Al parecer, The OA es una serie que se convierte en una experiencia sensorial sin precedentes o más bien se transforma en un desvarío místico insoportable. Así de sencillo.

La pareja creativa detrás de esta nueva miniserie de Netflix ya había probado su talento en dos ocasiones. Brit Marling y Zal Batmanglij han hecho dos películas juntos; Sound of my voice (2011) y The east (2011). En ambas supieron explorar de forma bastante efectiva -tomando en cuenta su bajo presupuesto- los recovecos de la consciencia, el miedo a lo desconocido, la importancia de la fe y la esencia del misticismo. Pero esas dos películas tenían algo en común: su argumento y la narrativa eran muy convencionales. Pareciera que se tomaron muy en serio eso de “haz mucho con poco”. Con The OA sucede todo lo contrario. Se despojaron de su sencillez narrativa y de la originalidad de su argumento para adentrarse en un terreno completamente desconocido y muy arriesgado.

El aura mística que The OA desprende se vuelve, desafortunadamente, su arma más poderosa. La historia de la misteriosa desaparición -y posterior recuperación milagrosa- de una joven durante siete años queda en un segundo plano para mostrar unos atisbos sobre la neurociencia y una reflexión enrevesada sobre el más allá. Al tercer capítulo uno se da cuenta de que esta era una buena historia para ser contada en una película de dos horas, no en una miniserie de ocho capítulos con cincuenta minutos de duración cada uno.

The OA representa simplemente una plataforma en la que Batmanglij y Marling vertieron todas sus obsesiones narrativas y temáticas. No es raro que, desde su aparición, esta miniserie haya polarizado al público. O la amas o la odias. O se convierte en una experiencia sensorial sin precedentes o más bien se transforma en un desvarío místico insoportable. Así de sencillo. Y no es la única serie de Netflix que sufre el mismo síndrome, ahí está Sense8. Quizás, en ambos casos, sus intenciones visionarias hayan empujado a ambas series a un limbo más allá del entendimiento ordinario del gran público.

Sólo el tiempo dirá si es una muestra de sensibilización artística o una tomada de pelo.