El 50% de los percances sucede por exceso de confianza, mismo que entre las personas, destruye el respeto. El exceso de equipaje causa un cargo extra, mientras que el exceso de ejercicio provoca envejecimiento prematuro. El exceso de orden lleva al caos y el exceso de poder es la principal fuente de corrupción moral. Todo exceso hace daño.

El escritor español Francisco de Quevedo, decía que “El exceso es el veneno de la razón”.

Pero, ¿qué sucede con el exceso de comida y bebida?

Todo lo que ingerimos es llevado al hígado, que es nuestra ‘fábrica de procesamiento químico’, para pasar al torrente sanguíneo o ser eliminado en la bilis y excretado por el intestino.

La ingesta excesiva de alimentos y de alcohol, además de ser culpable del aumento de peso, fuerza al hígado dificultando su función. La persona siente una indisposición digestiva difícil de precisar: náuseas, fatiga, “cabeza pesada”, hinchazón, falta de apetito y el sueño no es reparador.

¿Qué hacer?
Dar descanso al hígado y tiempo para completar el trabajo de purificación y recuperación orgánica.

¿Cómo?
Con una dieta exclusiva de jugos naturales de frutas (toronja, piña y papaya) y verduras cada dos horas durante algunos días. Consume sopa de verdura con poco aceite y frutas crudas o cocidas, abundante agua (preferiblemente alcalina), y té de hierbas, manzanilla, diente de león y boldo, sin azúcar.

Al recobrar el apetito conviene comer arroz vegetal y pescado, más que carnes rojas. El hígado necesita tiempo para descansar y volver a la dieta normal gradualmente. Se le puede favorecer con un fitoterápico con Silymarin, Taraxacum, Berberis, Cúrcuma, vitaminas y minerales de cuatro a seis semanas.

Es conveniente hacer caminatas a paso lento y aumentar poco a poco la actividad física. Después de dos o tres días se habrá recuperado la energía y vitalidad.


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