El director del Consultorio Ético y maestro de la FNPI, Javier Darío Restrepo, le concedió una entrevista a María Lourdes Sandoval, periodista del portal venezolano Últimas Noticias respecto a cómo la convergencia de Internet está afectando al periodismo tradicional.

En la entrevista, reproducida también por el portal Diseño de la Información, Restrepo afirma que no hace falta una ética para el periodismo digital, aunque sí aboga por mayor rigor en el manejo de las fuentes por parte de los periodistas que trabajan para portales de Internet. Reproducimos aquí la entrevista completa.

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Hoy en día, cerca de 2.300 millones de personas son usuarios de Internet, cerca de 30% de los seres humanos se informa, compra y se entretiene a través de la Web. En América Latina se habla de 236 millones de usuarios. Este panorama obliga a quienes hacen periodismo digital a realizar una revisión de qué se está informando y cómo.

De este autoexamen nos habla el maestro del periodismo Javier Darío Restrepo, quien advierte que en Internet se dan todos los dilemas éticos existentes al comunicar.

Hace unos 7 años, los medios digitales decían frente al debate ético: “por ahora, es un poco de hacer y rezar”, el tiempo pasó y aún lo dicen. ¿Se requiere de una ética digital?

En realidad no se trata de construir una ética digital. ¿Hay una ética de la radio? ¿O de la televisión? ¿O de los periódicos? No es una nueva ética, son nuevas aplicaciones de la ética las que se hacen en la era del Internet; no es cuestión de adecuaciones con lo que esta palabra alude a oportunismos utilitarios; son respuestas de la ética a circunstancias nuevas.

Esas respuestas se dan a partir de los principios de siempre. Y con Internet pasa que aún estamos en la época del deslumbramiento. Cuando llegue la de la reflexión se verán con claridad los problemas y se buscarán las respuestas.

Cuando se le  pregunta a los periodistas digitales cómo es su día a día, dicen que es como vivir “en la cuerda floja entre lo rápido y lo correcto”.

El tiempo se convierte en un problema ético cuando prefieres lo rápido a lo correcto, la publicación inmediata a la lentitud de las confirmaciones. Esto tiene que ver con el manejo de las fuentes, una de las debilidades de Internet.

El periodista profesional cuando incorpora a su arsenal las facilidades de Internet, siente de inmediato el impacto de la falta de fuentes en los materiales que encuentra en las redes sociales. Por ejemplo, allí casi todo se afirma sin más respaldo que la real o presunta autoridad moral del titular de la cuenta.

El reto para el periodista está -según el experto- en practicar las mismas normas de siempre con toda la información que se recibe de Internet, las cuales imponen un examen de las fuentes que deben ser plurales, diversas, idóneas e independientes. Internet no suprime esas normas, las intensifica al multiplicar los materiales y las fuentes.

La multimedialidad y la interactividad permiten, hoy en día, mezclar publicidad con información, empaquetado en forma de “nuevas experiencias”…

Una nueva experiencia puede ser tener entre las manos el timón de un auto último modelo. Eso hace parte del lenguaje mitad verdad, mitad mentira de la publicidad, en donde la hipérbole arrasa con la lógica y la honestidad. El mensaje real es que así como tus lectores confían en tu información, que también lleguen a creer en la mía. Ese fue el esquema de la relación de la publicidad con los medios tradicionales, y se repite en Internet. Y así como se llega a la impertinencia con la publicidad impresa, también lo es para el usuario el pegajoso anuncio que se sobrepone al texto que necesitas leer, y la verdad es que mi pantalla no tiene por qué ser la casa franca para los anunciantes, y que el periodista no puede considerar al publicista como un socio.

Una imagen hoy no dice más que mil palabras, el software de edición aporta un abanico de posibilidades para transformar un documento, impensable hace unos 20 años…
Parecida al software de edición es la presión que ejercen sobre el periodista los poderes empeñados en imponer su verdad, de modo que lo blanco será negro y lo pequeño grande. Y la tecnología permite alterar fotografías o hacer ver como no son las encuestas; es decir, alterar o suprimir la verdad. Directores o gerentes de medios, cualquiera sea la tecnología utilizada, están obligados a rechazar las pretensiones del anunciante que exige por su dinero algo más que el espacio para su logotipo o mensaje.
Si la información es un bien social y no una mercancía, tanto los empresarios como los gobiernos han de saber que el de la información es un espacio sagrado e inviolable.
Es difícil en un ambiente tan abierto como la Web distinguir entre información y opinión.
A medida que el lector aprende a hacer una lectura crítica de los medios, esa línea de separación se ha sentido menos necesaria. Es un error que no puede convertirse en regla, puesto que constituye una deformación de los hechos cuando se los presenta ligados a la opinión de quien los relata, y encierra una voluntad de engaño presentar como hechos lo que es sólo una opinión.

Fuente: eticasegura