10336671_779598175405708_7317174875043961243_nConoce a Denis. Él nos narra cómo llegó a convertirse en un artista de la fotografía y comparte algunas imágenes de la comunidad maya que reflejan su fascinación con nuestra cultura.

Nací en Bruselas, Bélgica, un 19 de marzo de 1966. Crecí en una ciudad llamada Tremelo, rodeada de bosques, que tiene una vegetación esplendorosa y un canal.

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A los siete años de edad saqué mis primeras fotos con una cámara Kodak Duaflex II de los 60, la cual mi mamá me regaló en mi cumpleaños porque veía mis intentos de sacar fotos con una pequeña cámara de 120 mm.

Con esta cámara descubrí mi vocación, mi amor por la naturaleza y mi necesidad de captar la belleza humana; comprendí que una foto permite captar un momento en la eternidad del hombre, y que una imagen dice más que mil palabras.

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Fui uno de los fotógrafos amateurs más jóvenes de Bélgica. A mis 11 años revelaba e imprimía mis propias fotografías.

Nunca me separaba de mi cámara y tomaba fotos por doquier. A los 20 años, del dinero ahorrado de varios trabajos me compré mi Nikon F601 con lentes Nikkor 35-70 mm y 70-210 mm.

Captura de pantalla 2017-01-12 21.14.48Captura de pantalla 2017-01-12 21.14.25Un par de años después me enrolé en la Marina de mi país. Navegué en un barco de guerra belga por un total de 9 meses. Visité las costas de Yugoslavia, donde vi desde el mar Adriático el horror de la guerra por primera vez. Descansamos en los puertos de Venecia, Ancora, Brindi y Brindisi, donde mi ojo fotográfico captó muchas escenas. Aprendí a manejar mejor la composición y la iluminación en situaciones y momentos de la vida diaria, hermosos paisajes de Italia y, por supuesto, el mar: infinito, profundo, misterioso.

Poco a poco me di cuenta de que pasaría el resto de mi vida al lado de una cámara. La naturaleza refleja el poder y la belleza del Creador, que se manifiestan en todo lugar y en toda circunstancia, y yo soy un testigo que los capta con reverencia y respeto. Siento gran fascinación al observar el pedazo de tiempo grabado en una imagen.

Captura de pantalla 2017-01-12 21.15.29La vida me llevó después a América, con todos sus sabores, colores y olores, los cuales, aunque son distintos a los europeos en la forma, son iguales en esencia. Los seres humanos podremos ser físicamente diferentes, pero tenemos el mismo corazón, el cual nos une sin importar el lugar en el que nos haya tocado nacer o vivir.

Mi viaje, que empezó en los Estados Unidos y llegó hasta Centroamérica, fue muy importante para desarrollarme como ser humano y como fotógrafo.

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Gracias a mi gran amiga Mina, a la cual mandé mis mejores fotografías, resulté ganador del Primer Premio Internacional de la revista Geomundo (1994). Obtuve un diploma que me fue otorgado por distinguidas personalidades del ámbito artístico en México y el mundo, como el gran pintor José Luis Cuevas y los grandes fotógrafos y artistas Paulina Lavista, Enrique Bostelmann y Andrés De Luna. Esto marcó mi estilo y mi formación como fotógrafo. Con el premio compré una Nikon F4 y una Hasselblad Classic. El ojo crítico de fotógrafos como Pedro Valtierra y Paulina Lavista fue necesario para probar que yo no era un “one hit man”.

Por mi situación migratoria no pude trabajar como fotógrafo independiente hasta 2009. Mientras tanto, fui fotógrafo de la embajada francesa durante dos años. Luego fui guía de turistas y aproveché mis múltiples viajes para fotografiar el caudal de riqueza de México y sus grupos étnicos. Mi ojo de fotógrafo sigue embelesado con sus aromas, sus colores, su espiritualidad y su cultura.

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En 2009 me compré la Sony DSLR A900 de 24 megapixeles, que en aquel tiempo tenía la más alta resolución. El ya no tener que limitar la cantidad de tomas a un presupuesto, como cuando había que gastar en rollos y revelado, pude experimentar más.

Ese mismo año realicé un gran viaje hacia el norte de México, de ahí llegué a Arizona y terminé en Vancouver, Canadá, donde permanecí todo el año 2010. En aquel año tuvieron lugar ahí los Juegos Olímpicos de invierno, por lo que pude capturar el ambiente deportivo en esa hermosa ciudad y sus alrededores.

Fue entonces que decidí convertirme en fotógrafo profesional de tiempo completo y fijar mi residencia permanente en México. Desarrollé mi página Web, compré una computadora más potente, estudié edición, composición y marketing, me dediqué a hacer contactos y comencé a trabajar con modelos, estilistas de moda, maquilladores, etcétera. Toqué fondo en algunas ocasiones, pero nunca perdí la fe en la vida y en mi talento.

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En 2015 compré mi nueva cámara Sony A7rII de 42mp y nuevos lentes. La calidad de las fotos es que se puede lograr es increíble. Con esta cámara entré también en el mundo del video, que quiero añadir a mis creaciones fotográficas.

2016 fue el año en que se definieron mi estilo y mis gustos: fotografía conceptual, retrato de artistas, moda y modelos; mis proyectos personales, como retrato de los grupos étnicos, paisajes, desnudo artístico  y autorretratos.

Mi meta en este momento de mi carrera es consolidarme como uno fotógrafo reconocido y capaz de dejar una huella en la fotografía artística, impartir clases y ayudar a la gente con proyectos de arte.

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Captura de pantalla 2017-01-12 21.17.37La civilización maya está en pleno proceso de redescubrimiento. Quintana Roo no sólo son hoteles y playas ya que aproximadamente 16% de la población aún habla alguna lengua maya.
Sus comunidades tienen antepasados, historia y tradiciones en común las cuales conservan con orgullo.

 Los pueblos que habitan hoy Yucatán, Chiapas, Guatemala, Campeche y Quintana Roo son en un gran porcentaje descendientes de aquella civilización que se tragó la historia. Sus idiomas, costumbres, ritos y creencias derivan de aquella cultura transformada por el tiempo.

 El auge de la cultura maya se dio durante el final del periodo Clásico en Mesoamérica, aproximadamente del 700 al 900 a.C. Se extendió en los territorios de Guatemala, Belice, El Salvador y Honduras, así como en algunas regiones de México, como Yucatán, Campeche, Chiapas, Quintana Roo y Tabasco. Sus ciudades más importantes fueron Chichén Itzá, Palenque, Tikal, Piedras Negras y Yaxchilán. Cuna de grandes matemáticos, biólogos y astrónomos, la civilización maya fue de las pocas en el mundo que utilizó el cero y una de las pocas en América en desarrollar una escritura silábica. Los tres códices mayas que sobrevivieron a la conquista son lo únicos, junto con un par de origen mixteco, que pertenecen a la época prehispánica en México.

 Actualmente, la cultura maya renace a través del arte, tomando una gran relevancia en la literatura, como lo muestra Jorge Miguel Cocom Pech, cuyas obras han sido traducidas a más de diez idiomas y galardonado con el Premio de Literaturas Indígenas de América (2016). Pero también, este pueblo es gran ejemplo de organización social, tal como lo mostró Carlos Lenkersdorf en Filosofía en clave tojolabal.