Por Elena Goicoechea

Hoy amanecimos con un frío como para churros con chocolate…, ¡pero no me quedaron ganas luego de que ayer en la noche coincidí en el elevador con una vecina temible: la Sra. Mamila (los nombres reales fueron cambiados por la misma razón que los cambian en las películas de Hollywood).

La mujer, cuya figura bajita y rechoncha ya no se cuece ni al tercer hervor, mal pronuncia el español como recién llegada del Medio Oriente. Su fuerte no es la prudencia ni el tacto, aunque tengo entendido que es buena para el ‘business’ y funge como la matriarca de su clan.

Cuando se abrió la puerta del elevador dudé durante tres fracciones de segundo si introducirme o fingir que esperaba a alguien y dejarlo ir con tal de evitarme su acostumbrado escaneo…, pero me ganó mi terca fe en la humanidad y di un paso al frente.

No acababa de cerrarse la puerta cuando, sin mediar saludo, me disparó a quemarropa con su característico tono nasal:
-Has engordado.

Luego de tres segundos de estufacción…, yo, casual, respondí con un dejo de fingida culpabilidad:
-La Navidad, jeje…
-Pero si la Navidad es un día…- ¡alegó la tía!, con el evidente propósito de poner a prueba mi autoestima y no de enseñarle peras al olmo.

¡Ésta no deja títere con cabeza!, pensé. Hice acopio de temple y me levanté de la lona para responderle al tiempo que miraba con aire indiferente mis mensajes en el celular:
-Mmmm, es más de un mes… es algo así como su mes de fiestas judías, pero sin ayuno…

Justo entonces se abrió la puerta en mi piso y, como conejo encañonado, huí a mi madriguera.

A la hora de la cena me cerró el ojo un croissant. No obstante, cuando intenté tomarlo con la mano se me apareció la cara de la Mamila y lo solté cual si me hubiera dado un toque eléctrico.

¡Se dan cuenta de qué excelente oportunidad de negocio! Le tomo una foto a la tía, patento su imagen y la comercializo como la nueva panacea para bajar de peso. Si persisten las apariciones voy a bajar tanto de peso que podré lanzar una campaña publicitaria con mis fotos de «antes y después».

Solo espero que no me cobre regalías la Mamila, con eso de que se le da tan bien el ‘business’…

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