pone cada vez peor.

Sin embargo, no es así. De hecho, según mediciones importantes, 2016 fue el mejor año en la historia de la humanidad; y quizá 2017 sea aún mejor.

¿Cómo puede ser esto? Estoy tan aterrado como todos por la elección de Donald Trump, la masacre en Siria y demás. Pero aunque temo lo que el presidente le hará a Estados Unidos y al resto del mundo, y aplaudo a quienes se manifiestan contra él, el gobierno de Trump no es lo más importante que está sucediendo. Miren, respondan esta prueba:

En un día cualquiera, la cantidad de gente en todo el mundo que vive en pobreza extrema:

a) Aumenta 5000 personas debido al cambio climático, el desabastecimiento de alimentos y la corrupción endémica
b) Se mantiene más o menos igual
c) Se reduce en 250.000 personas

Las encuestas muestran que casi nueve de cada diez estadounidenses creen que la pobreza en el mundo ha empeorado o se mantiene igual. Pero, de hecho, la respuesta correcta es el tercer inciso: todos los días, un promedio de aproximadamente un cuarto de millón de personas en todo el mundo salen de la pobreza extrema, de acuerdo con cifras del Banco Mundial.

Si son de los que necesitan un bombazo de buenas noticias, consideren esto: desde 1990 se ha salvado la vida de más de cien millones de niños mediante vacunas, el fomento de la lactancia, los tratamientos contra la diarrea y otras medidas. Si lo peor que puede pasar es que un padre o una madre pierdan un hijo, hoy en día eso la mitad de probable de lo que era en 1990.

Cuando comencé a escribir acerca de la pobreza mundial a principios de los ochenta, más del 40 por ciento de los seres humanos vivían en pobreza extrema. Ahora lo hacen un poco más del diez por ciento. Parece que para 2030 solo estarán así un tres o cuatro por ciento (la pobreza extrema se define como menos de 1,90 dólares por persona al día, cifra que se ajusta según la inflación).

Durante casi toda la historia de la humanidad, la pobreza extrema ha sido la condición base de nuestra especie y ahora, bajo nuestro cuidado, estamos casi desapareciéndola. Esa es una transformación sorprendente que yo considero lo más importante que sucede actualmente en el mundo, sean cuales sean las noticias desde Washington.

Desde luego, seguirá habiendo pobreza de un tipo menos extremo, una menor cantidad de niños seguirá muriendo innecesariamente y la desigualdad continuará siendo inmensa. Oxfam calculó este mes que solo ocho hombres millonarios poseen la misma riqueza que la mitad más pobre de la humanidad.

Aun así, la desigualdad en los ingresos a nivel mundial de hecho está disminuyendo. Mientras que este tipo de inequidad ha aumentado al interior de Estados Unidos, se ha reducido mundialmente porque China e India han sacado a cientos de millones de personas de la pobreza.

Todo esto puede parecer lejano o irrelevante en un momento en el que muchos estadounidenses están traumados por la toma de posesión de Trump. Déjenme tratar de calmarlos y, de paso, calmarme a mí mismo.

En un viaje reciente a Madagascar para hacer un reportaje sobre el calentamiento global, me sorprendió que muchas madres que entrevisté nunca habían oído hablar de Trump ni de Barack Obama… ni siquiera de Estados Unidos. Estaban obsesionadas con algo que provoca mucha más desesperación: mantener vivos a sus hijos. Lo asombroso es que esos niños, a pesar de la desnutrición grave, estaban vivos, gracias a mejoras en los apoyos y la atención a la salud, lo que refleja tendencias que son mucho más grandes que cualquier hombre.

Algunos de los progresos más notables se han dado en relación con enfermedades que (¡a Dios gracias!) los estadounidenses rara vez observan. La elefantiasis es una enfermedad horrible, que desfigura y humilla a quienes la padecen, por lo general causada por un parásito que hace que las piernas de una persona se agranden extremadamente, hasta parecer las de un elefante. En el sexo masculino, la enfermedad puede hacer que el escroto se inflame a proporciones grotescas, de tal manera que cuando caminan deben cargarlo en una carretilla hecha en casa.

Sin embargo, hoy en día cerca de 40 países están en vías de eliminar la elefantiasis. Cuando uno ha visto la angustia causada por la elefantiasis (o la lepra, la dracunculiasis, la poliomielitis, la oncocercosis o la ceguera causada por el tracoma) es imposible no sentirse cautivado por los triunfos registrados en contra de todas ellas.

Hay un progreso similar en el empoderamiento a las mujeres y la reducción del analfabetismo. Hasta los años sesenta, la mayoría de los seres humanos siempre habían sido analfabetos. Actualmente, el 85 por ciento de los adultos saben leer y escribir. Prácticamente nada provoca más cambios en una sociedad que la capacidad de la lectura y la escritura.

Michael Elliott, quien murió el año pasado después de dirigir One Campaign, que lucha contra la pobreza, solía decir que estamos viviendo en una “era de milagros”. Estaba en lo correcto, aunque el progreso todavía es muy lento y una pregunta fundamental es si el presidente Trump continuará con los esfuerzos bipartidistas estadounidenses por combatir la pobreza a nivel mundial. Un cuestionario de cuatro páginas del equipo de Trump al Departamento de Estado parece sugerir sus dudas en cuanto al valor de la ayuda humanitaria.

Una razón detrás del escepticismo del equipo de Trump puede ser la creencia de que la pobreza mundial no tiene remedio, que nada hará la diferencia. Mantengamos la perspectiva. Sí, Trump puede causar mucho daño a Estados Unidos y el mundo en los años venideros, y sin duda debemos desafiarlo cada que lo intente. Pero cuando los encabezados me hacen sentir náuseas, me tranquilizo con el pensamiento de que hay fuerzas en el mundo más grandes que Trump, y que en la larga historia de la humanidad este muy probablemente será el mejor año hasta ahora.

Recuerden: los sucesos más importantes no son los tuits de Trump. Lo que es infinitamente más importante es que hoy sobrevivirán casi 18.000 niños que en el pasado habrían muerto por enfermedades simples, cerca de 300.000 personas ahora contarán con electricidad y la excelente cifra de 250.000 personas que saldrán de la pobreza extrema.