La victoria de Donald Trump conmocionó al mundo, pero México está particularmente preocupado luego de que prometiera deportaciones masivas, nuevas tarifas comerciales y la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

El Gobierno de México da prioridad a la diplomacia y parece apostar a que Trump ajustará sus políticas y su comportamiento una vez que ocupe la oficina oval.

Lo cierto es que el resultado de las elecciones ya ha tenido un costo para México, pues acto seguido, el peso se devaluó más de un 13% (la caída más pronunciada desde la crisis económica de 1994). Ya se anunció que el presupuesto para el próximo año será 2% menor que el de 2016, lo que anticipa que México no va a pagar el muro que Trump prometió construir. Aun así, México, que destina el 80% de sus exportaciones al mercado norteamericano, está preparándose para el impacto que tendría una posible renegociación del TLCAN. Sin embargo, dicho tratado no es una vía de un solo sentido.

Aproximadamente el 90% de las 500 compañías más importantes de los Estados Unidos posee inversiones importantes en nuestro país; y las exportaciones mexicanas están compuestas en un 35% de componentes de origen norteamericano. Eso, sumado al hecho de que también Canadá tendría que participar en la discusión sobre cualquier cambio al acuerdo trilateral, significa que revisar el TLCAN puede ser algo intrincado para Trump.

Aun si intenta renegociar el TLCAN, la economía de México es relativamente sana (gracias, en gran medida, al trato preferencial en el mercado norteamericano). Las reservas federales ascienden a más de 175 mil millones de dólares, amén de los 90 mil millones disponibles en una línea de crédito flexible con el Fondo Monetario Internacional; y el país presume de una economía sólida, con un sector turístico en auge y un sector manufacturero diverso.

El futuro del TLCAN

A pesar de que Trump tendrá el poder para decidir unilateralmente la salida de Estados Unidos del bloque comercial que hoy mantiene con México y Canadá, la oposición del Congreso y los desafíos legales de las empresas privadas podrían desmotivar tal decisión.

Aparte de las batallas políticas y legales que sin duda sobrevendrían, retirarse del acuerdo sería doloroso para su propia economía, ya que interrumpiría la continuidad de los negocios que mantienen las empresas alrededor del mundo, incluyendo las norteamericanas.

Aun así, Trump tiene algunas opciones con respecto al TLCAN. En vez de retirarse repentinamente del acuerdo, podría intentar renegociar ciertos aspectos del mismo. También podría dejar el tema por la paz (aunque eso parece poco probable dado el énfasis que le dio durante su campaña). Independientemente del camino que tome, el nuevo presidente no estará actuando en el vacío. Su decisión va a depender de la cooperación que obtenga del Congreso y de sus contrapartes en el tratado: México y Canadá.

Los alcances de Trump

El presidente electo hizo del TLCAN un punto central de su campaña, jurando en varias ocasiones que decidiría renegociar o salirse basado sólo en la conveniencia de los Estados Unidos. A pesar de las repercusiones que ello implicaría, no hay que desestimar su amenaza. Siendo presidente, Trump gozará de un poder de alto alcance sobre la política exterior de Estados Unidos. Además, los términos del TLCAN permiten que cualquier país se retire unilateralmente del tratado. No obstante, es más fácil hablar de retirarse que hacerlo. Las economías de México y Estados Unidos se han integrado a tal grado que el costo de abandonar el TLCAN elevaría los precios para los consumidores de ambos países y reduciría el comercio transfronterizo.

Retirarse tendría efectos directos en estados como Texas y Arizona, que realizan una cantidad considerable de negocios con México, y, por extensión, afectaría a sus representantes en el Congreso (la mayoría de los cuales son miembros del Partido Republicano al que pertenece Trump). El nivel de ruptura que un retiro unilateral causaría en esos estados desalentará probablemente a sus legisladores para apoyar tal iniciativa y, de igual manera, podría alienar su apoyo a futuras propuestas políticas del Ejecutivo. Este panorama es algo que Trump deberá tomar en cuenta al diseñar su política comercial con México.

 Una alternativa menos disruptiva

Trump está obligado a considerar a la base de electores que le dio el triunfo. Su victoria se debió en buena medida al apoyo de aquellos votantes que perdieron sus empleos en la industria manufacturera que sustentaba la prosperidad de estados como Ohio, Michigan, Wisconsin y Pensilvania. Si pretende mantener su voto en las elecciones presidenciales de 2020, va a tener que hacer realidad su promesa de revisar el TLCAN. Su administración podría optar por una renegociación parcial como una forma de apaciguar a sus seguidores, al tiempo que intenta minimizar las disrupciones comerciales y la resistencia del Congreso.

El nuevo presidente podría tratar de comprometer a México en una discusión dirigida a enmendar o reforzar las estipulaciones del TLCAN que dictan la cantidad de componentes procedentes de los países miembros que deben contener los productos que se comercializan dentro del tratado. Si las partes acuerdan elevar dichos requerimientos en ciertos productos de alto valor, como los automóviles, Estados Unidos, siendo el mayor productor, podría beneficiarse a largo plazo. Una renegociación en este punto sería menos disruptiva, evitando las repentinas consecuencias que un retiro del TLCAN ocasionaría a las empresas norteamericanas con operaciones en México.

Sin embargo, el que México o Canadá acepten dichos términos dependerá de hacia dónde proponga Estados Unidos dirigir las negociaciones. Canadá ya indicó que está abierto a discutir de nueva cuenta los términos del TLCAN; y durante la campaña de Trump, el Gobierno de México se mostró titubeante ante la posibilidad de retar a los Estados Unidos. No obstante, habrá límites a su cooperación.

Si México percibe el incremento del valor del contenido regional como una amenaza a su industria automotriz –actualmente, su mayor fuente de ingresos por exportación dentro del sector manufacturero–, sin duda objetarían los políticos mexicanos y las empresas de ambos lados.

Es probable que México, Estados Unidos y Canadá terminen trabajando unidos a lo largo del próximo año con el objetivo de acordar una estrategia que satisfaga a todos los miembros del TLCAN. La administración de Trump definirá su posición, mientras que México y Canadá harán lo propio. La opción más viable será encontrar un punto medio en la mesa de negociaciones.

El ‘efecto Trump’ en la política mexicana

El triunfo de Trump está afectando a México y podría modificar la dinámica de la política nacional, así como aumentar la incertidumbre de cara a las elecciones de 2018.

La percepción del aumento en la inseguridad y la corrupción ha dañado la imagen del PRI. Por su parte, el PAN y el PRD podrían aliarse para frustrar el posible ascenso al poder del líder del partido de Morena, Andrés Manuel López Obrador, un candidato populista de izquierda que para entonces llevará más de 12 años en campaña ‘de facto’. Con el oportunismo y astucia política que lo caracterizan, López Obrador intentará convertirse en el adalid de las clases media y baja contra Trump, en especial si éste promulga políticas contrarias a los intereses de nuestro país.

Junto con la caída de la economía, las decisiones de Trump sobre el TLCAN y otros temas espinosos, incluyendo la reforma migratoria y la seguridad de la frontera, podrían tener un profundo efecto en el devenir de la política mexicana. Dado que se aproximan las elecciones presidenciales del 2018, los candidatos de oposición, como López Obrador, podrían capitalizar el resentimiento público hacia las políticas de los Estados Unidos. Si las negociaciones del TLCAN o las medidas para endurecer la frontera coinciden con las campañas, los votantes podrían expresar su insatisfacción en las boletas electorales.


Fuente: “Negotiating NAFTA’s Future” ha sido
traducido y reproducido con permiso de Stratfor.

www.stratfor.com/analysis/negotiating-naftas-future